11|10|2021

Plan de Contenidos Argentinos: necesidad y urgencia

El Gobierno se hizo eco de la profunda crisis de la industria audiovisual con anuncios de mediano plazo que despiertan expectativas y dudas por igual.

El informe “Impacto del Covid-19 en las industrias culturales” elaborado por el Sistema de Información Cultural de la Argentina (SInCa), muestra que la cultura fue el tercer sector económico más afectado durante 2020, con una caída promedio interanual de 27%, detrás de Hotelería y Restaurantes (-73%) y la Construcción (-52%). Los cambios en la domesticidad y la mayor disponibilidad de tiempo para el consumo de bienes culturales en los hogares no redundaron en beneficio para la industria audiovisual local, que, pese a la mayor demanda de contenidos, no pudo ofertar novedades, especialmente en materia de ficciones.

 

Según el Observatorio Iberoamericano de la Ficción Televisiva (Obitel), los canales de aire de Buenos Aires estrenaron apenas cinco títulos de ficción argentina en 2020, cuatro de ellas miniseries y una telenovela, Separadas (El Trece, Pol-ka), suspendida primero y cancelada definitivamente después, luego de apenas 36 episodios al aire. La programación de los seis canales de televisión abierta se sostuvo en un incremento de contenidos informativos, entretenimiento en vivo y la repetición de 30 ficciones emitidas en años anteriores, algunas de ellas nacionales y en su mayor parte provenientes de países como Brasil, Turquía y Colombia.

 

La estrategia de programación y la particularidad del año no evitaron que la tendencia declinante de la audiencia siguiera el curso que se observa desde hace una década. Por su parte, según datos del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (INCAA), la exhibición cinematográfica en salas tuvo en 2020 la menor cantidad de entradas vendidas desde que existen registros y, posiblemente, la menor cantidad en un siglo. El Instituto de Cine dispuso el estreno de algunos títulos argentinos en la plataforma Cine.ar Play, lo que no hizo contrapeso al desplome general de la actividad.

 

Según datos del estudio “Impacto de la pandemia de la Covid-19 en el sector audiovisual y del espectáculo en vivo”, elaborado por investigadores de la Universidad Metropolitana para la Educación y el Trabajo (UMET), dentro del sector de la cultura, el audiovisual es el de mayor peso económico: concentra el 84% del valor agregado del sector y el 51,2% de los empleos.

 

Desde el inicio de las medidas de contención de la pandemia, en marzo de 2020, la actividad en las productoras de ficción se detuvo en un 95%, impactando en los puestos de trabajos, en particular los contratos temporales o eventuales, numerosos en este tipo de actividad. Datos del Sindicato de la Industria Cinematográfica Argentina (SICA AMPA) incluidos en el mismo estudio muestran que “la parálisis de la actividad que produjo la pandemia alcanzó a 160 largometrajes de ficción y documentales, 650 publicidades y 20 cortometrajes”, que se encontraban en curso o proyectadas. Luego de la firma del protocolo de recomendaciones y buenas prácticas para el regreso a los rodajes en agosto de 2020, entre el Ministerio de Cultura y las principales entidades representativas del sector audiovisual, fueron reiniciadas las filmaciones de varias publicidades y apenas tres series encargadas por plataformas de video a demanda.

 

Crisis sectorial y reacción oficial

El 26 de abril, el presidente Alberto Fernández presentó el Plan de Contenidos Argentinos como una propuesta original para salvaguardar la producción nacional de contenidos nacionales. No obstante, el proyecto parece perderse en una enumeración de buenas intenciones no escritas.

 

Este Plan se enmarca en la Ley de Economía del Conocimiento (27.506) sancionada en octubre de 2020 y reglamentada en diciembre de ese año a través del decreto 1034/20. Entre sus principales objetivos, la normativa busca promover el desarrollo tecnológico (mejorar la calidad de servicios, productos y/o procesos), habilitar instancias de investigación y desarrollo para generar valor agregado autóctono, establecer mecanismos de capacitación permanente, fomentar la instauración de pymes y de fuentes de empleo (incentivos especiales por incorporación de cupos a mujeres, personas trans, con discapacidades, entre otros) y estimular las exportaciones del sector. Al mismo tiempo, crea un Fondo Fiduciario para la Promoción de la Economía del Conocimiento (Fonpec) con el objetivo de financiar las diversas actividades propuestas en la ley.

 

 

Sin embargo,  este “sector de conocimiento” es definido de modo amplio, abarca desde software y servicios informáticos y digitales hasta empresas de biotecnología, bioinformática, ingeniería genética, nanotecnología y industria satelital e incluye, además, la producción y postproducción audiovisual. Dicho en otras palabras, esta falta de especificidad podría afectar la aplicación de la medida.

 

Solo un plan,  entre la expectativa y la realidad del sector audiovisual

El acuerdo es el primero establecido en el marco del Consejo Económico y Social (CES) junto con la industria audiovisual. En líneas generales, implica  beneficio del 70% en el aporte a las cargas patronales, reducciones del 20 al 60 por ciento en Impuesto a las Ganancias de acuerdo al tipo y tamaño de las empresas, cero arancel para la exportación de servicios y una categorización de la actividad en AFIP para el reintegro del IVA. Además, menciona el compromiso de señales internacionales para producir y exhibir contenidos de producción nacional y la activación de un fideicomiso para reactivar la producción de ficciones locales para la TV abierta.

 

Representantes de plataformas, sindicatos, entidades de gestión de derechos, actores y productoras independientes estuvieron presentes en el anuncio. Sin embargo, las reacciones al interior de la industria de la ficción para cine y televisión son mixtas y oscilan entre la expectativa y apoyos que genera la inclusión del tema en la agenda del gobierno y dudas sobre el impacto productivo en el corto plazo de medidas de incentivo fiscal orientadas a generar mayor competitividad y atraer inversiones por parte de las grandes plataformas de distribución de contenidos.

 

En este punto, las plataformas globales como agentes del salvataje de la industria audiovisual local introduce dudas sobre sus motivaciones para preservar la identidad nacional, el federalismo y contribuir a la reactivación de las economías regionales, todos aspectos que aparecieron como objetivos del Plan oficial. Las experiencias de coproducción o prestación de servicios audiovisuales para plataformas muestran, en general, la concentración de la actividad en los grandes centros productivos ya consolidados y el desarrollo de contenidos en los términos impuestos por las plataformas en arreglo a sus necesidades de distribución y aceptación a nivel global.