Sociedad

El mamarracho de la AFA en su máximo esplendor

En esta semana se está viviendo una insólita situación, producto de un reglamento que tiene muchas grietas, es injusto y –como nunca- desnuda en esta ocasión el mal manejo que Julio Grondona impone desde hace muchísimo tiempo, transformando los destinos de la competencia en temporadas desiguales, desorganizadas y polémicas. Por estas horas se reúnen los dirigentes para tratar de inventar algo que salve las papas, por lo menos para disimular transitoriamente esta desprolijidad, que podría tener como protagonista a Tigre campeón sin saber si el año que viene juega contra Boca o Deportivo Merlo.

Llegó el final de una temporada histórica en nuestro fútbol, con River en la B, el nacimiento de la Copa Argentina y, ahora, con la posibilidad concreta de que sea otro grande -San Lorenzo- el que pueda llegar a descender. El dato saliente es la posible consagración de Tigre, que a la vez puede llegar a quedar condenado a jugar la promoción para mantener la categoría.

 

Esa paradoja es el ejemplo más fiel de lo raro que es el reglamento de la AFA. Y como si fuese aún más irrisorio, nadie tiene la explicación fehaciente de qué puede llegar a suceder en caso de que finalmente el equipo de Arruabarrena termine primero pero a la vez con el promedio condenándolo a la promoción. Nadie lo sabe, nadie lo explica. ¿Cómo puede ser que a esta altura y con tanto revuelo por la reformulación de los torneos no se haya contemplado esta situación?

 

Vuelve a quedar de manifiesto la injusticia y la contradicción que implican los promedios; esta pena matemática que castiga a los planteles por malas performances realizadas en años anteriores, ocasionadas por jugadores, técnicos y dirigentes que nada tienen que ver con los presentes protagonistas, que hacen las cosas tan bien que ¡son casi campeones y pueden descender al mismo tiempo!

 

Nos damos el lujo de mantener este sistema, que fracasó en todas partes del mundo, hace muchos años.

 

Nadie tiene la certeza de las fechas y horarios de los partidos, nadie sabe cuándo se define el torneo, y la copa, menos. Todo es endeble y está sujeto a la contingencia de una realidad que avanza a los tumbos, mal comandada por quienes se encargan de eso, y que –de más está decirlo-, no son ni jugadores ni hinchas. Muchas veces, realmente cada uno hace lo que quiere, si total parece que todo vale.

 

Domingo tras domingo se siguen sucediendo hechos lamentables. Sin ir más allá, y para no citar un sinfín de ejemplos, hace menos de dos semanas mataron a un hincha en una tribuna, y nada pasa.

 

Dirigentes sospechados de manejos corruptos, barras bravas que continúan haciendo lo que quieren en los clubes, declaraciones de protagonistas que comprometen a varios por coimas e incentivación, y más, son el contexto de esta conducción, de este reglamento sostenido a rajatabla llamativamente por los mismos clubes, que cuando llega la hora de levantar la mano y votar, lo hacen como si fuese un trámite.

 

Matías Moscoso
tw @matomosco

 

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