18|1|2022

Los medios y las elecciones: no sos vos, soy yo

16 de noviembre de 2021

16 de noviembre de 2021

Un nuevo resultado electoral pone a los medios como un ¿objeto de debate? Las coberturas y lo que toma la política.

Los resultados de las elecciones legislativas son una buena excusa para recuperar el debate sobre, hashtag, el rol de los medios. Con ganadores y porcentajes más constantes que cambiantes en relación a las PASO, las legislativas sirven para poner sobre la mesa tres formas distintas de entrarle a la relación de los medios con el sistema político-partidario. Si bien en rating, las señales y canales de televisión mostraron constancia (un encendido total cercano a los 42 puntos entre las 21 y las 22), es cierto que C5N como LN+ mejoraron sus performances en un escenario mucho más polarizado.

 

La primera de esas formas tiene que ver con el nivel de influencia que los medios de comunicación tienen sobre el electorado y, particularmente, sobre el destino de sus votos. Ciñendo el análisis a lo sucedido en la provincia de Buenos Aires y la Ciudad Autónoma, debe destacarse que la ¿recuperación? de votos del Frente de Todos en la provincia de Buenos Aires y el crecimiento del Partido Libertario en la Ciudad en relación a las PASO se dieron en sistemas y ofertas mediáticas casi inalteradas entre un escenario y otro. Esto no es suficiente para descartar la incidencia de los medios en la formación de la opinión pública y sus efectos en las decisiones electorales, mas es útil para menguar un análisis que, de tan reiterativo, a veces suena perezoso.

 

La segunda de las formas posibles para analizar la relación de los medios con las elecciones es la de echar un poco de luz en las relaciones editoriales y políticas que se tejen por detrás y por delante de las pantallas. De esta forma, así como cada búnker tuvo sus razones para festejar, cada medio (en especial, cada canal y señal de televisión) mostró una lectura de los resultados electorales de acuerdo a sus intereses. En el plano mediático también hubo ganadores que no ganaron y perdedores que no perdieron. Mientras C5N apostaba a un análisis adosado a la narrativa gubernamental, TN y LN+ coincidieron en lecturas montadas sobre el relato opositor de Juntos Por el Cambio. De hecho, en estas señales también se encontraron voces sectorizadas: mientras los voceros oficialistas desfilaban por la señal del Grupo Indalo, Macri daba su clásica entrevista a Jorge Lanata luego de los comicios. Resultaron llamativas las coberturas de IP y Crónica TV. Mientras la señal de Víctor Santamaría pivoteó todo el tiempo entre darle espacio al oficialismo más albertista sin descuidar al opo-oficialismo (Horacio Rodríguez Larreta), en el canal fundado por Ricardo García hubo una lectura muy catastrófica de los resultados (incluso desde temprano auguraban una victoria por ocho puntos de JxC en Buenos Aires) con gran espacio (como es habitual) para integrantes y partidarios de los espacios fascistas-libertarios.

 

En este punto, parece repetirse una de las consignas que se vertieron en el análisis anterior sobre la relación medios-elecciones: el ensimismamiento y simbiosis entre los medios de comunicación y el poder político vuelven cada vez más parecidos sus problemas y sus sesgos. Las lecturas que hizo la política de la noche electoral fueron muy similares a las que se hicieron desde los medios de comunicación (con honrosas excepciones). La coincidencia de grandes editorialistas con las figuras de los espacios participantes del acto electoral habla más sobre esa relación que sobre las elecciones.

 

El tercer aspecto analizable, el más profundo si se quiere, es la ausencia de los medios de comunicación en la agenda legislativa propuesta por las distintas ofertas electorales. Para todos los partidos, los medios, sus agendas, las redes sociales y hasta la conectividad son cuestiones centrales para su devenir. Allí crecieron (no surgieron) algunos de los referentes más encumbrados (particularmente, de la derecha) y allí ponen el ojo muchos de los partidos (en especial el oficialismo que suele acusar a los medios hegemónicos de sus males electorales). Pero, en materia de propuestas, las políticas de comunicación brillaron por su ausencia. Ni la declaración de servicio público de internet ni una nueva ley de comunicación. Ni la publicidad oficial ni los medios públicos. Nada. Todos parecen estar bastante satisfechos con estas relaciones simbióticas con el sistema de medios (y sus empresas).

 

La nueva jornada electoral sirvió para poner sobre la mesa de debate algunas ideas: la relevancia de los medios de comunicación resulta menguante ante la política (hacerla o no, precisamente); el gobierno nacional advirtió que la agenda de algunos medios antes de las PASO no era una agenda “opositora” sino una agenda de preocupaciones reales, y la retomó; los medios se distancian cada vez menos (editorial, económica y políticamente) de los proyectos partidarios y la comunicación no es una “cuestión” de política pública: mejor abordarla desde la informalidad.