Elecciones en España

La fortaleza de Rajoy y el dilema socialista

Los comicios de este domingo agrandaron la figura del líder del PP y debilitaron a Iglesias como alternativa al sistema bipartidista. A ninguna fuerza le dan los números para gobernar.

Con los resultados ya confirmados, es posible realizar algunas reflexiones sobre la elección en España que, en principio, al igual que en diciembre pasado, no deja un ganador con mayoría parlamentaria propia, pero ratifica al conservador Partido Popular como la primera minoría.

 

En principio, la participación de más del 60% de los empadronados, aunque baja, fue mayor que la de la elección anterior, lo que demuestra la voluntad de los españoles por definir su gobierno después de seis meses de incertidumbre. En el mismo sentido puede leerse el leve, pero concreto, repunte del actual presidente, Mariano Rajoy, que ahora está más fuerte que antes, aunque no tiene el número suficiente de parlamentarios.

 

El PP mantuvo el primer lugar con el 33% de los votos y sumó 14 escaños respecto a 2015 para llegar a 137 sobre un total de 350. Este resultado debilita la posibilidad planteada sobre todo por los centristas de Ciudadanos, pero también por sectores del PSOE de acordar con el PP pero sin Rajoy. Los escándalos de corrupción y la continuidad de la crisis no parecen haber impactado más de la cuenta en las filas conservadoras, donde la campaña del miedo contra el eventual – ahora relativizado – crecimiento de los populistas de izquierda de Unidos Podemos parece haber servido para reforzar el voto conservador para los populares.

 

Para el PSOE el resultado es ambiguo. 22,6% de los votos y 85 bancas sobre 350. Haber perdido cinco escaños respecto de diciembre, empeorando lo que ya había sido su peor resultado histórico, parecería a priori un desastre electoral. Sin embargo, al haber mantenido el segundo lugar y, sobre todo, al haber impedido que la alianza de Podemos e Izquierda Unida lo desplazara de ese sitio, le alarga la vida al histórico partido que se mantiene como la primera alternativa de izquierda contra el conservadurismo.

 

El dilema que tienen ahora los socialistas es qué decisión tomar respecto de la conformación del gobierno. Siendo altamente improbable la posibilidad de un gobierno de izquierda con Unidos Podemos y nacionalistas de izquierda, quedan dos opciones: avalar con la abstención o con el voto crítico la continuidad de Rajoy o forzar una tercera elección. Si optan por lo primero corren el riesgo de perder el sitial, retenido con esfuerzo, de principal partido de izquierda, pero, si optan por la segunda opción, pueden pasar a ser visualizados como antisistema y también en ese eje pueden perder con Unidos Podemos, que es el antisistema “original”.

 

Para Unidos Podemos, la elección fue negativa. Sumados los votos que por separado sacaron Izquierda Unida y Podemos en 2015, da arriba de un millón de votos más de los que sacaron ahora en alianza ambas fuerzas. Los pronósticos (incluso bocas de urna) que los colocaban en segundo lugar desplazando al PSOE no se cumplieron y, para colmo, el socialismo los acusa de haberle facilitado la eventual reelección a Rajoy al no haber apoyado al líder socialista Pedro Sánchez en 2015, cuando los números lo permitían.

 

Pablo Iglesias, el líder de Podemos destacó como contrapartida de estos datos duros la consolidación de su espacio (que hace tres años ni siquiera existía) con el 21% de los votos, los triunfos en Cataluña y el País Vasco y el mantenimiento de las 71 bancas respecto de la última elección. Poco para lo que se esperaba. Aunque es temprano para confirmarlo, puede que el triunfo del Brexit en el Reino Unido (y las alarmas que generó en Europa) hayan desalentado a muchos votantes de este espacio antisistema.

 

Por último, el peor resultado fue sin duda para Ciudadanos. El partido de Albert Rivera, surgido como alternativa por el centro para los votantes del PP y el PSOE enojados con la corrupción, pero temerosos del discurso antisistema de Iglesias, obtuvo apenas el 13% (con 400 mil votos menos que en diciembre) y su bancada se redujo de 40 a 32 diputados. Tampoco tuvo éxito en su particular pulseada contra Rajoy, quien, como mencionábamos antes, salió favorecido ante quienes pedían su cabeza como requisito para apoyar al PP. Está claro que los 400 mil votos que se le fueron prefieren la continuidad de Rajoy antes que la incertidumbre o un triunfo de la izquierda. Lo único positivo para Rivera es que un eventual acuerdo PP+Ciudadanos quedaría a solo siete bancas de la mayoría y con algún acuerdo sectorial con los partidos nacionalistas podría llegar a formar gobierno.

 

Finalmente, con 24 escaños las formaciones nacionalistas de Cataluña y Euzkadi tienen la llave para darle gobierno a España, ya que, con sus votos, un acuerdo por derecha de PP+Cambiemos o uno por izquierda de PSOE+Unidos Podemos llegaría al número clave de 176 diputados. La paradoja es que los nacionalistas son ahora también soberanistas y la condición que ponen para ayudar a formar gobierno en España es… que los dejen irse de España. por lo que un pacto con ellos de parte de los partidos españolistas es prácticamente imposible.

 

La presión de la elite económica y mediática está puesta sobre todo en un acuerdo PP+PSOE, pero no es fácil ese cierre que corre a los socialistas a la derecha y permitiría lo que justamente el establishment quiere evitar a toda costa: crecimiento de Podemos. 

 

Javier Milei junto a gobernadores en Tucumán.
El equipo de la justicia electoral en pleno armado de las urnas para distribuir en toda la provincia de Buenos Aires - Foto: Letra P

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