02|5|2022

El gremialista que maneja el botón del oxígeno de la economía nacional

25 de abril de 2021

25 de abril de 2021

Líder de los aceiteros, los mejores pagos del país. Puede paralizar a la agroexportación y al Gobierno. Arrima a la discusión de la CGT sin ser peronista.  

Daniel Yofra es el secretario general de la Federación de Trabajadores del Complejo Industrial Oleaginoso, Desmotadores de Algodón y Afines de la República Argentina, o, más sencillo: el líder de los aceiteros. Con solo mencionarlo de esa manera se sabe que conduce el gremio con los mejores salarios del país y que puede frenar con una huelga el incesante torrente de agrodólares de las cerealeras y, por ende, el oxígeno de la economía nacional. Por estas semanas cranea una amplia Confederación de trabajadores del sector agroexportador y mira con ganas un lugar en la mesa de una eventual nueva CGT. Todo eso sin ser peronista.  

 

Con toda esa carga neurálgica, Yofra empieza a desandar un camino gremial más amplio que el de la región Rosario, donde está el grueso de sus afiliados que convierten al poroto de soja en aceite, o en los productos más exportables del país como son los pellets o la harina de ese oro verde. Él también fue operario de ese rubro cuando en 1992 entró en la planta que la multinacional Dreyfus tiene a 10 kilómetros de Rosario, pero rápidamente vio que la acción gremial era lo suyo y fue escalando: de delegado del sindicato de aceiteros en 1996 a secretario general de la federación en 2013. 

 

Con 53 años y 25 en el sindicalismo es de la generación de dirigentes jóvenes que pisan fuerte y a futuro como Pablo Moyano. Pero a diferencia del camionero, dice no tener herencia ni padrinazgo político al que agradecerle. Es más, posiblemente sea el colmo del gremialismo: no milita en ningún partido. Dice a Letra P que sería “ridículo” que le reprochen la falta de afiliación por más que por definición el gremialismo sea justicialista: “Si eso fuese lo más importante, todos los gremios andarían bien y no andan bien. El nuestro sí”.   

 

Señalamientos al margen, es parte del cascoteo contra la CGT a la que le piden recambio desde el frente sindical junto al moyanismo, Sergio Palazzo de los bancarios, Hugo Yasky, Roberto Baradel por los docentes bonaerenses y Ricardo De Simone de SMATA.  “Hay una CGT débil que se sienta en la mesa a aceptar lo que le dicen los gobiernos y los patrones”, dice desde hace un par de años y lo repite en diálogo con Letra P.

 

“Lo lógico es que la integren (a la CGT) aquellos que tenemos como corresponde a los trabajadores. Si hay un lugar donde pueda aportar mi experiencia y la de la Federación... Estoy capacitado para unificar fuerzas con otros gremialistas. Hay muchos dirigentes que valen la pena. Ahora, si la CGT sigue de la misma manera, me quedo donde estoy”, dice Yofra y se suman a esa lista de salarios privilegiados La Bancaria, Smata, y Camioneros.

 

Salariazo 

Desde el 1° de enero todos los trabajadores de la Federación cobran un básico de 93.647,51 pesos, que se estira largamente por distintos ítems como antigüedad, extras, y hasta suculentos bonos como fue el de 70 mil pesos de fin de 2020, y otro de 90 mil pesos por ser considerados trabajadores esenciales en pandemia. Números exorbitantes para el grueso de los trabajadores, pero que podrían interpretarse como consecuentes: el poderoso salario proviene de la matriz productiva y económica del país, la soja. 

 

Con estos logros, el gremio aceitero se coloca como la continuación del segmento socio-económico que engendró Camioneros cuando, al calor del gobierno de Néstor Kirchner y la CGT de Hugo Moyano, rompió el techo y jerarquizó el salario obrero. Claro está que no de todo el movimiento. Ese tajo en la historia gremial, que hizo que un operario pase de contar jornales a pagar Ganancias, fue la jurisprudencia con la que en 2010 la nueva conducción de la Federación, a la que Yofra ya pertenecía, logró un piso altísimo y sostenido solo comparable con los bancarios. 

 

“El país anduvo bien cuando el movimiento obrero tuvo plata en el bolsillo para consumir”, razonó Yofra hace unos años, y agrega a Letra P: “La experiencia de la Federación es enorme porque las empresas estaban muy bien y los trabajadores muy mal hasta que llegamos”. De nuevo: bancos y agroexportadoras, los dos grandes ganadores del sistema de los últimos 15 años, los dos salarios más grandes.

 

Pero las cerealeras tampoco sueltan los beneficios tan fácilmente. Es más, los contados conflictos salariales han llegado al límite de la intransigencia mutua. En mayo de 2015 y diciembre de 2020 la federación y otros sindicatos realizaron dos huelgas históricas con 25 y 20 días ininterrumpidos respectivamente. “La consecuencia de la intransigencia patronal es una huelga. No hay extorsión nuestra como dicen ellos, es falta de táctica de las empresas. Hace once años tenemos este salario y dos veces hicimos huelga”, justifica Yofra a este medio. 

 

Día que se para la salida de barcos, día que se pierden millones de dólares, día que el Gobierno sufre en la recaudación. Ese poder de acción no lo tiene otro gremio, y es probablemente lo que lo distinga. “A nosotros nos va bien porque peleamos”, dijo Yofra como una simplificación fácil de rebatir con sólo notar que la lucha en otros sectores no es pareja.

 

En este marco, no es menor su alianza con la Federación Marítima, Portuaria y de la Industria Naval que nuclea a una decena de sindicatos y encabeza el extriunviro de la CGT Juan Carlos Schmid. Esta suerte de Confederación que aún debe tomar forma legal, tendría un peso extraordinario en la discusión gremial en el complejo agroexportador, en discusiones más macro como por ejemplo la Hidrovía, y, además, sumaría poder en el plano sindical nacional. Yofra argumenta que este tipo de fusiones son producto de una “CGT que no funciona como debe”. 

 

Yofra toma el pragmatismo del sindicalista clásico de campera de cuero, aunque no su politización, y resigna el romanticismo que muchos dirigentes han tenido con la izquierda latinoamericana y principalmente con los gobiernos kirchneristas. A la vez califica al gobierno de Macri como el peor de los 35 años de democracia y le pega a los medios: “Cuando los medios hablan mal de los sindicalistas, aunque algunos se lo tienen ganado, lo hacen para desprestigiarlos y para que los trabajadores piensen individualmente y no colectivamente”.