24|7|2022

Cristina en Arsenal: nunca menos vehemente, confrontativa y peronista

20 de junio de 2017

20 de junio de 2017

En un  estadio colmado, la ex presidenta hizo eje en la convocatoria a la Unidad Ciudadana. No hubo simbología peronista ni definiciones electorales. La previa y el clima de dirigentes y militantes. 

Fue un giro en el discurso, el tono y la puesta en escena. Un año y medio después de haber dejado la Presidencia de la Nación, Cristina Fernández de Kirchner volvió a hablar en un estadio, frente a una multitud, pero fue otra. Lejos del tono enfervorizado, la vehemencia y la confrontación, la ex mandataria apeló al discurso de la unidad ciudadana como única forma de "ponerle un freno" al gobierno de Mauricio Macri, mostró cercanía con los "problemas reales", no dio definiciones electorales y rompió el cerco partidario pejotista, donde eligió dejar encerrada al resto de la dirigencia.

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A las 15.12, sin preámbulos ni anuncios, Cristina irrumpió en el escenario envuelta en una ruana celeste y blanca, con la canción "El viento trae una copla", de Bersuit Vergarabat, como banda de sonido. La elección no fue casual: la letra habla de quienes tuvieron que abandonar el país en 2001, por la crisis y la falta de trabajo.

 

La militancia la esperaba desde temprano. Las puertas del estadio se abrieron a las 12 pero a la mañana la liturgia kirchnerista ya colmaba los alrededores del estadio de Arsenal. Los micros llegaban hasta la salida de la autopista Buenos Aires - La Plata. Desde allí bajaban  banderas argentinas, que levantaban militantes movilizados y otros tantos autoconcovados, familias con chicos, jóvenes y adultos mayores, algunos apoyados en su bastón.

 

Todos cumplieron al pie de la letra el pedido de Cristina: no hubo pancartas que identificaran a las agrupaciones políticas - con casi la única excepción de algunas de Kolina, la agrupación de Alicia Kirchner- apenas algunas remeras de La Cámpora y Nuevo Encuentro y algunos carteles de tamaño chico con los nombres de los intendentes que movilizaron, como Verónica Magario, de La Matanza, y Mario Secco, de Ensenada. Avellaneda quedó pintada de celeste y blanco.

 

Ya adentro del estadio, la espera se amenizó con una lista de temas que la propia militancia armó vía redes sociales en los días previos. El calor llegó también a la platea, donde varios ex funcionarios, diputados y senadores hicieron pogo al ritmo de Jijiji, de Los Redondos, igual que el kirchnerismo que pobló el campo de juego. El grito de "vamos a volver" se hizo más fuerte a medida que se acercaba la hora señalada para el comienzo del acto.

 

"Muéstrenme sus banderas", pidió Cristina una vez sobre un escenario despojado, ubicado sobre el campo de juego, a la altura de las cabezas de los asistentes. No hubo lugar para nadie más al lado de la ex presidenta. El acto fue apuntado al contacto directo entre ella y su militancia. "¡Argentina, Argentina!", coreó la militancia. "Eso me gusta, Argentina para todos", respondió la ex presidenta, que empezó el discurso excusando el estado no óptimo de su voz. Fue ése uno de los factores que definió el tono del acto: contenida por la garganta y por las palabras, Cristina  abandonó el tono confrontativo para hacer eje en la idea de la unidad ciudadana como forma de "frenar el ajuste" del Gobierno. La idea ya había sido esbozada por la ex presidenta en la primera aparición que hizo en público que hizo tras dejar el poder, frente a las escalinatas de Comodoro Py.  

 

El discurso fue inusualmente corto para Cristina. La ex presidenta habló apenas 20 minutos sola sobre el escenario, antes de empezar a convocar a cada una de las personas a quienes presentó como perjudicados, con nombre y apellido, por las políticas del gobierno de Cambiemos. Desde ex becarios del Conicet, pasando por un joven que perdió el plan Progresar, la dueña de un frigorífico en crisis, una directora de escuela, la encargada de un centro de jubilados, empleados de una fábrica recuperado, un hombre que tuvo que cerrar su panadería, un matrimonio de discapacitados que perdió su pensión, hasta la madre de un chico electrodependiente, Cristina presentó una a una, y con gran carga emotiva, cada una de las historias.

 

"Esta es la realidad. Podrás tener coaching, te podrán guionar los discursos, podrás poner carita de buena, aunque a mí nunca me salieron las caritas de buena, pero es así", disparó Cristina en el que fue casi su único dardo dirigido directamente a la dirigencia macrista.

 

Antes, la ex presidenta había anunciado el eje de su alocución, al comenzar su discurso haciendo referencia al "fantasma del desempleo, la flexibilización laboral y los bajos salarios", además de "los precios por las nubes, las tarifas impagables" y el endeudamiento a 100 años, anunció el Gobierno. "No me parece justo que estemos sufriendo, que nos hayan desorganizado la vida así, la gente tenía la vida organizada. La gente podía planificar a fin de mes, sabía lo que podía gastar y ahorrar, sabía lo que podía separar para las vacaciones. Eso es tener la vida organizada, y eso es lo que han venido a romper", definió Cristina.

 

"Hijo de puta", coreó la militancia. "No gastemos las energías en insultos ni en agravios, gastemos en organizar a nuestros compatriotas", los detuvo la ex mandataria y rápidamente convocó "a la unidad ciudadana, de todos los argentinos y argentinas", abandonando el vocablo "compañeros" de la tradición peronista. "De eso se trata unidad ciudadana, de representar los intereses de hombres y mujeres de carne y hueso", reforzó, apelando a todos los afectados por las políticas del Gobierno macrista, más allá de los colores partidarios. 

 

El peronismo, presente en la militancia, quedó afuera de toda mención en el acto. No hubo simbología que lo representara ni marcha que diera cuenta de la pertenencia partidaria de la enorme mayoría de los presentes. Cristina, que decidió arriesgar todo en su jugada de armar el Frente de Unidad Ciudadana por fuera del PJ, encerró a  la dirigencia en "la endogamia de los partidos".

 

"Los dirigentes terminan creyéndose más importantes que la sociedad. Yo quiero ser parte de un movimiento político donde lo importante es el pueblo", cerró la puerta la ex presidenta, que esquivó en todo momento las definiciones electorales. "Cristina senadora", gritó la militancia. "Yo he tenido en mi vida todos los honores y todos los cargos que me han dado ustedes. Vengo ahora a sumarme como una más, a poner el cuerpo, la cabeza y el corazón", respondió la ex mandataria y le agregó una dosis de suspenso al cierre electoral.

 

En primera fila de la platea la escuchaba su hijo, Máximo Kirchner, que ni bien llegó se ubicó entre los leales Jorge Ferraresi, Mario Secco y Juan Patricio Mussi, integrantes del núcleo duro de intendentes que nunca se desmarcó del kirchnerismo. Cerca se sentaron el intendente de Ituzaingó, Alberto Descalzo, y los diputados Axel Kicillof y Andrés "Cuervo" Larroque.

 

Una fila más arriba estuvieron Eduardo "Wado" de Pedro y Daniel Scioli, los intendentes Martín Insaurralde, Mariano Cascallares, Walter Festa, Gustavo Menéndez, Ariel Sujarchuk, Alberto Descalzo, Julio Pereyra y Francisco Durañona; el presidente del PJ Bonaerense, Fernando Espinoza; los diputados nacionales Rodolfo Tailhade, Darío Martínez, Cristina Álvarez Rodríguez, Juliana Di Tullio, Cristina Álvarez Rodríguez, Gustavo Arrieta, Carolina Gaillard, Marcos Cleri, Juan Manuel Huss; los ex ministros Carlos Tomada, Agustín Ross, Aníbal Fernández, Daniel Filmus, Teresa Parodi y Sergio Berni; los dirigentes Martín Sabbatella y Leopoldo Moreau entre otros. Antes del acto, habían llegado las adhesiones de Alberto Rodríguez Saá y Estela de Carlotto.  

 

Sobre el final, aunque lejos del discurso enfervorizado de los actos kirchneristas, Cristina llamó  a "no bajar los brazos" y "construir algo mejor" de lo que existe hasta ahora. Parte de la militancia sintió que faltaba algo. "Fue un cierre raro, le faltó un poco de fuerza", salió, algo desconcertado, un hombre de barba con la bandera argentina anudada al cuello.

 

No hubo lugar para la marcha peronista. El himno nacional agitó las banderas del cierre. Después, volvieron Los Redondos. "Banderas en tu corazón", cantaba un camporista que salía de la mano de su compañera, sin saber, todavía, si este año encontrará otra vez la boleta de Cristina en el cuarto oscuro.