10|4|2021

Curas de los pobres: la grieta no existe, pero se agranda

25 de febrero de 2021

25 de febrero de 2021

Nuevas discrepancias ensancharon la brecha que niegan bergoglistas y “herederos” tercermundistas. Militancia, vínculos con el poder y alineación eclesiástica.

La posición en la que se pararon frente al debate por el aborto legal, la desigual lectura del manejo gubernamental de la crisis del coronavirus y el tenor del repudio al vacunatorio VIP actualizaron las diferencias solapadas y no tanto entre los curas villeros y los sacerdotes en la Opción por los Pobres (OPP). Una interna al mejor estilo político, pero con sotana. 

 

Ni unos ni otros exponen sus divergencias en público, pero que las hay, las hay. También les molesta que los confundan o que se los sindiquen como grupo unísono. Aseguran que no hay rivalidad y dicen cultivar la fraternidad pregonada por el papa Francisco. Por eso, prefieren no hablar de “grieta”. No obstante, hay cuestiones de la agenda pública que ensanchan la brecha y los distinguen. 

 

El punto de quiebre más reciente fue el debate por la ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo (IVE). Los curas villeros plantearon el tema desde el derecho humano a la vida y juzgaron como una “hipocresía” afirmar que el aborto es una necesidad de las mujeres pobres. Para los OPP, en cambio, era una cuestión de salud pública y adherían a la idea de legislar para toda la sociedad, sin imposiciones religiosas.

 

Pese a que el presidente Alberto Fernández pretendió tenerlos a los dos de aliados en los comienzos de la crisis, a fin de contener desbordes sociales en los barrios periféricos, el manejo de la pandemia también los puso en veredas opuestas, con críticas y loas al Gobierno. El escándalo del “vacunatorio estratégico” subrayó las diferencias por posicionamientos y silencios.

 

Los curas villeros nacieron a fines de los 90 bajo el amparo de Jorge Bergoglio, quien los alentó no sólo a trabajar con los pobres y excluidos de las villas, sino, también, a vivir en ellas, con un radio de acción que se circunscribió, en un principio, al Área Metropolitana de Buenos Aires y luego se extendió hasta la periferia de Rosario (Santa Fe). Los OPP se autoproclaman “herederos” del Movimiento de Sacerdotes del Tercer Mundo con protagonismo en la escena nacional entre fines de los 60 y principios de los 70 y con territorialidad más dispersa, pero a nivel país.

 

El obispo Gustavo Carrara, que vive en una villa porteña, y el sacerdote José María “Pepe” Di Paola, del barrio La Cárcova, en el partido bonaerense de San Martín, son los referentes más expuestos de los bergoglistas. En tanto, Eduardo de la Serna y Francisco “Paco” Olveira, de las diócesis de Quilmes y Merlo-Moreno, respectivamente, son los voceros habituales de los tercermundistas.

 

El origen político de unos y otros es peronista, aunque hay matices a la hora de la acción y la identificación partidaria.

 

Los curas villeros son políticamente correctos, miden cada paso y evitan mostrarse con dirigentes, aunque haya habido foto con Alberto Fernández (Frente de Todos) y con Roberto Lavagna (Consenso Federal) cuando ambos tenían aspiraciones presidenciales. También después con el actual mandatario en la Quinta Presidencial de Olivos. Su nexo formal con las autoridades suele ser el Ministerio de Desarrollo Social. Lo fue con Carolina Stanley durante el macrismo en el poder y los es con Daniel Arroyo en la actualidad. Ese perfil cauto no les ha impedido levantar la voz a la hora de denunciar el avance “sin control” del narcotráfico, de reclamar la emergencia alimentaria o más políticas públicas para atender a la juventud en situación de adicciones. 

 

 

Los OPP son los “incorrectos” políticamente hablando, se muestran en actos partidarios y no dudan en defender su militancia, sobre todo desde que el kirchnerismo subió al poder en 2003 y desde que Cristina Fernández llegó a Balcarce 50. También se manifiestan opositores acérrimos a la gestión de Maurico Macri y critican a quienes -según afirmaron en una carta abierta a principios de este año- pretenden “poner palos en las ruedas” a las autoridades elegidas por el voto popular. El diputado nacional Eduardo Valdés, ahora salpicado por el “vacunagate”, es el vínculo con la Casa Rosada y quien ha facilitado la llegada de este grupo de curas al Presidente. 

 

El diputado nacional y jefe de La Cámpora Máximo Kirchner se muestra y acompaña por igual la labor social de unos y otros.

 

Los curas villeros y los OPP también se diferencian por su alineación con la jerarquía eclesiástica. Los primeros responden a la verticalidad tradicional, su trabajo pastoral es reconocido y alentado por los prelados diocesanos y la Conferencia Episcopal Argentina suele adherir a sus pronunciamientos sobre temas de coyuntura y hasta publicarlos en sus cuentas oficiales en redes sociales. Los segundos son una suerte de hijos “rebeldes” de la Iglesia, se mueven con cierta autonomía y algunos han tenido choques frontales con los obispos por sus aparentes desobediencias.

 

Este dispar comportamiento político-eclesiástico de los clérigos de las periferias no se expone ante el gran público, pero existe puertas adentro pese a tener piedras basales que los igualan: siguen el modelo pastoral del padre Carlos Mugica, asesinado en 1974 frente a un templo católico por la organización parapolicial Triple A; actúan en los barrios populares (adicciones, marginalidad, violencia, integración urbana...) y comparten el eslogan “Con un oído en el Evangelio y otro en el pueblo”, del obispo mártir de la dictadura militar Enrique Angelelli.