“Lo que ustedes llaman aciertos son errores, los que reconocen como errores son crímenes y lo que omiten son calamidades” Carta Abierta de un escritor a la Junta Militar, Rodolfo Walsh.
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En cada aniversario del Golpe de Estado cívico – militar perpetrado el 24 de marzo de 1976, el llamado al recuerdo de lo acontecido se vuelve ineludible. Pero la coyuntura de hoy nos tiende la trampa de creer que el ejercicio de la memoria puede ser una cuestión para dejar en segundo plano en medio de un escenario de ajuste, desempleo y pérdida de poder adquisitivo. Está claro, la realidad nos indica que lo urgente se manifiesta en preservar el trabajo, en sostener los derechos básicos, en no retroceder en las condiciones de dignidad para los trabajadores, los estudiantes, los jubilados.
Sin embargo, la encrucijada en la que nos quieren meter es el laberinto del que se sale por arriba. La memoria, ese paraíso del que no nos pueden expulsar, es nuestro único refugio. Pero no solamente para recordar a los 30 mil y condenar el genocidio, sino que la memoria es el lugar desde donde debemos partir para construir un futuro de inclusión, igualdad y democracia para el pueblo argentino.
El plan represivo puesto en marcha por la dictadura se encargó de detener, torturar y desaparecer, de robar bebes e instaurar el terror en cada rincón del país. Pero también dispuso la entrega de los recursos nacionales, el endeudamiento feroz, la miseria planificada de millones de argentinos a través de un plan económico cuyo único objetivo fue favorecer a grupos concentrados en detrimento de la inmensa mayoría del pueblo. Ese mismo proyecto entreguista es el que hoy sufre la clase trabajadora en nuestro país y atenta contra nuestros jóvenes y jubilados, impulsado por el Gobierno desde el 10 de diciembre de 2015.
Hoy vemos como aquellos grupos concentrados que fueron cómplices y se beneficiaron con el plan de la dictadura impulsan un proyecto económico de endeudamiento y ajuste a los trabajadores que solamente se sostiene desde la represión a las manifestaciones populares y la persecución a dirigentes. Que no nos ataque el asombro, es el mismo plan económico con la coyuntura del caso. Solo basta ver las medidas tomadas por este gobierno que incluye apertura de importaciones, achicamiento del Estado y quita de derechos reconocidos a sectores vulnerables que estamos ante la remake del entreguismo neoliberal.
Pero en esta realidad no debemos postergar las banderas de memoria, verdad y justicia. Por el contrario, debemos levantarlas más alto que nunca. Supimos recuperar los derechos humanos como política de estado gracias al coraje y la decisión política de Néstor y Cristina, quienes al mismo tiempo llevaron adelante 12 años de inclusión, trabajo y crecimiento en nuestro país. No es casualidad que simultáneamente con el proyecto económico neoliberal, el gobierno de Macri le quite respaldo a estructuras tanto en el orden nacional como provincial que aportan datos y son fundamentales para llevar adelante los juicios por crímenes de lesa humanidad y se sucedan las declaraciones de funcionarios poniendo en duda la cantidad de compañeros detenidos – desaparecidos durante la última dictadura. Debemos ser claro: son 30 mil. Y no se trata de una mera cuestión matemática, sino de un modo de concebir la historia reciente de nuestro país. Este cuestionamiento por parte de dirigentes de este Gobierno significa restaurar la denominada “teoría de los dos demonios”, menospreciar la lucha histórica de Madres, Abuelas y familiares de desaparecidos y, sobre todo, se trata de justificar la utilización del aparato represivo del Estado por parte de la dictadura. Una canallada más del macrismo, que no se detiene en mancillar la memoria.
A este proceso de avasallamiento de derechos que impulsa el gobierno nacional solamente le pone un freno la resistencia popular sostenida desde la conciencia histórica. Por eso marchamos este 24 de marzo a Plaza de Mayo, como cada año. Para que sepan que el pueblo argentino ha decidido construir un proyecto de país inclusivo y democrático. Con trabajo, crecimiento y recuperación de nuestros recursos. Y con la decisión definitiva de sostener la memoria, la verdad y la justicia como base fundamental de la democracia.