Javier Milei celebra los resultados de las PASO 2023. FOTO: Victoria Gesualdi.
UNA ARGENTINA DE MILEI

Javier Milei, ciego, fuerte y frágil como Sansón

Como dice el papa Francisco, de las crisis se sale volviendo a las raíces, se sale con otros y se sale por arriba, creando algo nuevo.

Hay un relato bíblico que cuenta la historia de Sansón, un hijo de campesinos que recibió una fuerza extraordinaria al nacer, con el propósito de liberar a los israelitas de la dominación de los filisteos. Cuando llegó el momento indicado, Sansón se acercó al edificio donde estaba reunida toda la clase política del país de los filisteos, reposó sus manos sobre las dos columnas centrales y, al derribarlas, ese edificio aplastó a más de 3.000 dirigentes, líderes políticos, religiosos, militares, cortesanos, entre otrs.

Muchos habitantes de Argentina esperan que Javier Milei sea ese sujeto que viene a ayudarlos a sacarse de encima a la “casta”, esa clase política que vive encastillada en sus privilegios mientras el resto de la sociedad sostiene en sus espaldas un sistema político que ya no se aguanta. Un sistema que genera angustia.

Volvamos a la realidad. Más allá de cualquiera de los candidatos que gane las próximas elecciones, lo que debemos admitir es que el sistema político, económico y social de la Argentina está en crisis. Volvamos a la realidad. Más allá de cualquiera de los candidatos que gane las próximas elecciones, lo que debemos admitir es que el sistema político, económico y social de la Argentina está en crisis.

La angustia -palabra con raíces en el latín- hace referencia a lo angosto. Y es verdad que este sistema político es demasiado “angosto”, que genera angustia en millones de argentinos:

Cabe aclarar que Sansón estaba ciego al momento de derrumbar el edificio de los filisteos. Esta imagen también ilumina el presente. Muchos argentinos que votarán a Milei se conforman con que el libertario utilice su fuerza ciega para derrumbar el castillo de privilegios de una clase política que genera angustia hace años. No importa si, en su lugar, no hay nada para edifciar. De la crisis se sale por arriba.

Volvamos a la realidad. Más allá de cualquiera de los candidatos que gane las próximas elecciones, lo que debemos admitir es que el sistema político, económico y social de la Argentina está en crisis.

Y, como dice el papa Francisco, de las crisis se sale volviendo a las raíces, se sale con otros y se sale por arriba, creando algo nuevo.

Más de cuarenta años de democracia ininterrumpida sin resolver problemas estructurales de la patria nos persuaden que debemos definir nuevas maneras de consensuar un proyecto de país con la participación de todos los sectores. Más de cuarenta años de democracia ininterrumpida sin resolver problemas estructurales de la patria nos persuaden que debemos definir nuevas maneras de consensuar un proyecto de país con la participación de todos los sectores.

Siguiendo este camino, hay tres puntos a proponer para salir esperanzados:

Volver a las raíces. Cuando en las jornadas de mayo de 1810, dijimos que la soberanía residía en el pueblo y por lo tanto debía volver al pueblo porque el rey estaba preso, pusimos un sello de identidad sobre nuestra acta de nacimiento: el protagonista de nuestra historia es y deberá ser el pueblo. Hoy que nuevas nubes eclipsan ese sol de mayo –el de una clase dirigente que en su conjunto no ha sabido, no ha querido o no ha podido resolver los problemas de fondo- es tiempo de despertar la conciencia ciudadana y reconocer que el futuro de la Argentina está en sus manos. Un camino que deberá ser de abajo hacia arriba, de la periferia al centro.

Citar a todos, dialogar con todos. Ser ciudadano (del latín citatorium) significa estar citado al bien común, convocado para asociarse dentro de un orden armónico. Para participar de esa comunidad, cada uno tiene algo para aportar, un talento, un oficio, una tarea, un darse, un donarse al resto. No podemos soñar con un modelo de país prescindiendo de algunos actores para luego obligarlos a entrar en él. Hay que citar a todos. De lo contrario, seguiremos por la vía zigzagueante cambiando de rumbo cada cuatro años sin llegar a ningún destino.

Salir por arriba, creando nuevas instituciones. Ese dialogo con todos los sectores exige crear nuevas instituciones para que cada idea útil sea aprovechada. Un recinto donde tengan asientos todos los sectores representativos del país y que nos permita encauzar el fervor patriótico en la lucha por las ideas. De ahí, surgirán los acuerdos mínimos que nos permitan sostener un proyecto a largo plazo.

Más de cuarenta años de democracia ininterrumpida sin resolver problemas estructurales de la patria nos persuaden que debemos definir nuevas maneras de consensuar un proyecto de país con la participación de todos los sectores. Un proceso que permita cristalizar acuerdos y ayude a definir un nuevo “pacto económico, social y político”, que nos marque líneas de orientación para los próximos 20, 50 o 100 años. Un proyecto así excede a un solo periodo de gobierno o gestión.

Levantar las ruinas en las que se encuentran muchos sectores de nuestro país supone mucho más que una fuerza ciega capaz de detonar el edificio que reúne a los representantes de un país. Exige convocar la participación responsable, comprometida y valiente de cada ciudadano.

Lejos del “que se vayan todos de 2001, la consigna de la hora es “participemos todos”.

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