Se adelantó, incluso, al pronunciamiento del Departamento de Estado norteamericano, que no parece necesitar de ningún escrutinio definitivo para dar por hechos los acontecimientos, por más que esa instancia sea la que establece la ley. Así se dirime la política hemisférica en la era Trump: por la fuerza de los actos consumados.
Captura de pantalla 2026-06-21 a la(s) 9.43.24p.m.
Motivos no le faltaban a Milei para el entusiasmo. El tramo final de la campaña colombiana estuvo cruzada por el debate sobre su modelo en Argentina y su impacto sobre el consumo, los salarios, la pobreza y hasta la subsistencia de las empresas.
El activismo del presidente saliente, Gustavo Petro, en contrastar sus resultados de gestión con los del argentino, que todavía no puede cantar victoria en la estabilización a lo Pirro de la economía, fue una de las constantes de las últimas semanas.
Argentina, ¿el futuro de Colombia?
¿Qué debería esperar Colombia si el escrutinio oficial ratificara el provisional, más allá del regreso, en versión más radical pero políticamente menos consistente, de la derecha que tradicionalmente la ha gobernado?
Por lo pronto, el arribo a la Casa de Nariño de un outsider en toda la regla, quien registró un crecimiento explosivo en el tramo final de la campaña para la primera vuelta en detrimento de las derechas tradicionales, de impronta uribista.
Se valió, como en la Argentina de 2023, del hartazgo de un sector amplio de la población con la política, que compró la misma receta que Milei vendió entonces: mercado irrestricto, desregulación radical, eliminación de ministerios, recorte del 40% de la estructura del Estado y amplia desgravación impositiva.
720
Abelardo de la Espriella, el outsider de extrema derecha que gobernará Colombia si el recuento oficial de votos confirma el resultado que arrojó este domingo el escrutinio provisorio.
Lo que Milei estigmatizó como "la casta", para De la Espriella son los "verdugos del pueblo", que representa en la izquierda del presidente Petro.
Sus principales propuestas son el ajuste draconiano, plenas libertades para las empresas y la inversión, alineamiento con Estados Unidos, purga ideológica en el Estado, fin de toda negociación con los grupos que siguen alzados en armas –el más notorio es el Ejército de Liberación Nacional (ELN)–, mano dura contra el narco y –verdadero fetiche de las nuevas derechas– promoción de la inteligencia artificial y las criptomonedas en los procesos de gobierno.
A la estadounidense, defiende la libre portación de armas, siendo civil saluda a su gente con la venia militar y, a lo Nayib Bukele, promete construir diez megacárceles de máxima seguridad.
La era de la polarización
Lo visto trae la constatación, una vez más, de sociedades latinoamericanas no sólo severamente polarizadas, sino divididas casi por mitades exactas y, por lo tanto, poco aptas para grandes procesos de reforma tanto cultural como económica.
Cualquier programa demasiado audaz, de izquierda o de derecha, parece condenado a concitar considerables rechazos sociales, algo que le pone condiciones la gobernabilidad, tal como comprueba José Antonio Kast en Chile a poco de haber asumido.
En ese estado de cosas, el contexto internacional resulta relevante y no, como parece creer Trump, porque su palabra oriente votos en cualquier parte. Al contrario, esta parece galvanizar mejor a los sectores ciudadanos de los diversos países que, incluso con diferencias ideológicas grandes, sostienen un sentido de soberanía y dignidad nacionales.
Con todo, dado como está el mapa regional, más que en posteos melosos de respaldo a un postulante u otro, hay que prestarles atención a los recursos propagandísticos y económicos que fluyen cada vez más intensamente a través de influencers, medios de comunicación y fundaciones de diverso pelaje y contabilidad opaca. Allí está, para probarlo aunque casi nadie le preste la debida atención, el material auditivo del Hondurasgate.
Captura de pantalla 2026-06-21 a la(s) 9.35.16p.m.
El poder de difusión de esas usinas, a su vez, se amplifica o se acota en función del contexto mencionado, por más que algunas de ellas sean de funcionamiento permanente y en gran medida financiadas por privados. Sin embargo, no puede resultar indiferente lo que ocurra en el poder en los tres países más relevantes del hemisferio: Estados Unidos –la usina descollante–, México y Brasil.
¿Donald Trump vuelve al barrio?
El conflicto en el golfo Pérsico, irresponsablemente desatado por un Trump que pareció calcular la situación peor que aquellos persas a los que definió como "inteligentes", aunque dotados de "un genio primitivo", no deja de drenar su energía y de hipotecar su futuro en las midterms del 3 de noviembre y sigue sin poder concebir la profundidad de su impotencia.
Captura de pantalla 2026-06-21 a la(s) 8.49.10p.m.
"Irán debe impedir de inmediato que sus agentes a sueldo en el Líbano causen problemas. ¡Si no lo hacen, volveremos a golpear a Irán con mucha fuerza, como la semana pasada, pero todavía más!", posteó en su red social, Truth.
La respuesta de la contraparte fue dura: el jefe de su delegación de negociadores en la localidad alpina de Bürgenstock, Suiza, el supuestamente pragmático titular del Parlamento Mohamad Bagher Ghalibaf, lo invitó a "medir sus palabras", le recordó que las fuerzas armadas de su país "están listas para responder de cualquier manera" y amenazó con retirarse, poniendo al vice estadounidense, J. D. Vance –negociador jefe y presunto delfín del magnate–, en una posición delicada.
Trump y Vance multiplican los llamados –a esta altura, abiertamente hostiles– a Israel para que Benjamín Netanyahu deje de torpedear el Memorando de Entendimiento de Islamabad (MoU), pero, ante su indiferencia, por momentos cambian y amenazan a Irán para ver si tienen mejor suerte.
Esa historia está abierta de par en par. ¿Habrá negociación? ¿Volverán las hostilidades? ¿Una tensión renovada volvería a desquiciar los precios de las naftas y otros sensibles en Estados Unidos justo para perjudicar a Trump antes de las elecciones legislativas?
De la mano de lo anterior, ¿podría el republicano corregir el rumbo del que se desvió y, como proclamó en la "Doctrina Donroe" escrita en su Estrategia de Seguridad Nacional, retirar a Estados Unidos de los grandes conflictos globales para juntar fuerzas afianzando, incluso mediante la violencia, la hegemonía en el "patio trasero"?
Mientras busca salir del entuerto de Irán, no deja de mover sus fichas en la región. ¿Vuelve, algo apaleado, al barrio?
"¿Cuándo? ¿Pero cuándo? ¡Si siempre estoy llegando!", dijo Aníbal Troilo.
Brasil: próxima parada
Brasil, desde ya, será una prueba de fuego con sus decisivas elecciones presidenciales de octubre, en las que el estadounidense podría incidir a favor de la extrema derecha no sólo con las declaraciones hostiles de los últimos días, sino también –amenaza– con nuevos aranceles punitivos tras la condena por coacción al Poder Judicial contra el hijo menor de Jair Bolsonaro, Eduardo.
El exdiputado, prófugo del Supremo de su país y refugiado de hecho en Washington, también saludó el triunfo –provisional– de De la Espriella y se ilusionó con que Brasil siga la senda de Argentina, El Salvador, República Dominicana, Ecuador, Bolivia, Honduras, Chile, Costa Rica, Perú y Colombia. No es poco.
Para ilustrar su entusiasmo, posteó un mapa hecho con inteligencia artificial en el que no tuvo el conocimiento o la delicadeza de incluir las islas Malvinas como parte de la Argentina.
Captura de pantalla 2026-06-21 a la(s) 9.44.20p.m.
México, con la victoria de Claudia Sheinbaum en junio de 2024, fue una excepción notable en esa tendencia.
Luiz Inácio Lula da Silva, que ya conminó a Trump a sacar sus manos de Brasil, lidera hoy las encuestas por diez puntos porcentuales, pero esto es efecto, en buena medida, de un escándalo de presunta financiación ilegal que le pegó de lleno a su rival, Flávio Bolsonaro, hijo mayor del expresidente.
El problema es que ese caso, que gira en torno al dinero negro que repartió a diestra y siniestra –literalmente– el banquero preso por fraude Daniel Vorcaro, comienza a salpicar ahora a figuras históricas del Partido de los Trabajadores (PT) como el senador y exgobernador lulista de Bahia Jaques Wagner.
¿Volverá Brasil, hermano mayor de la región, a la tendencia electoral del fifty-fifty que predominó en Colombia y, antes, en Perú y otros países?
¿Irá hacia ese escenario, asimismo, la Argentina en la que se enfrentarán, todo lo indica, Milei y el peronista que emerja de la competencia –interna o, fractura mediante, en la elección general– entre Axel Kicillof y el nuevo delfín que nacerá de la consigna "Cristina 2027"?
El mensaje de Lula da Silva
Durante la última cumbre del Grupo de los Siete (G7), Lula da Silva fue pescado por un micrófono al parecer indiscreto en una conversación de pasillo con Kristalina Georgieva y el canciller alemán Friedrich Merz. "El mundo no es de izquierda", sino que transita por "el camino del medio", los endulzó. Asimismo, tras ser elogiado por la directora gerente del FMI por no haber gobernado como un izquierdista pese a lo que se creía de él allá por 2003, reforzó: "Yo nunca fui un izquierdista".
¿Hay que creerle? Ya alguna vez había dicho "nunca fui socialista", aunque ahora, en una campaña en la que su suerte se jugará conforme logre captar o no el Brasil "del medio", va por más. Como sea, las palabras vuelan y la realidad es la única verdad, como dijo Aristóteles: basta ver cómo gobernó para formarse una idea de qué clase de fenómeno ha encarnado.
Cuando el líder histórico de la izquierda brasileña –sí, de la izquierda– dice que "el mundo está en el camino del medio", probablemente se refiera a la parte que oscila, que una vez vota en un sentido y a la siguiente, en otro.
Sin embargo, ese "mundo" –una parte menor, seguramente, pero al fin y al cabo decisiva– no piensa en un vacío de sentido común. Al progresismo y a la izquierda todo les cuesta más.