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Creciente extranjerización, formatos más cortos, nuevos hábitos de consumo y caída en la inversión publicitaria, entre algunas de las causas de la crisis.

Por 02/11/2020 11:53

Hasta 2010, el volumen de producción de contenidos de ficción para televisión abierta superaba las mil horas anuales y Argentina formaba parte de los países con capacidad productiva media, junto a otros como Perú, Colombia, Chile y el mercado hispano de los Estados Unidos. Desde entonces, la industria local vive, con algunos períodos de crecimiento excepcional, una tendencia decreciente que se acentuó los últimos años y en 2019 ubicó al país en niveles de producción similares a los de Ecuador, un mercado de tamaño claramente inferior.

 

Fuente: elaboración propia con datos de Kantar-Ibope

 

La caída de 64,12% en los últimos diez años se explica en la concurrencia de varios factores. Sin embargo, como se observa en el gráfico anterior, el hundimiento se produce en 2015 cuando ingresan con fuerza al mercado local las ficciones de origen turco. Hasta ese momento, los títulos importados provenían de México, Colombia o España y, en general, ocupaban con éxito moderado las franjas vespertinas de la televisión abierta.

Entre 2015 y 2019, los dos canales líderes de la televisión abierta porteña, especialmente Telefe, programaron 26 ficciones de larga duración de países cuya presencia era inusual en la pantalla local hasta ese momento. Con Turquía a la cabeza, ingresaron, además, ficciones de Corea del Sur, India e incluso China, aunque con suerte diversa. La buena aceptación de la audiencia, la contracción del mercado publicitario y el bajo costo de la adquisición de los derechos de emisión en comparación a la producción local, consolidaron el fenómeno. Paradójicamente, Chile, el país de la región que abrió las puertas de Latinoamérica a la ficción turca, mantuvo todos estos años niveles de producción nacional estables, en buena medida, gracias al aporte del fondo de fomento del Consejo Nacional de TV de ese país.

Un fenómeno paralelo a la extranjerización es su lenta pero creciente serialización en detrimento de los formatos de mayor duración, que, como se entiende, generan trabajo durante períodos más prolongados. En 2010, los formatos cortos (series, miniseries y unitarios) representaban el 12,4% del total de la ficción emitida, mientras que el año pasado esa cifra ya ascendía al 22,1%. Por su parte, aunque las telenovelas son aún el formato más habitual, cada vez son más cortas: en los últimos años, varias telenovelas de éxito no superaron los 80 episodios, lo cual facilitó su fraccionado y distribución en plataformas de video a demanda.

 

Fuente: elaboración propia con datos de Kantar-Ibope

 

Podría argumentarse que la caída de la ficción nacional se debe al menor interés que despierta en las audiencias este tipo de contenidos. Sin embargo, no solo la pérdida de espectadores es proporcional a la caída de la televisión por aire en general, sino que, además, al menos desde 2014, se observa una relativa estabilidad si se considera el título con mejor rendimiento cada año. De hecho, durante 2020, ante la falta de contenidos de estreno, canales de televisión de varios países de Latinoamérica apostaron por reponer viejas ficciones locales, muchas de ellas con gran éxito. En Argentina, "Floricienta" (2004-2005) se ubica cada día entre los cinco programas más vistos de la televisión. Las audiencias de la ficción local parecieran no haber migrado completamente a la televisión paga ni a las plataformas de video a demanda y responden a la vieja televisión abierta cuando un contenido atractivo los convoca.

Ante la crisis, la asociación es la estrategia que orienta las políticas de las principales empresas televisivas. Desde 2015, Pol-ka hizo punta de lanza en asociación con Turner para producir la serie "Signos". Ese mismo año, Telefé se asoció con Turner y Monte Carlo TV (Canal 4) de Uruguay para realizar "Entre caníbales", el fallido thriller político de Juan José Campanella. Los últimos seis años han sido prolíficos en alianzas entre canales de televisión abierta, señales de televisión paga (HBO, Televisa, TNT); cableoperadores como Cablevisión y plataformas de video a demanda como Flow o Netflix, que de forma creciente consolidan un circuito de producción y distribución de series breves de alta factura técnica y aspiraciones de llegada internacional.

Las producciones financiadas con fondos del Estado emitidas entre 2011 y 2016 hicieron parte de una incipiente política industrial que benefició de forma intensiva a algunas productoras de la ciudad de Buenos Aires y, en menor medida, de algunas provincias. Sin embargo, su aporte al volumen total de la producción fue siempre marginal en torno al 5% y 8%, por la brevedad de sus formatos. De todas maneras, la vía del fomento público aparece como una alternativa para frenar la caída que hoy, pandemia mediante, tiene a la industria de la ficción en sus horas más bajas.

La intervención del Estado como productor de contenidos es apenas una posibilidad entre tantas. Las políticas de reembolsos o crédito fiscal son habituales en países que incentivan la producción audiovisual atrayendo capitales extranjeros para co-producir en asociación con casas productoras locales. La ley de Servicios de Comunicación Audiovisual establece obligaciones de cuota para contenidos nacionales en televisión abierta, pero omite obligaciones similares para las señales de televisión por suscripción y servicios de video a demanda, con lo cual la presencia de contenidos argentinos en estas últimas dos plataformas queda librado a la discrecionalidad de las empresas, en general multinacionales.

 

 

Espacios que reúnen y representan intereses de las distintas partes involucradas en la industria, como la Multisectorial Audiovisual, trabajan sobre una agenda de demandas que requiere la articulación entre agentes públicos y empresas privadas locales y extranjeras, en vistas a poner en valor la industria de la ficción televisiva argentina, la más dañada de toda Iberoamérica en la última década. Por lo pronto, la atención está puesta en la letra chica de la recién promulgada Ley 27.570 de Economía del Conocimiento, que promueve la producción audiovisual y la necesidad de destinar parte de lo que actualmente tributan las plataformas digitales a algún fondo específico de fomento para el sector.