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Fernet con rosca

Martín Llaryora y el negocio de la distancia con Javier Milei

Apoyado en encuestas que celebran el cordobesismo, el gobernador acelera el desmarque de la Casa Rosada. Razones detrás de la caída del pacto de reelecciones.

Martín Menem expresó en los pasillos del Congreso la sorpresa que le causó el juego opositor de Martín Llaryora en la Cámara de Diputados, tras comprobar que Juan Schiaretti, Carlos Gutiérrez, Carolina Basualdo, Ignacio García Aresca y Juan Brügge se sentaron en sus bancas para la revuelta contra el DNU 70/2023, la espina dorsal del plan de Javier Milei.

La jugada marcó un quiebre: el cordobesismo ya no esperará nada de nadie y activa el plan que siempre salió bien rumbo a las elecciones locales: el negocio de la distancia con la Casa Rosada y sus inquilinos de ocasión como "amenazas" al progreso de la provincia.

Para los adláteres del gobernador de Córdoba la explicación es tan simple que puede definirse con una sola palabra. Cordobesismo: dícese del movimiento político que coloca la defensa de los intereses de la provincia como variable excluyente de negociación.

“No nos importa un rábano los intereses de los K y de Milei”, completan la definición en buen criollo.

Un mensaje directo para La Libertad Avanza

El presidente de la cámara baja se mostró extrañado porque en el decreto de la discordia hay temas que importan a Llaryora, como la llegada de Starlink y los cambios aerocomerciales. En las entrevistas que Llaryora brindó esta semana durante sus 48 horas en la Ciudad de Buenos Aires explicó que por esos motivos el DNU no podía caer.

“Dar cuórum no es lo mismo que votar”, juegan al fleje en el Panal, como se conoce a la casa de gobierno cordobesa. En esas oficinas remarcan que cinco diputados de seis dieron cuórum para debatir los fondos para la discapacidad y la morosidad de las familias. La ausencia de Alejandra Torres -probablemente la diputada que ideológicamente está más cercana a las ideas liberales que peronistas- deja entre comillas esa explicación que todo el sistema leyó en la misma dirección que Menem.

Cinco de seis diputados cordobesistas dieron cuórum para intentar la caída del DNU 70 de Javier Milei

No es casual que el jefe de la bancada libertaria en la cámara baja y precandidato a gobernador de Córdoba, Gabriel Bornoroni, se aferrara a este último episodio como muestra de que no hay ningún pacto con Llaryora rumbo a 2027.

Es probablemente que ese pacto no exista porque se sabe que los Menem son los principales interesados en poner un pie en la política de Córdoba y porque Llaryora necesita construir un rival concreto rumbo a su reelección. Agitarle el coto de poder a los primos puede que no haya sido la intención primaria del sanfrancisqueño, pero sí parte de la estrategia reeleccionista que tiene más patas.

Plan pacto, abortado

En Buenos Aires, en los medios porteños y en el Congreso, Llaryora siguió con la segunda etapa del plan que empezó cuando no se subió al avión que llevó a varios de sus pares a París, junto a Diego Santilli y Toto Caputo. No debería sorprender: el gobernador elige marcar distancia en tiempos proselitistas. Lo hizo en 2025, lo hace ahora, a poco menos de seis meses de votar en esta provincia.

Cuando los asesores del cordobés dicen que sentarse en la banca no es lo mismo que votar en contra, no mienten. Los diputados sabían que la oposición no juntaría las voluntades para avanzar en la última convocatoria para sesionar.

La segmentación del mensaje está en marcha. Las críticas furibundas que agitó durante las extensas entrevistas que dio en streamings y señales con alcance nacional tiene que leerse en clave de campaña local.

Llaryora necesita despegarse de cualquier señal de acuerdismo -que no es lo mismo que no hacerlo- para definir el rival y la narrativa. Se presenta como un gobernador de centro, alejado del kirchnerismo y LLA, que son los extremos; que cuenta con el apoyo de la gente y un modelo probado de gestión y que, como si fuera poco, tiene presidenciable. En Buenos Aires, puso a rodar en la liga nacional, otra vez, el nombre de Schiaretti.

Al frente está el odio, un modelo que no construyó ni un bicicletero, que dejó a la economía con la paz de los cementerios, que no atiende a los más vulnerables y no se preocupa en la educación del pueblo. Todas estas expresiones corresponden al gobernador.

Apeló a una estrategia mediática que dio rendimientos a opositores como Luis Juez y Rodrigo de Loredo, habitués de los medios porteños, para llegar a ese cordobés que mira tele.

El respaldo de las encuestas en Córdoba

Los propaladores del cordobesismo asientan esta estrategia de desmarque abierta en las encuestas. Letra P pudo acceder de manera exclusiva para esta columna al informe que la consultora Aresco le envía al gobernador mensualmente.

El último informe de septiembre muestra, precisamente, a Schiaretti en el tope del podio de imagen en Córdoba con un 56,4% de imagen positiva, 19,4% regular y 22,7% negativa. Llaryora se ubica en el segundo renglón con 54,1% de positiva, 20,8% regular y 23,6% negativo. Milei cierre el podio con 46,1% en verde, 17,2% en amarillo y 23,6% en rojo. Los cordobesistas le sacan más de 20 puntos de ventaja en el diferencial al Presidente.

En el pelotón opositor Juez es el que mejor mide: 35,2% positiva, 29,1% regular y 31,2% negativa. Sigue De Loredo con 28,8% positivo, 21,4% regular y 31,2% negativo.

Martín Llaryora y Juan Schiaretti son los dirigentes con mejor valorados por los cordobeses

Abajo asoman Natalia de la Sota con 18,8% de imagen positiva, 21,4% regular y 28,4% negativa y Bornoroni con 18,3% positivo, 12,6% regular y 11,7% negativo. El 40,3% no sabe. De Los opositores, el empresario estacionero es el único que termina la cuenta con un +6,6% a favor.

También están medidos Axel Kicillof (-42,3%) y Sergio Massa (-49,4%). Los promedios entre la positiva y la negativa son lapidarios.

¿Por qué mostrarse como más opositor que antes cuando no hay números cerrados? Llaryora sigue la curva evolutiva. Su imagen es estable y levemente ascendente con el correr de los meses. La de Milei, también es igualmente constante en el descenso.

La oposición polarizada en su cúpula

Otra vez debe introducirse en el análisis la variable de la fecha de votación y la configuración del tablero opositor. La semana que pasó las señales no hacen más que alimentar la hipótesis de la atomización de los rivales del cordobesismo y de un abril electoral.

Bornoroni volvió a recorrer el departamento San Justo, el kilómetro cero del llaryorismo. Reunió a toda la oposición: juecistas, radicales, amarillos. Cocina a fuego lento la candidatura municipal del concejal Marco Puricelli. El radical estuvo cerca de ganarle al peronista Damián Bernarte.

Una encuesta de Radar Público, la proveedora oficial de Bornoroni, simuló dos escenarios en el pago chico de Llaryora: en el de la unidad opositora, Puricelli ganaría San Francisco con el 37,9%. Con LLA y la UCR separadas el intendente Bernarte lograría su reelección con 28,5% contra 24,9% de Puricelli.

Esta es la idea de trabajo que intentará exportar Bornoroni para darle sustento territorial a su candidatura. Es un ejemplo más de que las ideas de construcción de la oposición hoy asoman mas contrapuestas que confluyentes. El estacionero cree que la UCR no es De Loredo y apostará al pragmatismo de sus intendentes. Además, confía en la relación con Juez, más allá de que el senador no hace más que instalar que quiere encabezar una boleta.

Ese escenario de convulsión opositora, una gestión provincial aprobada por la sociedad cordobesa y dirigentes alta imagen pública son los elementos que hacen previsible una historia que cuenta sucesivos triunfos del peronismo.

En estas circunstancias, quedan expuestas las razones por las que Llaryora sostiene que ya no necesita el pacto con Milei.

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