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La culpa de tener 11 años

La culpa de tener 11 años

16/05/2019 18:35

Tucumán. Una niña de 11 años llega al Hospital del Este el 31 de enero de 2019. Está embarazada de 20 semanas, violada por la pareja de su abuela. Se niegan a atenderla y la trasladan al Hospital Eva Perón, donde la torturan psicológicamente a ella y a su abuela con estrategias de desinformación sobre las consecuencias de interrumpir ese embarazo. Producto de una cesárea nace una beba de 25 semanas de gestación y 660 gramos de peso. La beba muere.

San Juan. Una niña de 11 años llega al Hospital Rawson el 28 de marzo de 2019. Está embarazada de tres meses, violada por su padrastro. Amparados legalmente, en ese centro de salud de Rawson interrumpen el embarazo no querido de la niña.

La Rioja. Una niña de 11 años es violada y asesinada en el barrio Virgen Desatanudos el 16 de abril de 2019. Esa víctima de femicidio es una de las “1.400 causas de distinto tenor” recibidas por el Juzgado de Violencia de Género y Protección de Menores de La Rioja.  

Durante 2018, más de 3 mil niñas abusadas sexualmente quedaron embarazadas y se las obligó a parir, confirma la Campaña Nacional por el Aborto Legal. Los mencionados aquí son solo tres ejemplos dramáticos que alcanzaron un ¿desventajoso? estado mediático. Trivialización, dramatización, personalización, descontextualización. Definitivamente, “desventajoso” no es un término que enuncie de manera elocuente el encuadre mediático que revictimiza a estas niñas.

 

 

 

LO PERSONAL ES POLÍTICO. El movimiento feminista lucha por forjar la idea de que los hechos de las vidas privadas de las mujeres conformaban la opresión común de la época, con foco en la forma en que las relaciones de poder estructuran la familia y la sexualidad. El discurso mediático es una de las formas de esa opresión: invisibiliza la problemática social que representa la violencia de género en general, y las violaciones de niñas menores, en particular.

La polarización de posiciones alrededor de estos y de otros casos se expresa social, política y mediáticamente.

A nivel social cobraron fuerza la presión moral de los movimientos conservadores y religiosos anti-derechos, cuyas performances son presentadas mediáticamente como aspiraciones generalizadas gracias a la legitimidad que alcanzan estos grupos. La correlación de fuerzas favorable a estas agrupaciones tuvo efectos en el ámbito institucional y político. Médicos del hospital Eva Perón de Tucumán y diversos funcionarios se plegaron a las manifestaciones contra el derecho legal de la niña. Los reclamos obstruyeron la aplicación de la ley, al dilatar las intervenciones médicas que evitarían la cesárea de un embarazo no deseado. A tal punto que la Legislatura local declaró al distrito como la “primera provincia pro-vida”.

En la arena discursiva, los medios ejercieron su verdadero rol de actores políticos. La narración noticiosa convencional exhibió un universo dicotómico que distinguía entre el bien y el mal, entre víctimas por nacer y villanas de 11 años. Ese encuadre moral se viralizó en las redes sociales virtuales de manera incontrolable.

Aunque con excepciones, la prensa regional y nacional visibilizó las campañas mal llamadas “pro-vida” que se suelen activar en ocasión de coberturas banalizadas que desprecian la complejidad de estos asuntos. La mediatización de estos tres casos -así como la omisión de los otros miles constatados el año pasado- reedita la controversia que se forjó alrededor de los debates por la legalización del aborto y por la modificación de la ley de la Educación Sexual Integral (ESI), el año pasado en el Congreso.

Al analizar en el tratamiento noticioso de los movimientos de protesta, Todd Gitlin afirmó: “La noticia concierne al evento, no a la condición subyacente; a la persona, no al grupo; al conflicto, no al consenso; al hecho que avanza la nota, no al que la explica. Parte de este trato deriva de las normas para la cobertura de la desviación en general: la noticia periodística arquetípica es una nota sobre delito”.

La configuración discursiva de estos tres casos que responsabiliza a las víctimas de violación es uno de los principales impedimentos de que lo personal logre convertirse en político.

La culpa de tener 11 años

Miembro del Programa de Industrias Culturales y Espacio Público (UNQ).

Tucumán. Una niña de 11 años llega al Hospital del Este el 31 de enero de 2019. Está embarazada de 20 semanas, violada por la pareja de su abuela. Se niegan a atenderla y la trasladan al Hospital Eva Perón, donde la torturan psicológicamente a ella y a su abuela con estrategias de desinformación sobre las consecuencias de interrumpir ese embarazo. Producto de una cesárea nace una beba de 25 semanas de gestación y 660 gramos de peso. La beba muere.

San Juan. Una niña de 11 años llega al Hospital Rawson el 28 de marzo de 2019. Está embarazada de tres meses, violada por su padrastro. Amparados legalmente, en ese centro de salud de Rawson interrumpen el embarazo no querido de la niña.

La Rioja. Una niña de 11 años es violada y asesinada en el barrio Virgen Desatanudos el 16 de abril de 2019. Esa víctima de femicidio es una de las “1.400 causas de distinto tenor” recibidas por el Juzgado de Violencia de Género y Protección de Menores de La Rioja.  

Durante 2018, más de 3 mil niñas abusadas sexualmente quedaron embarazadas y se las obligó a parir, confirma la Campaña Nacional por el Aborto Legal. Los mencionados aquí son solo tres ejemplos dramáticos que alcanzaron un ¿desventajoso? estado mediático. Trivialización, dramatización, personalización, descontextualización. Definitivamente, “desventajoso” no es un término que enuncie de manera elocuente el encuadre mediático que revictimiza a estas niñas.

 

 

 

LO PERSONAL ES POLÍTICO. El movimiento feminista lucha por forjar la idea de que los hechos de las vidas privadas de las mujeres conformaban la opresión común de la época, con foco en la forma en que las relaciones de poder estructuran la familia y la sexualidad. El discurso mediático es una de las formas de esa opresión: invisibiliza la problemática social que representa la violencia de género en general, y las violaciones de niñas menores, en particular.

La polarización de posiciones alrededor de estos y de otros casos se expresa social, política y mediáticamente.

A nivel social cobraron fuerza la presión moral de los movimientos conservadores y religiosos anti-derechos, cuyas performances son presentadas mediáticamente como aspiraciones generalizadas gracias a la legitimidad que alcanzan estos grupos. La correlación de fuerzas favorable a estas agrupaciones tuvo efectos en el ámbito institucional y político. Médicos del hospital Eva Perón de Tucumán y diversos funcionarios se plegaron a las manifestaciones contra el derecho legal de la niña. Los reclamos obstruyeron la aplicación de la ley, al dilatar las intervenciones médicas que evitarían la cesárea de un embarazo no deseado. A tal punto que la Legislatura local declaró al distrito como la “primera provincia pro-vida”.

En la arena discursiva, los medios ejercieron su verdadero rol de actores políticos. La narración noticiosa convencional exhibió un universo dicotómico que distinguía entre el bien y el mal, entre víctimas por nacer y villanas de 11 años. Ese encuadre moral se viralizó en las redes sociales virtuales de manera incontrolable.

Aunque con excepciones, la prensa regional y nacional visibilizó las campañas mal llamadas “pro-vida” que se suelen activar en ocasión de coberturas banalizadas que desprecian la complejidad de estos asuntos. La mediatización de estos tres casos -así como la omisión de los otros miles constatados el año pasado- reedita la controversia que se forjó alrededor de los debates por la legalización del aborto y por la modificación de la ley de la Educación Sexual Integral (ESI), el año pasado en el Congreso.

Al analizar en el tratamiento noticioso de los movimientos de protesta, Todd Gitlin afirmó: “La noticia concierne al evento, no a la condición subyacente; a la persona, no al grupo; al conflicto, no al consenso; al hecho que avanza la nota, no al que la explica. Parte de este trato deriva de las normas para la cobertura de la desviación en general: la noticia periodística arquetípica es una nota sobre delito”.

La configuración discursiva de estos tres casos que responsabiliza a las víctimas de violación es uno de los principales impedimentos de que lo personal logre convertirse en político.