Si bien las publicaciones salen como cualquier otro día, los trabajadores no salen a la calle a vender.
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Si bien las publicaciones salen como cualquier otro día, los trabajadores no salen a la calle a vender.
La primera vez que se escuchó el grito de un vendedor de diarios fue en 1867 cuando anunciaba “¡La República! ¡La República!”, el nombre de un diario que ideó la forma de venta directa.
Debido a su éxito, esta costumbre fue adoptada por otros diarios, creándose así una nueva fuente de trabajo.