Más en la tierra que en el cielo

Colombo, el espía que terminó de romper la relación de Macri y el Papa

El Gobierno busca designar en la Embajada en Roma a un ex SIDE que ya ocupó ese cargo durante el menemismo, lo que encendió las alarmas del Vaticano.  También pasó por el gobierno PRO en la Ciudad.

No fue sólo el aporte de fondos con reminiscencias diabólicas del Estado nacional a Scholas Occurrentes lo que terminó de quebrar la relación entre el Papa Francisco y el presidente Mauricio Macri. En simultáneo al rechazo a la donación de 16.666.000 pesos del Poder Ejecutivo al programa papal, el Vaticano terminó de cortar los delgados hilos que aún lo unían con Casa Rosada por una guerra de espionaje. Una guerra que tiene nombre y apellido: Alejandro Colombo, un ex delegado de la ex SIDE en Roma durante el menemismo al que el Gobierno nacional tiene decidido devolver su antiguo puesto para, según las sospechas de Jorge Bergoglio, poner los servicios de inteligencia argentinos a metros de la Casa de Santa Marta, donde reside el Sumo Pontífice.

 

La olla la destapó este sábado el legislador porteño Gustavo Vera, el vocero más confiable que tiene Francisco en la Argentina. En medio de una serie de declaraciones en las que despotricaba por el aporte a Scholas, que interpretó casi como un intento de dádiva de Macri al Papa, apuntó a la “designación de Colombo” en la Santa Sede. La que, según Vera, fue solicitada por el ex director de Operaciones de la ex SIDE, Antonio Horacio “Jaime” Stiuso.

 

Esa designación es la que la embajada argentina en Roma espera efectivizar en los próximos días. El Ejecutivo decidió reponer a Colombo en el mismo puesto que ocupó durante nueve años en Roma, años en los que tejió un estrecho vínculo con Esteban Caselli, ex subsecretario general de la Presidencia de Carlos Menem y ex embajador en el Vaticano designado por el riojano, además de ser un archienemigo de Bergoglio en la interna eclasiástica.

 

En silencio, el Gobierno ordenó el traslado de Colombo a Roma, para que asuma como consejero, cuarto rango en la pirámide diplomática –después del embajador y los ministros de primera y de segunda-, lo que le reportará ingresos mensuales por encima de los 10 mil euros. En el Vaticano le achacan el nombramiento de Colombo al jefe de Gabinete, Marcos Peña, el funcionario al que señalan como el autor intelectual de varias de las decisiones que sacuden la relación entre Macri y Bergoglio.

 

VINCULOS PRO. Si el Gobierno nacional no termina frenando su designación como un gesto hacia Francisco, no será esta la primera vez que Colombo consiga trabajo a la orden del macrismo. El ex enviado de la SIDE a Italia y España cobró en 2010 como asesor de la Dirección General de Relaciones Internacionales del Gobierno de la Ciudad, a donde lo llevó quien era el jefe de esa área y ahora ocupa la Secretaría de Asuntos Estratégicos de la Jefatura de Gabinete de la Nación, Fulvio Pompeo. Fue en la misma época en que a Macri le estalló el escándalo de las escuchas ilegales, por el que terminó procesado, y por el que hay dos detenidos: el ex comisario y ex jefe de la Policía Metropolitana, Jorge “Fino” Palacios, y el espía Ciro James.

 

Colombo tuvo también un paso, aunque más corto, como agregado de Inteligencia en la embajada argentina en Madrid. Hasta allí fue trasladado por el jefe de la SIDE durante la presidencia interina de Eduardo Duhalde, Miguel Ángel Toma, y removido en 2004 por el entonces presidente Néstor Kirchner. La relación entre Colombo y Toma va mucho más allá de lo laboral. Se tornó personal y es de extrema confianza.

 

Otras fuentes suman al legajo de Colombo un paso por la Metropolitana, cuando Palacios estaba a cargo, y aseguran que entraba sin golpear a los más influyentes despachos del Ministerio de Seguridad porteño, cuando lo dirigía Guillermo Montenegro. También lo une al “Fino” otro caso. Colombo fue uno de los agentes de la ex SIDE, junto con Stiuso, de más acceso al expediente de inteligencia de la causa AMIA. La misma causa por la que fue procesado Palacios, otro actor del mundo de los servicios relacionado al espía que Macri quiere poner a trabajar en Roma.

 

Colombo construyó en Roma una amistas con Esteban Caselli, referente de la Orden de Malta –orden militar vinculada al Vaticano desde las Cruzadas- que durante largos años fue el argentino con más influencia en la Santa Sede. Caselli es un histórico enemigo de Bergoglio y encabezó el lobby, tras la renuncia de Benedicto XVI, para que al papado que hoy ostenta Francisco llegue el otro argentino en carrera, el cardenal Leonardo Sandri, miembro del ala más conservadora de la Iglesia que resistía la elección del entonces arzobispo de Buenos Aires.

 

Caselli se jactaba de poner y sacar obispos en varios países de Latinoamérica, poder que se magnificaba en la Argentina. Eso disparó su enfrentamiento con Bergoglio. Algunos ex funcionarios recuerdan cómo, con orgullo, llevaba a sus familiares a conocer el despacho que tenía en Casa Rosada durante el menemismo, donde era el número dos de Eduardo Bauzá. El poder acumulado lo llevó a conseguir años más tarde una banca en el Senado italiano, como representante de los italianos residentes en el exterior, donde fue parte del oficialismo que encarnaba el magnate Silvio Berlusconi.

 

Para Bergoglio, la disputa con Caselli era algo personal. Por eso, apenas puso un pie en Roma, a “el Obispo” –como lo llamaban a Caselli en la rosca política y clerical- se le cerraron muchas puertas en el Vaticano. El mismo precio pagó su hijo Antonio, otro que hizo carrera enrolado en la Cruz de Malta, empresario inmobiliario que desde hace años lucha sin éxito por la presidencia de River. Por todo esto es que, para el Papa, se torna imperdonable que Macri haya mandado como jefe de inteligencia en la embajada a Colombo.

 

Gustavo Valdés firmó convenios con Guillermo Francos. 
Javier Milei en la Bolsa de Comercio.

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