Política

Las huestes de La Cámpora sumaron una nueva tarea: vigilar a los gerentes del Banco Nación

Por Antonio Rossi.- En varias zonas agrícolas de las provincias de Santa Fe y Buenos Aires, los referentes de La Cámpora han finalizado el año 2014 desplegando una llamativa e inédita tarea que poco tiene que ver con las banderas del “proyecto nacional y popular”.

De acuerdo con lo manifestado por varios dirigentes agropecuarios del interior, los principales militantes camporistas que han sido contratados en las delegaciones de la ANSES y el PAMI están controlando a los gerentes del Banco Nación (BNA) para que cumplan al pie de la letra la directiva oficial que ordena bloquear los créditos a los productores de soja que no hayan vendido todas los granos que tengan acumulados.

 

Ante las primeras señales de resistencia a la medida que se registraron en algunas sucursales bonaerenses y santafesinas, el timonel del BNA, Juan Ignacio Forlón—amigo y compañero del colegio secundario de Máximo Kirchner—acordó con los líderes nacionales de La Cámpora llevar adelante una especie de “veeduría” no oficializada para que los jerárquicos del banco no miren para otro lado a la hora de castigar a los chacareros que retuvieron buena parte de sus stocks de soja.

 

En determinados lugares, la irrupción de los referentes camporistas en las sucursales del BNA pidiendo las carpetas de los productores agropecuarios habría generado varios cortocircuitos y situaciones tensas por la actitud de los gerentes más antiguos que no aceptaron ser vigilados, ni fiscalizados por gente ajena a la entidad bancaria.

 

Las trabas del BNA a los productores para acceder a la asistencia crediticia que venían recibiendo en los últimos años habían comenzado en las primeras semanas de 2014. Mediante una circular reservada, la cúpula del BNA instruyó a los gerentes del interior para que restringieran hasta un 20% los montos vigentes de los préstamos para capital de trabajo y gastos operativos.

 

Esa movida afectó a varios miles de productores que vieron limitadas las operaciones de descuento de cheques, cobertura de descubiertos y compra de insumos con tarjetas de crédito.

 

A partir de noviembre, la represalia de la administración kirchnerista se profundizó con una nueva orden a los gerentes del BNA para que mantuvieran las asistencias crediticias sólo a aquellos productores que hayan vendido todas sus cosechas de soja y que acrediten la no existencia de silobolsas en sus campos.

 

El “castigo” que decidió aplicar el Gobierno a los productores agropecuarios que no habían vendido todos sus granos a los exportadores tuvo varios coletazos negativos que afectaron a casi todos los eslabones de la cadena productiva del campo.
El recorte de las líneas crediticias tradicionales provocaron una caída del 10% al 20% en las ventas de agroquímicos, fertilizantes y semillas.

 

Otro rubro que se vio perjudicado fue el de los constructores de galpones y silos, cuyas facturaciones declinaron casi un 30% con respecto a la actividad de 2013.

 

Pero sin dudas, los que más daños sufrieron por la restricción de los créditos al agro del BNA fueron los fabricantes de maquinarías y tractores.

 

Según los datos oficiales, entre enero y octubre de 2014 las ventas globales de sembradoras, pulverizadoras, cosechadoras e implementos agrícolas registraron una caída del 32% con respecto a igual período de 2013.

 

El descenso de las compras domésticas por la falta de crédito y la decisión de los productores y contratistas de postergar inversiones puso en estado de alerta a los fabricantes de maquinarias agrícolas. En pymes y grandes fábricas, este sector cuenta con 870 empresas, de las cuales el 44% se encuentran radicadas en la provincia de Santa Fe; el 25%, en Córdoba y el 22% en el territorio bonaerense.

 

El derrumbe de las ventas internas también alcanzó a las grandes proveedores internacionales de maquinarias. Entre enero y octubre, las compras de cosechadoras importadas bajaron casi un 80% con respecto al mismo período de 2013. Y en el caso de los tractores importados, la demanda acumuló una caída interanual cercana al 50%.

 

El gobernador Maximiliano Pullaro y Patricia Bullrich durante una de las visitas de la ministras a Rosario.
El presidente Javier Milei y la gerenta del FMI Kristalina Georgieva. 

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