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Macri y su odisea motivacional del #SíSePuede

Con el doble objetivo de pelear por el ballotage y de activar a su base por si le toca ser oposición, la estrategia oficialista y su Marcha por 30 ciudades quema varias páginas del libreto cambiemita.
Con el doble objetivo de pelear por el ballotage y de activar a su base por si le toca ser oposición, la estrategia oficialista y su Marcha por 30 ciudades quema varias páginas del libreto cambiemita.

Tras la reorganización obligada por los demoledores resultados de las PASO, la campaña de Juntos por el Cambio tiene como eje “La Marcha” y ubica la estrategia de Mauricio Macri en un lugar distinto al de comienzos de año. Incluso, podría pensarse, hasta contradictorio con algunos de los postulados previos de su propio gobierno. “La campaña presidencial que comienza el domingo será distinta a todas las que vivimos hasta ahora”, advirtió en sus redes el pasado 19 de septiembre. Es “la forma en que salimos a ganar la elección”, arengó en otro de sus mensajes mediatizados en su cuenta oficial en Twitter y en la de Instagram.

 

 

En el contexto nacional, las grandes movilizaciones parecían ser un terreno casi exclusivo del peronismo. Y, hasta el momento, el Presidente evitaba el contacto directo y toda la pompa propia de los actos masivos, con excepción de alguna que otra inauguración de obra pública. Pero la primavera trajo novedades.

Hay una arista que, sin embargo, no se modifica: la comunicación de Cambiemos y, ahora, de Juntos por el Cambio, transita con mucha comodidad y naturalidad a través de las plataformas de redes sociales. De forma diaria y abundante, tanto el Instagram de Macri, como su cuenta en Twitter y en Facebook se han llenado de contenidos que sirven, primero informativamente –cuándo y dónde se llevará a cabo el próximo encuentro– y propedéuticamente -con mensajes dirigidos a instruir y propiciar la participación, del estilo “¿Tenés un auto, una camioneta? Compartilos para que vengan más” o “usá tu WhatsApp para coordinar la asistencia de amigos en grupo, para pasar imágenes, para insistir en que vengan”-, para, luego, funcionar ilustrativa y amplificativamente, a partir de la publicación de imágenes y videos que sintetizan cada una de las paradas de esta “Marcha”. La utilización de Instagram tiene allí un lugar fundamental, en tanto todos los actos son transmitidos en vivo y, luego, circulan asincrónicamente a partir del registro recuperado en forma de stories.

 

 

Lo novedoso, por tanto, no es el uso de las más recientes plataformas mediáticas, sino la conjugación de ese tipo de visibilidad con aquella propia del espacio público más tradicional, la del territorio, la plaza pública o la calle, cuestión esta última que el macrismo ha explotado en muy escasas ocasiones y ante situaciones particulares. Las cadenas nacionales parecen no ser el fuerte del actual presidente y han sido usadas sólo en contadas ocasiones. Tampoco las grandes concentraciones públicas forman parte de su modo habitual de encontrarse con los ciudadanos, a los que accede, preferentemente, por esa maniobra tan afín al liderazgo de proximidad que es el “timbreo”.

Sin embargo, luego de la derrota electoral de las PASO y en un movimiento similar al que hizo -y está volviendo a hacer- el candidato a gobernador bonaerense, Axel Kicillof, Macri apuntó al encuentro físico con su potencial electorado. Y lo hace, fundamentalmente, por dos motivos. En primer lugar, para confirmar públicamente que aún hay quienes votarán por él el 27 de octubre y convertir en esperanza el clima de desesperación que vivió el oficialismo post PASO. “Vamos a hacer 30 encuentros en 30 ciudades para expresar en paz y con alegría quiénes somos, cuántos somos, cuánto queremos lo que queremos y hasta qué punto estamos dispuestos a luchar por ello”, comunicó en su cuenta oficial en Facebook. En segundo lugar, para aprovechar la oportunidad de hacer, in situ, alguna declaración que le permita sumar un voto más, algo a lo que puede obedecer su reciente expresión “a favor de las dos vidas”, casualmente mencionada durante la marcha en Mendoza. De este modo, la recorrida cumplirá en breve dos semanas y ya ha pasado por Capital Federal, Junín, algunas localidades de Córdoba, Santa Fe y Entre Ríos, Bahía Blanca, Mendoza, Tucumán, Neuquén y Misiones.

En medio de estos encuentros, fue lanzado un nuevo spot para redes, titulado “Te escuché”, que comienza con un reconocimiento: “Sé que estás enojado y con bronca”, dice el Presidente mirando a cámara y dirigiéndose a un destinatario individual. Allí, y con un rostro que exhibe preocupación, el candidato, sentado en lo que parece ser un escenario desarmado, recoge algunas de las que se suponen demandas de sus votantes -preferentemente porteños- que, en la primera votación, eligieron a otro candidato. Y sus palabras transcurren al compás de un travelling lateral que, progresivamente, se va convirtiendo en un travelling in, acercando la cámara a Macri y generando, gracias a ello, una aproximación cálida y amable. Esas demandas, harto explotadas por la actual gestión, ubican a ciertos lugares comunes que se vinculan con el kirchnerismo: un gobierno que dijera la verdad, que no robara, que diera más seguridad en el transporte de trenes –en una referencia implícita a la tragedia de Once–, etcétera. 

 

 

El esfuerzo, el voluntarismo, el “no bajar los brazos” ocupan, nuevamente, la escena discursiva: tanto el propio Presidente como los asistentes que son entrevistados durante los actos –y cuyos testimonios son rápidamente puestos a circular en las redes– reconocen el momento difícil que atraviesa el país pero, ante la adversidad, responden álgidamente: sí, se puede. Dicha performance tuvo en el ambiente de las redes su momento de retórica épica, cuando en un hilo que realizó en su cuenta de Twitter y replicado en Instagram, Macri interpeló: “¿Qué creen que pensaba San Martín al cruzar la Cordillera de los Andes? ¿No, no se puede? o ¿Sí, sí se puede?”. Semejante función de travesía y rescate es la que procuró interpretar en ocasión de su reciente presencia en Tucumán, cuando hizo subir al escenario a una septuagenaria convertida en Cenicienta con él oficiando como príncipe. Todas estas maniobras contaron con sus debidas repercusiones mediáticas y son el centro de discursos a favor y en contra de la marcha de Macri en las redes.

 

 

También se han puesto en circulación una serie de spots centrados en el lema “Nos une” y destinados, podría decirse, a reafirmar la identidad del espacio político y los valores abstractos alrededor de los cuales renovar la confianza del colectivo de destinatarios partidarios. En uno de ellos, por ejemplo, se afirma la unión a través de la “honestidad”, la “república”, la “democracia”, la “paz” y la “libertad”, frente a la “impunidad”, el “miedo” y la “destrucción” a la que solapadamente asocian con la oposición. En otro, se hace alusión al “federalismo” y al “respeto por el otro”, en antagonismo, nuevamente, con la impunidad y el miedo; porque la confrontación esta vez se da entre líneas.

 

 

Imposible, al fin y al cabo, no establecer asociaciones entre al menos parte de la estrategia propagandística presentada y el eslogan utilizado por Barack Obama en su mítica campaña presidencial de 2008 o, yendo aún más lejos en el tiempo, el “We Can Do It” central de los afiches con que Westinghouse Electric procuró levantar la moral de sus trabajadoras durante la Segunda Guerra Mundial. Dos casos de éxito, deben haber pensado en el círculo rojo de Macri. Dicen que fue el creativo Joaquín Mollá, quien habitualmente reside y trabaja en Miami pero hace meses retornó a estos pagos para unirse al búnker del PRO, el que propuso reutilizar el eslogan como grito de combate en la actual campaña. Los resultados serán conocidos en breve.