PRECIOS Y TASAS ALTAS

La inflación desatada abrió una guerra de guerrillas entre el BCRA y el Gobierno

La gestión de expectativas de Sturzenegger no llegó a cumplir objetivos en la previa a octubre y hay presiones para subir la meta inflacionaria. Los privados ya reportan que estará en 20% o más.

En los últimos días ocurrió algo en Brasil que está relacionado con la actualidad local y que es un caso que algunos funcionarios observan cada vez con menos prejuicios. En marzo, el consumo en el país vecino cayó 1,9% y fue el peor mes del gasto hogareño en 14 años. En este escenario, y según publicaron medios brasileños, en el Banco Central vecino ya se trabaja en la reducción de tasas de interés para que la economía no vuelva a caer cuando, precisamente, empezaba a haber señales de una mejora. El de Brasil es un esquema flexible de tasas y de metas de inflación, que adapta en base a la evolución de los indicadores.

 

Argentina tiene el mismo régimen de metas de inflación y tasas, pero con una diferencia sustancial: se sigue a rajatabla desde el Banco Central (BCRA) el objetivo único. Que la inflación, que para una parte del Gobierno Nacional tiene raíz sólo monetaria, se reduzca a cualquier precio para llegar a la meta de entre 12 y 17%. En su defecto, si queda por encima, que no sea demasiado por encima. Es que el esquema de metas de inflación tiene un alto componente de expectativas. La decisión del jefe del BCRA, Federico Sturzenegger, de mantenerse firme en el cumplimiento de los objetivos, empezó a generar miradas encontradas desde algunos lugares del Gabinete nacional. Desde el punto de vista político, es hasta lógico: más allá de las aún elevadas tasas de interés que congelan la actividad económica, hay también un rebrote inflacionario que ya no tiene que ver únicamente con el impacto que en algún momento tuvieron los aumentos de tarifas de servicios públicos. Todo esto se da a meses de las PASO que en octubre redundarán en elecciones Legislativas. A esta altura del campeonato, el Presidente de la Nación, Mauricio Macri, ya se esperaba un escenario un poco más virtuoso, menos estático y, sobre todo, con los precios domados. Algo que lejos estuvo de ocurrir en la última medición del INDEC, que reportó una inflación núcleo (precios no regulados y canasta básica) superior al 2%.

 

Pero en el Central la teoría flexible de los brasileños es casi una aparición demoníaca. No piensan correrse de la meta por dos razones: la primera, en Brasil esa modificación le agregó aún más inflación a la inflación ya existente; y la segunda, Sturzenegger no considera que hace más que política monetaria, no digita decisiones de política económica. Ergo, para el BCRA no hay año electoral y mucho menos exigencias en base a necesidades políticas.

 

Por el lado del Ejecutivo lo que reina es la confusión. En la Jefatura de Gabinete saben que el BCRA es el único que está intentando, sin éxito, hacer algo para combatir la disparada de precios. Pero a la vez observan que, más allá del descarte de una economía de pie para octubre, es necesario mejorar la coyuntura con más actividad. Algo que por ahora sólo se ve en la obra pública, hablando de sectores que generan volumen de empleo. Los vicejefes de Marcos Peña en Gabinete se preocupan por el tema. Cuentan en el entorno que Mario Quintana es el más estresado. Es natural cuando casi todas las responsabilidades ministeriales recaen en esa cartera suprema, que tiene una conducción por demás exigente para los propios y los extraños.

 

Esta guerra de guerrillas por qué hacer con los precios y con la actividad se enfrenta además a episodios exógenos. Por caso, casi todos los privados empezaron a recalcular no sólo las metas de crecimiento del PBI, sino también los niveles de inflación. El banco español BBVA Francés, que opera en la Argentina, informó que el crecimiento que el Gobierno estima casi en 4% será de 2,8%. Pero el dato más fuerte es que la inflación núcleo “no cede” y que llegará a fin de año cerca del 20%. Para el sector privado, ese cálculo es de los más conservadores, todas las consultoras la ven más cerca del 25%. En cualquier caso, todos los números superan ampliamente a lo presupuestado para 2017.

 

En este escenario, además, los consultores empiezan a responsabilizar al BCRA por la situación. Lo hacen ante los medios de comunicación, un detalle que el Gobierno mirá con mucho detalle. En síntesis, además del problema mencionado, hay uno que en este contexto es superior. Más allá de acuerdos o desacuerdos con la política implementada por el BCRA, el banco que conduce Sturzenegger se juega en esta batalla su credibilidad a futuro. Si sucumbe ante las exigencias políticas y aminora las tasas, corre el riesgo de una disparada inflacionaria y una mala señal a inversores. Si no lo hace, suma un riesgo extra a las posibilidades electorales de Cambiemos. A la luz de los hechos, la disputada será prolongada pero siempre silenciosa.

 

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