El papa Francisco podría llegar a la Argentina en el 2024. 
UNA DÉCADA EN EL VATICANO

Francisco es el papa de todos

El secretario de Culto, Guillermo Oliveri, destaca la "diplomacia fraterna" del pontífice para integrar al mundo.

Diez años de un pontificado que comenzó con palabras sencillas y poderosas: “Hermanos y hermanas, buenas tardes”. Todos recordamos en qué lugar, haciendo qué y junto a quiénes estábamos aquel 13 de marzo de 2013, cuando a la par del mundo entero recibimos desde la Plaza San Pedro el anuncio de la elección del primer papa argentino y latinoamericano de la historia. Tampoco requiere mucho esfuerzo rememorar cuando dijo, con el sentido del humor que lo caracteriza, que “sus hermanos cardenales lo habían ido a buscar casi al fin del mundo” y cómo de inmediato cada uno de nosotros bosquejó en su mente el mapa de la Argentina. Nos sentimos hermanados a él a través del orgullo de ver a un compatriota como obispo de Roma, algunos sin poder salir del genuino asombro.

De aquel primer saludo desde el balcón central de la Basílica Vaticana, me permito recordar un fragmento adicional de quien hasta entonces había sido el cardenal Jorge Bergoglio, arzobispo de Buenos Aires. Me refiero a las palabras con las que definió ese nuevo comienzo: “Un camino de fraternidad, de amor y de confianza”. Lo dijo el propio papa: “El desafío de nuestro siglo es la fraternidad”. Ni más ni menos que una invitación a todas las personas de buena voluntad, tanto cristianos como no cristianos, tanto creyentes como no creyentes, a caminar juntos en la realización de este proyecto.

Francisco es el Papa que denuncia abierta y permanentemente los grandes males del neocolonialismo, la concentración económica y la globalización capitalista. Todos sabemos que el problema de la pobreza está en la mente del Papa Francisco desde el momento en el que el cardenal Bergoglio se inspiró en el santo de Asís al elegir su nombre. Es el papa que quiere “llevar la periferia al centro”. Ese es Francisco, es él caminando solo en la explanada de la Plaza San Pedro, pidiendo por el fin de la pandemia y advirtiéndonos que “nadie se salva solo”. En Fratelli tutti la invitación a poner manos a la obra es constante: “Reconocer a cada ser humano como un hermano o una hermana y buscar una amistad social que integre a todos no son meras utopías. Exigen la decisión y la capacidad para encontrar los caminos eficaces que las hagan realmente posibles”.

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Al llegar a Irak en marzo de 2021, el papa Francisco se presentó como “peregrino de la paz y la fraternidad entre los pueblos”. A su vez, reprodujo el mismo espíritu en su reciente y también histórico viaje a África, en el que exclamó una vez más: "El mundo entero está en guerra, en autodestrucción, ¡paremos a tiempo!".

Francisco no se cansa de pedir que se acabe el espiral de muerte en Israel y Palestina ni tampoco de expresar su dolor por las tristes noticias que le llegan constantemente de Siria, Yemen, Myanmar, el Cáucaso Meridional y tantos lugares del mundo.

Desde la invasión rusa del 24 de febrero de 2022 hasta el presente, no ha existido ni una audiencia general ni un Ángelus dominical en el que el papa Francisco no haya hecho un llamamiento por el fin de la guerra en Ucrania, lo que al mismo tiempo da testimonio de su compromiso y convicción personal con la mediación como instrumento de resolución de los conflictos bélicos.

Tampoco se cansa de insistir en la urgencia del desarme nuclear. Por todo lo anterior, también es el papa de la paz, que conceptualiza nuestro presente como una “tercera guerra mundial” en la que los conflictos “parecen afectar directamente sólo a algunas áreas del planeta, pero que implican sustancialmente a todos”.

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Para construir esta tan anhelada paz, el papa Francisco sabe que los caminos son la diplomacia y el diálogo interreligioso. A la primera la definió como “un ejercicio de humildad porque requiere sacrificar un poco de amor propio para entrar en relación con el otro, para comprender sus razones y puntos de vista, contraponiéndose así al orgullo y a la soberbia humana, causa de toda voluntad beligerante”. Él mismo, como Jefe de Estado y líder carismático mundial, la ha ejercido a su modo y a través de las particularidades propias de la Santa Sede.

De esta diplomacia fraterna dan cuenta sus cuarenta viajes apostólicos. Cómo olvidar su viaje a Tierra Santa en 2014 con una comitiva pontificia interreligiosa para animar el proceso de paz en Medio Oriente y el momento de la celebración ecuménica en el Santo Sepulcro junto al Patriarca de Constantinopla, Bartolomé I; en 2015 se produce su viaje a Cuba y Estados Unidos con un claro mensaje de reconciliación, acercamiento y superación, marco en el cual tiene lugar su memorable intervención en la 70ª Sesión de la Asamblea General de Naciones Unidas en la que habló de la dramática cultura del descarte: “La exclusión económica y social es una negación total de la fraternidad humana y un gravísimo atentado a los derechos humanos y al ambiente”.

"Francisco es el papa de la fraternidad, cuyo sueño es contribuir a integrarnos humanamente a todos. Claro está: Francisco es el papa de todos"

Por otro lado, en lo que respecta al diálogo interreligioso, como afirma el papa Francisco, es un verdadero instrumento de paz que nos permitirá "construir juntos un mundo habitable para todos”. Es por todo lo hasta ahora enunciado que creo categóricamente que es como si Francisco, antes de cada reflexión, dijera que en primer lugar, como condición y como garantía, está la fraternidad. Francisco es el papa de la fraternidad, cuyo sueño es contribuir a integrarnos humanamente a todos. Claro está: Francisco es el papa de todos.

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