Se estira la definición

En Perú, el voto de la izquierda llevaría al liberal PPK al gobierno

Final abierto en el ballotage. Menos de medio punto separaba al veterano Kuczynski de Keiko Fujimori. Aunque pierda, la hija del ex presidente controlará el Congreso.

La paridad que marca el escrutinio provisorio –al cierre de este artículo, 0,34% en un padrón de 23 millones de electores– impide hacer un análisis definitivo del ballotage peruano, pero es posible ensayar algunas pinceladas que expliquen el porqué de ese virtual empate entre los candidatos Pedro Pablo Kuczynski y Keiko Fujimori, representantes de las alianzas Peruanos para el Kambio y Fuerza Popular respectivamente.

 

En la elección general, la diferencia a favor de la hija del ex presidente Alberto Fujimori (1990-2000) fue de casi 20 puntos, lo que en principio hacía difícil pensar en un resultado distinto en la segunda vuelta, pero, como anticipaba Letra P en la previa de la elección e incluso en un análisis posterior a la primera vuelta, así como Keiko debe casi todos sus votos al recuerdo positivo que genera el gobierno de su padre en gran parte de los peruanos (seguridad, estabilidad económica, origen popular), PPK le debe su triunfo provisorio al rechazo que ese mismo recuerdo provoca en la otra mitad de la sociedad peruana (autoritarismo, corrupción, violencia).

 

A tal extremo llega ese rechazo que PPK –un candidato de ideología liberal, pro mercado– podría llegar a la Presidencia gracias a los votos de los peruanos de izquierda y/o pro Estado. En la semana previa a la elección, Verónica Mendoza, ex candidata presidencial por el Frente Amplio, la alianza izquierdista que quedó tercera en la elección general con casi el 20% de los votos, se desdijo de su postura inicial de votar en blanco y pidió elegir “en contra de Fujimori”, lo que claramente significaba votar a PPK.

 

Queda pendiente saber si Mendoza cambió su postura porque efectivamente la dirigencia frenteamplista temió y teme la vuelta de un espacio político que, cuando gobernó, persiguió a la izquierda, porque percibe que su electorado y su potencial electorado –los sectores empobrecidos– están en disputa con el populismo fujimorista y lejos del elitista PPK o si se dio cuenta de que su base electoral ante la posibilidad de un  triunfo de Keiko no iba a hacer caso a su recomendación e iba a votar, de todos modos, en contra de ella e iba a desacreditar el flamante liderazgo de Mendoza.

 

Lo cierto es que, en el Cusco y la zona sur del país, donde la izquierda obtuvo los mejores resultados, la diferencia a favor de PPK fue más amplia de lo que anticipaban los sondeos previos. Es interesante observar el escenario en Cajamarca. En esa zona gobierna la izquierda, que acompaña la resistencia de la población local, sobre todo de los pueblos originarios, a la implementación del proyecto minero Tía María, que es rechazado por los daños ambientales que provocaría.

 

PPK, al igual que casi toda la dirigencia política peruana, es pro minería e incluso en su plataforma electoral propone bajarles los impuestos a las empresas del sector, principal motor de la economía peruana. Keiko, en cambio, desmarcándose de la gestión pro minera de su padre, se mostró contraria a Tía María. Sin embargo, puestos a elegir, en Cajamarca una abrumadora mayoría, de más del 60%, optó por PPK.

 

Por lo tanto, no es ilógico suponer que los veinte puntos de diferencia que le sacó Keiko en la primera vuelta, PPK los habría recuperado de la mano de la izquierda peruana, que sumó un número similar en la elección.

 

Sutilmente, el desprestigiado gobierno de Ollanta Humala –su candidato se bajó antes de la elección por la falta de apoyo popular– también colaboró con la remontada de PPK. Dos días antes de la elección, una sorpresiva requisa en el Penal Naval del Callao donde está recluido Vladimiro Montesinos, ex agente de la CIA y “monje negro” del gobierno de Fujimori detenido por venderle armas a las FARC colombianas, entre otros delitos, le encontró al ex jefe de Inteligencia fujimorista un teléfono con el cual se comunicaba con el exterior. La vinculación que fomentaron los medios opositores fue inmediata: Montesinos asesoraba a Keiko desde la cárcel.

 

Por último, analistas locales apuntan a la remontada de PPK, su rol en el último debate presidencial, el 29 de mayo en Lima, donde el veterano economista se mostró decidido e incluso agresivo con su contrincante, alejando la imagen del anciano débil que promovía el fujimorismo. “Tú no has cambiado pelona (en la jerga peruana, hace referencia a que el maquillaje no cambia la esencia de las personas)”, le disparó PPK a su rival, buscando desmontar la propaganda fujimorista que buscó instalar un “giro al centro” del espacio, aprendiendo de los “errores” del gobierno de Fujimori.

 

Pero ganar la elección no es el principal problema que tiene PPK. De la mano del contundente triunfo en la primera vuelta, Fuerza Popular obtuvo una importante mayoría en el Congreso peruano –72 diputados sobre 130– y eso le da la llave de todas las leyes que requiera el gobierno. El propio o el de PPK.

 

Gustavo Valdés apareció este viernes junto a su hermano, Manuel Valdés. 
Mauricio Macri

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