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“Si en la Argentina hubiese meritocracia, tendríamos mayoría de líderes mujeres”

La especialista de CIPPEC sostiene que la diversidad en los espacios de decisión implica mejores ingresos tanto en el sector público como en el privado.

Por 28/07/2020 9:18

-El argumento de la igualdad de derechos y oportunidades para las mujeres en el mercado de trabajo no es suficiente. Lo que no se cuenta mucho es que a los sectores productivos les “conviene” que haya mujeres porque mejoran sus ingresos, por ejemplo.  

-Muchísimos actores, sobre todo aquellos que toman decisiones y asignan recursos, no ven el de los derechos como un argumento suficiente para incentivar la inversión. Por eso, ponemos sobre la mesa dos argumentos que dialogan entre sí pero que son distintos. El primero es que hay un vínculo directo y comprobado entre igualdad o equidad y desarrollo o crecimiento. Esto incluye a los países que son más igualitarios, tienen mejores condiciones de desarrollo y tienen mayores tasas de crecimiento económico, y se evidencia en el mundo privado: las empresas que brindan oportunidades más igualitarias para todos sus colaboradores tienden a tener mejores retornos en sus inversiones. En particular, se comprueba para las políticas públicas: las que cierran brechas, las que tienden a generan mayor igualdad, contribuyen de una manera mayor que el resto al crecimiento económico en particular, más allá del desarrollo, que para nosotros está definido como parte de continuidad en la igualdad.

-¿Cuál es, específicamente, el impacto de esas políticas?

-En un trabajo que publicamos el año pasado encontramos cómo una serie de políticas concretas que cierran brechas contribuyen a que haya mejores oportunidades para las mujeres y avances en el goce de todos los derechos de las personas que no son varones cishétero normativos. Además, generan condiciones de crecimiento porque crean empleo genuino, de buena calidad, y aportan a que se reactive la economía en algunos sectores en los que no está del todo movilizada. Eso es especialmente importante en contextos como el actual. En última instancia, se refleja también en recaudación fiscal y en puntos del PBI. Una de las simulaciones concretas fue ampliar los espacios de primera infancia: si pasásemos del 32 % que actualmente va a estos espacios al 50%, que sigue siendo muy poco y es bastante más de lo que hay, se crearía 1,3 millón de puestos de trabajo y en cuatro años son 5,3 puntos del PBI, seis puntos a tasas chinas.

 

BIO. Licenciada en Estudios Internacionales especializada en políticas públicas y Desarrollo. Lidera el área de Protección Social del think tank CIPPEC. Investiga y produce publicaciones y herramientas de incidencia en la política pública. Uno de sus principales ejes de trabajo es la brecha de género en el ejercicio de los derechos económicos.

Zoom. Díaz Langou, con Letra P.

 

-Esa es una de las políticas públicas que mencionó.¿Cuáles son las otras?

-La segunda es la jornada extendida en el nivel primario y la tercera es transferencia a las familias con niños. Las tres políticas tienen retornos económicos importantes, pero la que más retornos tiene es la de espacios de primera infancia, espacios de crianza, enseñanza, cuidado.

Si hubiese meritocracia, en Argentina particularmente, deberíamos tener una mayoría de líderes mujeres, porque las mujeres acceden, en promedio, a mayores niveles educativos y están más formadas. Si coincidimos en que queremos a las personas más formadas como líderes, deberíamos reclamar un cupo al revés. 

-Está hablando de políticas vinculadas con las tareas de cuidado.

-Tomamos estas tres que mencioné como ejemplo porque eran fácilmente vinculables con la participación laboral de las mujeres en la simulación, en la metodología, y eran costeables de alguna forma. El cuidado es uno de los principales determinantes de la participación laboral. Es uno de los principales obstáculos y hace que muchas mujeres no estén hoy en el mercado de trabajo y que aquellas que son económicamente activas tengan trayectorias menos buenas de lo que podrían ser y, dentro de cuidado, lo que más pesa en términos de tiempo y de cuidado infantil, pero no es lo único. Nosotros miramos también otros grandes determinantes. El segundo en importancia es el tema de las normas sociales, o sea, cómo la cultura que tenemos también determina y asigna roles y cercena oportunidades. El tercero es todo lo que sucede en la educación, que obviamente dialoga con los otros dos, y lo tercero es todo lo que ocurre en las otras dos autonomías, sobre todo en la física, es decir, cómo la falta de la autonomía física de las mujeres es un impedimento también para la participación laboral. Entonces, las políticas que operan sobre todos esos determinantes terminan contribuyendo a que haya una mayor o mejor participación de las mujeres en el mercado de trabajo.

-Cuando hablamos de falta de autonomía física estamos hablando de las violencias machistas y de, por ejemplo, la falta de aborto legal.  

-Sí, todas las violencias. Además, tomamos los derechos sexuales y reproductivos como un determinante, sobre todo para lo de cuidados, porque la tenencia de hijos e hijas está muy ligada con la carga que implica después y, todavía, la mayoría de los embarazos en la Argentina no es planificada. Ahí hay un punto central: garantizar el acceso a derechos sexuales y reproductivos a través de la interrupción voluntaria del embarazo, pero, también, a través del acceso a métodos anticonceptivos, educación sexual, para avanzar también en el trabajo de ese determinante y también de la autonomía física.

 

 

-¿Hay evidencia de que las mujeres estén gestionando mejor en esta pandemia que los varones, tanto en el sector público como en el privado?

-No. Hay mucho mito en torno de este tema. Lo que sí es muy contundente es que los espacios de decisión más diversos toman mejores decisiones. Entonces, no se trata necesariamente de garantizar que sea un grupo de mujeres el que toma decisiones, sino que sea un grupo diverso, lo más diverso posible, y no solo en términos de género, sino socioeconómicos, étnicos, de trayectoria de vida, de capacidades, de orígenes geográficos, de estatus migratorio, de conformación familiar. Por ejemplo, no suma tener un board de una empresa en donde sean todas mujeres que fueron a la Universidad de San Andrés y estudiaron Administración de Empresas y fueron al mismo colegio y son amigas de la infancia, porque con tener una ya tenés esa visión presente. Es importante implementar acciones afirmativas que contribuyan a que haya más mujeres en puesto de decisión, no solamente para garantizar esta diversidad -y las mejores decisiones que vienen acompañadas con eso-, sino por su rol como modelos referenciales. También está muy demostrado el impacto que puede tener que una mujer sea ceo en un sector masculinizado: puede traccionar que después haya muchas más mujeres en toda esa trayectoria sectorial que contribuyan a que haya mejores decisiones también en todo. Porque no es solamente garantizar esa diversidad en la punta, sino en todo el trayecto.

-Viene bien esta explicación también para poder pensar por qué desde los feminismos se reclama la presencia de mujeres en las fotos.

-Hoy, los espacios de decisión están ocupados por un subconjunto de nuestra composición social que son los estratos de más altos ingresos, con una formación educativa mayor y que, de alguna forma, por las normas culturales con las cuales funcionamos, tienen más fácil acceso a esos puestos. Hay muchos que sostienen que las acciones afirmativas van en contra de la meritocracia y esa dicotomía es totalmente falsa. Si hubiese meritocracia, en Argentina particularmente, deberíamos tener una mayoría de líderes mujeres, porque las mujeres acceden en promedio a mayores niveles educativos y están más formadas. Si coincidimos en que queremos a las personas más formadas como líderes en distintos espacios, deberíamos estar reclamando un cupo al revés.