TRIBUNA LETRA P | EL PAPA EN ARGENTINA

La llegada de León XIV: somos todos argentinos

La visita del pontífice nos recuerda el legado de Jorge Bergoglio y nos regala una oportunidad para reencontrarnos y reflexionar sobre el momento del país.

La llegada del papa León XIV a nuestro país es mucho más que una visita histórica. Después de casi cuatro décadas, la Argentina vuelve a recibir a un papa. Y creo que este encuentro llega en un momento en el que los argentinos necesitamos algo fundamental: volver a escucharnos, dejar de lado tantas peleas y empezar a pensar en el país que queremos construir.

Para entender lo que significa esta visita, también tenemos que recordar lo que representó Francisco para todos nosotros.

Jorge Bergoglio fue el primer papa argentino y latinoamericano de la historia. Un hombre que salió de Buenos Aires y llegó al lugar de mayor trascendencia mundial, pero que nunca se olvidó de sus raíces: de nuestra cultura, de nuestros barrios, de nuestras costumbres y, sobre todo, de nuestra gente.

El papa Francisco, orgullo argentino

Francisco fue motivo de orgullo para millones de argentinos. Nos representó ante el mundo y nos dejó enseñanzas que trascienden cualquier religión o identificación política.

Una de ellas fue su insistencia en la cultura del encuentro. Esa idea tan sencilla, pero que a los argentinos nos cuesta tanto llevar a la práctica: entender que podemos pensar distinto sin convertirnos en enemigos.

Francisco no llegó a regresar a la Argentina como papa. Y por eso creo que la llegada de León XIV tiene también un significado especial. Es una oportunidad para reencontrarnos con parte de ese legado y, especialmente, para reflexionar sobre el momento que atraviesa nuestro país.

Porque si algo nos ha demostrado nuestra historia es que la Argentina no va a salir adelante mientras sigamos atrapados en una pelea permanente entre argentinos.

La grieta interminable

Llevamos demasiados años discutiendo quién tiene la culpa de nuestros problemas. Demasiados años de divisiones, enfrentamientos y una política que muchas veces parecen preocuparse más por derrotar al adversario que por encontrar soluciones.

Y mientras tanto, la vida sigue. Hay familias que hacen enormes esfuerzos para llegar a fin de mes, emprendedores que quieren crecer, trabajadores que buscan mejores oportunidades y jóvenes que sienten que su futuro puede estar en otro país.

Eso debería preocuparnos a todos, pensemos como pensemos.

Por supuesto que en democracia tiene que haber diferencias. Las ideas importan, los debates son necesarios y cada espacio político tiene derecho y debe defender sus convicciones. No se trata de que todos pensemos igual ni de renunciar a aquello en lo que creemos. Pero hay una diferencia enorme entre discutir ideas y vivir enfrentados.

Argentina necesita un gran acuerdo

La Argentina necesita un gran acuerdo de unión nacional. Un acuerdo que nos permita establecer prioridades compartidas y sostenerlas en el tiempo, gobierne quien gobierne.

Necesitamos ponernos de acuerdo en que la educación es una prioridad, en que el trabajo y la inversión son indispensables para crecer, en que ordenar la macroeconomía importa, en que debemos respetar las instituciones y las reglas de juego, y en que ningún argentino debería sentir que progresar solo es posible si se va del país. No hace falta estar de acuerdo en todo para coincidir en lo esencial.

Y esto nos exige una responsabilidad especial a quienes tenemos funciones públicas. Tenemos que ser capaces de dialogar, reconocer cuando el otro tiene razón y entender que ningún partido político, por sí solo, tiene todas las respuestas.

La unidad nacional tampoco puede ser solamente una foto de dirigentes juntos o una declaración de buenas intenciones. Tiene que traducirse en decisiones concretas, en acuerdos que sobrevivan a una elección y en políticas que permitan que los argentinos puedan proyectar su vida con tranquilidad.

Porque un país no se construye en cuatro años. Se construye pensando en las próximas generaciones.

El futuro de nuestros hijos

Como padre, hay algo que me importa especialmente: quiero que nuestros hijos puedan elegir quedarse en la Argentina. Que puedan estudiar, trabajar, emprender, formar una familia y cumplir sus sueños acá. Que sean felices, que viajar al exterior sea una elección y no una necesidad para encontrar oportunidades. Tenemos un país extraordinario. Con recursos, talento, capacidad de trabajo y una sociedad que, incluso en los momentos más difíciles, sigue esforzándose por salir adelante.

Lo que nos falta no es potencial. Nos falta, entre otras cosas, la capacidad de construir un rumbo compartido y sostenerlo más allá de nuestras diferencias.

Por eso espero que la visita de León XIV sea mucho más que un acontecimiento religioso. Ojalá sea una oportunidad para recuperar algo del espíritu de encuentro que Francisco nos invitó tantas veces a practicar.

No podemos esperar que la visita de un papa resuelva nuestros problemas. Esa responsabilidad es nuestra. De la política, de las instituciones y de cada uno de nosotros. Pero sí podemos aprovechar este momento para hacernos una pregunta que deberíamos tener siempre presente: ¿qué país queremos dejarles a nuestros hijos?

Yo quiero una Argentina que crezca, que sea próspera, donde florezcan oportunidades y se premie el esfuerzo y, fundamentalmente, que les devuelva a las nuevas generaciones la confianza en su futuro. Estoy convencido de que eso solo será posible si entendemos, de una vez por todas, que podemos pensar distinto y aun así construir juntos.

Porque el verdadero desafío no es que todos estemos del mismo lado de una discusión. Es que volvamos a estar del mismo lado cuando se trata del futuro de la Argentina.

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