La UCR volvió a fracturarse en Buenos Aires, justo el día que terminó de formalizarse la nueva conducción, paradójicamente sostenida con una lista de unidad de todos sus sectores. El último en sumarse a esa estructura fue el espacio que terminó pegando un portazo el sábado pasado en la convención provincial que oficializó a las flamantes autoridades.
La corriente denominada Construir abandonó el Club Atenas de La Plata, donde se realizó el acto, tras cuestionar la legitimidad de la conducción, con el argumento de no ser parte de un partido “alejado de la voluntad de los afiliados”, según expresó el expresidente del comité de contingencia Miguel Fernández, en un comunicado posterior al evento.
La decisión se dio sobre la hora, aunque no fue una sorpresa para su dirigencia. El secretario de Gobierno de Trenque Lauquen, Martin Borrazás, tomó la palabra y dijo que no iban a formar parte ni a legitimar a la nueva conducción, con el argumento de que ese espacio quedó afuera de las decisiones. Acto seguido, convencionales, dirigentes y militantes de ese sector se retiraron del microestadio y arremetieron con cánticos desde afuera.
El detonante
El detonante de la salida del bloque Construir fue la conformación de la Junta Electoral interna, donde buscaban tener un representante. Ese órgano se compone de cinco integrantes, de los cuales tres forman parte de la alianza entre Adelante, liderado por Maximiliano Abad, con los sectores del exintendente de San Isidro Gustavo Posse y del exvicegobernador Daniel Salvador; los otros dos, de Futuro Radical.
Cuando en Construir se enteraron de que no tendrían ninguna silla, sus dirigentes sintieron que no eran tenidos en cuenta como una corriente interna, aun habiendo formado parte del resto de los repartos en la mesa de conducción, como el Comité y la Convención, entre otros.
Abad ubicó en la presidencia del partido a Emiliano Balbín y el otro sector puso el nombre de Pablo Nicoletti para liderar la Convención. Se trata de las dos líneas internas que protagonizaron la última elección, en 2024, que terminó en la Justicia. Tras la conducción de contingencia y el proceso de normalización, lograron un acuerdo para la renovación de autoridades.
Construir se mostró, a lo largo de todo el año, como la corriente díscola de ese acuerdo estructural. El abadismo le reprocha al sector liderado por Fernández, la diputada provincial Alejandra Lordén y el diputado Pablo Juliano la estrategia electoral de 2025, cuando en el frente Somos Buenos Aires el radicalismo apenas arañó los seis puntos.
Construir abandonó la Convención de la UCR en el Club Atenas de La Plata.
El camino a la unidad rota
A partir de ese momento todos los espacios trabajaron para llegar al 7 de junio con una sola lista y así renovar sus autoridades sin una guerra partidaria. El sector disidente -desde el sábado denominado Construir- fue el último en sumarse, con el mismo argumento que ahora esgrime: no se siente reconocido como una corriente interna. No obstante, firmó la unidad y todo se encaminaba a que lo mismo ocurriera en la conformación de la Convención. Pero pasaron cosas.
Sus dirigentes negociaron hasta último momento por la silla en la Junta Electoral y dijeron que si eso ocurría iban a permanecer en la unidad. Hablaron de un acuerdo de cúpulas alejado de la voluntad de los afiliados. Allí consideran que, si bien tienen la menor parte de la representación en el partido, hay un escenario de tercios que se respetó en la composición del resto de los órganos y que se desconoció en la lucha por la Junta Electoral.
Emiliano Balbín, Matías Civale, Josefina Mendoza y Daniel Salvador.
La respuesta de Adelante y Futuro Radical
Apenas terminado el acto del último sábado comenzaron los cruces y chicanas en las redes sociales entre los dirigentes. A esa postura de Construir, el abadista Diego Garciarena respondió varios posteos pidiendo discutir ideas en el ámbito correspondiente: “En lugar de quedarse y disculparse por la catástrofe electoral a la que llevaron al radicalismo en 2025, se van”, señaló.
Desde Futuro Radical dijeron que no se está pensando con quién confluir en 2027 y que el debate pasa por qué radicalismo construir. “O tenemos una UCR débil y atomizada, donde cada uno impulsa por separado una candidatura o un lugar, o construimos un partido unido, con debate interno, respeto por las mayorías y vocación de gobierno”, explicaron.