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Néstor no se murió: ¿vive en el peronismo federal?

En medio de tantos traspiés económicos, políticos y éticos recientes, a Javier Milei hay que reconocerle una victoria resonante: la de haber impuesto en el debate, incluso a nivel popular, la idea de que la Argentina de este tiempo no puede vivir sin equilibrio fiscal. Ese punto nodal de la "batalla cultural" comienza ahora a hacer carne en el peronismo.

El concepto de que el país necesita estabilidad, mejorar y no empeorar en materia de inflación, recaudar más que lo que gasta y no financiar agujeros presupuestarios con emisión monetaria fueron banderas enarboladas por Néstor Kirchner en su discurso de asunción de 2003. Ahora son retomadas, por caso, por el llamado peronismo federal Alternativa Nacional– y son rescatadas, acaso más cautelosamente, por Axel Kicillof y hasta por el camporismo.

Las dos caras de Néstor Kirchner

Se recuerda aún la obsesión de Kirchner por el seguimiento cotidiano de los grandes números macro –también los de gasto y recaudación, pero también puede alegarse con razones que él mismo fue abandonando esos mandatos de prudencia.

Así fue primero con la eyección de Roberto Lavagna en medio de la insistencia del entonces ministro de Economía de contener el gasto público en alza y, dado que la actividad crecía a "tasas chinas", hacer keynesianismo de verdad y destinar el excedente fiscal a un fondo anticíclico. Luego, con la intervención del INDEC. Finalmente, con su apoyo a la continuidad de medidas expansivas en el primer mandato de Cristina Fernández de Kirchner. Como la muerte lo sorprendió en octubre de 2010, es imposible saber cómo abordaría la problemática nacional de este momento.

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Néstor Kirchner con Roberto Lavagna.

Más allá de los vaivenes de discurso y praxis mencionados, llamó la atención el modo en que los tres principales referentes del peronismo federal, un armado que busca crecer desde la base dirigencial, por ahora sin una figura presidenciable realmente taquillera, salieron a rescatar al Néstor Kirchner fiscalmente responsable.

El peronismo que discute cómo ganar y, en todo caso, cómo gobernar sin darse la licencia de un segundo fracaso, empieza a discutir en la cancha delineada por Milei… y por el hartazgo social con la inflación.

¿Superávit fiscal? ¿Por qué?

La Argentina de los próximos años necesitará superávit fiscal. Es dentro de ese marco que se deben pensar políticas de necesaria reparación social. Fuera de él sólo existe el vacío.

Sin acceso a crédito, el país no tendría otro modo de solventar un rojo presupuestario que a través de emisión de moneda. El regreso a ese recurso –que no ha sido abandonado por Milei y Toto Caputo, pero sí severamente acotado– aseguraría una recaída en el mal de la altísima inflación sobre un piso en el que ese problema sigue sin resolverse y dado por enormes fragilidades sociales.

Hasta el más heterodoxo de los economistas admite que el déficit y su contracara de la sobreemisión monetaria son dos de las varias causas de la inflación. No es posible hacer como si eso no existiera.

Lo que cualquier propuesta de cuño popular, progresista o reparadora debería hacer es convertir en reflexión y acción política lo que en Milei es sólo dogma y disciplinamiento en el marco de un modelo pensado para una minoría.

Ecos de una "nueva canción"

El peronismo federal rescata al NK fiscalmente responsable con dos objetivos. Uno, validar un conjunto de ideas que trata de casar programa popular y aceptación –o al menos no rechazo– del Círculo Rojo. Dos, hacerse lugar en una interna que sigue muy ligada a la influencia del kirchnerismo.

Sin embargo, si se presta atención, la "nueva canción" de Kicillof tiene una segunda o tercera estrofa que habla de "orden macroeconómico" y de la imposibilidad de cebar las bombas del déficit fiscal y la emisión monetaria. Dado el paralelo abandono de expectativas sociales básicas generado por el actual gobierno, con él la cuestión pasa, en todo caso, por las dosis y los tiempos.

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Axel Kicillof muestra por goteo su "nueva canción".

Los principales referentes del camporismo tararean la misma molodía en sus off the record. Las diferencias entre ese sector y el del gobernador bonaerense se vinculan más con una pelea por el liderazgo y con rencores personales que con visiones económicas.

La melodía del peronismo federal

El peronismo federal es el más enfático en la idea del orden macro y, en los últimos días, con una apelación explícita a la figura de Néstor Kirchner.

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Guillermo Michel, Victoria Tolosa Paz, Juan Manuel Olmos y Federico Achával, caras visibles del nuevo peronismo federal.

Los diputados Guillermo Michel y Victoria Tolosa Paz coincidieron al postear en las redes sociales fragmentos del discurso de asunción de Kirchner del 25 de mayo de 2003, que llamaron a "recordar" y a "escuchar" por haber sido la base, escribió el primero, del "mejor gobierno desde la vuelta de la democracia".

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El otro referente del espacio, Juan Manuel Olmos, leyó el mismo fragmento en una entrevista en el canal de streaming Gelatina, referencia que reforzó al mencionar otros momentos fiscalistas del peronismo, como el "plan de estabilización" que el propio Juan Domingo Perón llevó adelante en 1952 "porque había crecido la inflación".

No es probable que este aporte de los federales al debate caiga bien en el cristinismo. Primero, por el uso algo selectivo de la figura de NK; segundo, porque rescatar esa faceta del expresidente implica señalar una deriva posterior, que se hizo más clara a mediados del primer mandato de Cristina y estalló plenamente en el segundo.

El camporismo, concediendo algo a la victoria cultural del mileísmo –a un rasgo de la realidad– explica ese extravío en las consecuencias de la crisis internacional de 2008, pero la tendencia excedió largamente ese evento.

Recordando a Néstor Kirchner

¿Qué dijo Néstor Kirchner el 25 de mayo de 2023 en el Congreso? Vale la pena repasarlo:

Todo un programa para un progresismo exitoso.

La Argentina de ayer y la de mañana

Es cierto que todo eso fue posible durante unos cuantos años virtuosos en buena medida por el "trabajo sucio" hecho por Eduardo Duhalde, no sin inequidades cuestionables como la "pesificación asimétrica", y por el violento salto del dólar y la inflación posteriores al estallido de 2001, que licuaron el gasto público en términos reales. Con todo, eso no invalida de ningún modo la experiencia.

Los niveles de superávit fiscal primario –antes del pago de una deuda que, se recuerda, el kirchnerismo recibió en default – fueron de 2,3% del PBI en 2003, de 3,9% en 2004, de 3,7% en 2005, de 3,5% en 2006 y de 3,2% en 2007. Sin pagos por la cesación de pagos mencionada y luego, por las condiciones de la renegociación de la deuda en 2005, esa enorme caja –más del doble que la que Milei y Toto Caputo generan con recortes inviables– le permitió al entonces presidente impulsar los salarios, la demanda y la actividad.

Sin embargo, esas condiciones no serán las que rijan el año próximo. Lo único parecido serán la actividad dañada, las demandas sociales insatisfechas, las condiciones de vida deterioradas, los servicios de salud y educación estropeados y la infraestructura abandonada. La disponibilidad de recursos resultará inversa.

Para asegurar niveles de superávit primario –generadores de ahorro paga pagar vencimientos que, por ahora, el mercado no refinancia– Milei recurre a una mezcla de hachazos ciegos al gasto, conversión de gasto devengado –presupuestado– en deuda flotante y, según advirtió el propio FMI, a una contabilidad creativa.

Entonces, ¿qué se propone el peronismo que rescata al Néstor fiscalista?

Los peronismos, ante el drama de la deuda

La restricción crediticia de la Argentina actual y, muy probablemente de la venidera, sobre todo si la gobernara el peronismo, limita drásticamente la posibilidad de incurrir en déficits porque su financiación monetaria atizaría un fuego inflacionario que dista de estar apagado.

Eso implica un cierto nivel de superávit primario, destinado a mostrarles solvencia a los acreedores. ¿Pero de cuánto? Al final, el problema es la deuda eterna, como repiten –sin diferencias notables– referentes como Cristina Kirchner, Máximo Kirchner, Kicillof y Michel, entre otros.

El riesgo es que la propia posibilidad de que emerja un gobierno peronista a partir del 10 de diciembre del año que viene podría revertir la mejora del riesgo país del último tiempo, todavía algo distante del tope de –digamos– 400 puntos básicos que haría viable la emisión de deuda nueva para pagar la vieja.

Ahí surge una primera limitación: lanzar bonos a esos niveles implicaría convaldiar tasas poco sostenibles en el tiempo, superiores al 8% anual en dólares, para peor en reemplazo de compromisos mucho más baratos –con tasas de la mitad o menos– con el Fondo Monetario Internacional y devenidos de la renegociación de Martín Guzmán en tiempos de Alberto Fernández.

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Martín Guzmán, observado con desconfianza por CFK.

En esto hay pocas diferencias entre los diferentes sectores del peronismo. El propio Michel propuso renegociar los 48.000 millones de dólares que se le deben al Fondo en base a un criterio que separe lo que el organismo le hubiese podido prestar al país en función de la cuota de este y de sus propios estatutos, del tramo "político" empujado por Donald Trump en 2018 en beneficio electoral de Mauricio Macri y el año pasado del mismo modo a favor de Milei. Este último, claro, sería honrado a un plazo más largo y en condiciones más blandas.

Esa idea coincide en el trazo grueso con las de CFK y Kicillof, pero al menos hoy resulta difícil de pensar por escapar a la normativa del FMI y requerir una reforma estatutaria respaldada por el grueso de la comunidad internacional que, en definitiva, conforma su Directorio.

El énfasis de los peronistas federales en mostrarse moderados apunta a que los tenedores privados no huyan en pánico del riesgo argentino y priven a un eventual gobierno peronista de la posibilidad del financiamiento. Aunque la idea es renegociar con el Fondo –acreedor privilegiado– y liberar así recursos para cumplir con los acreedores privados, un cierre definitivo del mercado voluntario convertiría una nueva renegociación de la deuda en manos de esos bonistas en una profecía autorrealizada.

El lado B del proyecto

Por razonables que sean, esas posturas "racionales" corren un riesgo: que agradar al mercado financiero influya en todo el sesgo de una eventual administración peronista.

Ya que se recuerda el legado de Néstor Kirchner, conviene rescatar la otra parte de su discurso de asunción: la necesidad de recaudar más, algo que hoy pide a gritos incluso Toto Caputo, pero que choca con la necesidad política de Milei de hacer populismo para ricos pensando en su base electoral y en su proyecto de reelección.

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Javier Milei.

Kirchner hablaba de algo muy diferente a lo que puede plantear Caputo: de un sistema tributario progresivo, que no es el actual ni, mucho menos, el que el Gobierno negocia con el Fondo, volcado a desgravar a los ricos y a las grandes empresas en detrimento de los trabajadores formales y los monotributistas.

La cuestión no es menor: de eso depende que un proyecto de país diferente sea, a la vez, viable e inclusivo.

Con todo, ¿podría un programa tal recibir el respaldo de un Círculo Rojo que se muestra ciego y sordo a las necesidades de la Argentina que viene? ¿O de su tolerancia, al menos?

Que tengas un excelente fin de semana. Hasta el lunes.

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