La Plaza de los Tres Poderes de Brasilia. A la izquierda, la sede del Supremo Tribunal Federal; en el centro, el Congreso, y a la derecha, el palacio presidencial del Planalto.
Siempre que se avecina una elección en un país relevante para la Argentina se le adosan adjetivos como "clave" o "decisiva", pero el segundo turno presidencial de este domingo en Brasil les hace pleno honor a esos calificativos. Por eso, allí me dispongo a viajar para cubrir para Letra P la votación que definirá si Luiz Inácio Lula da Silva seguirá gobernando por cuatro años más la mayor economía de América Latina o si será reemplazado —y, a sus 80 años, electoralmente jubilado— por Flávio Bolsonaro.
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Brasil es un país continental y comparte frontera con todos los de Sudamérica, con excepción de Chile y Ecuador. Como tal, cuenta con ciudades muy importantes, colegios electorales enormes que, sin embargo, no captan individualmente todo el pulso del país. Así, hay que elegir a dónde se va.
San Pablo es la mayor ciudad de América Latina, con 11,5 millones de habitantes en el área metropolitana. Con su conurbano industrial llega a casi 21 millones y todo el estado, a 44,5 millones. Una Argentina.
Desde el punto de vista del "color" electoral, resulta ideal para los periodistas. Sin embargo, más allá de marchas, proselitismo y bullicio, es posible indagar en otras cosas. A eso apunta Letra P.
Río de Janeiro es la segunda ciudad del país y el estado homónimo, su segundo colegio electoral. El tercero es Minas Gerais —con capital en Belo Horizonte— y rige aún la regla informal de que quien gana allí gana Brasil. Mi destino, sin embargo, va a ser la capital: Brasilia.
Ya es la tercera urbe en población con sus casi tres millones de habitantes, hermosa, amplísima con sus avenidas y explanadas, algo aislada del "Brasil real" y casi parte de "otro país". Pero es allí donde se deciden las cosas.
Nos espera —porque así vamos, juntos— la ciudad de la rosca.
Una elección, demasiado en juego
Este domingo se realizará la segunda y decisiva segunda vuelta presidencial.
La conformación del próximo Congreso quedó definida en el primer turno del domingo 4, que consagró un avance fuerte del bolsonarista Partido Liberal (PL) y, en general, de las derechas. Todo un detalle para lo que viene.
Además, se definirán seis gobernaciones —la de Río está judicializada y en un limbo—. Pero lo más relevante es Lula o Bolsonaro.
Por supuesto, este domingo también se dirimirá el futuro inmediato de la relación entre Brasil y la Argentina, rebajada a nivel de encargados de negocios debido a los gruesos insultos que Javier Milei le dedicó —una vez más— a Lula da Silva en el discurso que pronunció en julio durante el acto de lanzamiento de Bolsonaro hijo.
Si Lula da Silva ganara, sería difícil, aunque no imposible, remendar el vínculo; con Flávio Bolsonaro al mando, la sintonía sería total desde el próximo 1 de enero.
Además, ¿qué Brasil —principal socio comercial del país— se vinculará con el presidente que resulte electo en las elecciones argentinas de octubre del año que viene? ¿Habrá sintonía o se mantendrá el contrapunto? Si ocurriera lo primero, ¿sería derecha-derecha o progresismo-progresismo?
¿El último escollo para la Doctrina Donroe?
Es imposible exagerar la importancia del futuro de Brasil cuando se piensa en el destino de la región.
Con sus casi 215 millones de habitantes, su PBI de 2,5 billones de dólares —el año que viene volverá a ser la octava economía del mundo— y unas Fuerzas Armadas considerables para custodiar la Amazonia y el extenso litoral atlántico —rico en recursos petroleros—, ese país podría erigirse, o no, en la única barrera frente al deseo trumpista de convertir el hemisferio en el "patio trasero" de Estados Unidos.
Según surge explícitamente de la Estrategia de Seguridad Nacional y de la Doctrina Donroe, Washington pretende que los recursos estratégicos de los países de la región queden a merced de la hiperpotencia y fuera del alcance del enemigo chino. El reciente apoderamiento del 20% de las reservas de petróleo de Venezuela debe ser entendido como el primer paso de un camino y no como un punto de llegada.
Donald Trump, parado sobre el "patio trasero" latinoamericano, según la visión del dibujante Graeme MacKay en el Hamilton Spectator.
No es una mera lateralidad que banderas estadounidenses e israelíes ondeen en gran número en los actos de Flávio B., cosa que llevó a sus organizadores en los últimos días a pedir a la concurrencia, con recato, que sólo se enarboles banderas brasileñas.
En ese sentido, generó polémica la aparición el domingo, en la manifestación derechista realizada en San Pablo, de un inflable con forma de misil que pedía: "Trump nuke Brazil" o "Trump, bombardeá Brasil con una bomba atómica".
Desde su retorno a la Casa Blanca el 20 de enero de 2025, el republicano dispuso varias rondas de sanciones contra Brasil.
Comenzó con la imposición de impactantes aranceles, pero eso no distinguió al vecino del resto del mundo.
Luego, aplicó sanciones financieras y migratorias al juez del Supremo Alexandre de Moraes, su esposa y otros funcionarios judiciales por haber aportado a la condena por golpismo contra Jair Bolsonaro.
Finalmente, insistió con la torsión arancelaria por el carácter universal y gratuito del sistema de pagos electrónicos Pix, con el argumento de que esos beneficios para los brasileños perjudican a las grandes empresas estadounidenses del sector.
Si Flávio B. venciera este domingo, se espera o bien una amplia amnistía para Jair y los demás condenados por el intento de golpe que derivó en el asalto a las sedes de los tres poderes del 8 de enero de 2023, o bien una salva enorme de indultos, similar a la que estableció Trump en las primeras horas de su actual mandato para perdonar a los condenados por la asonada análoga del 6 de enero de 2025, cuando ocurrió el asalto al Capitolio.
En la noche del domingo 4, la diferencia que le sacó Bolsonaro hijo —sorpresivamente en el primer lugar— a Lula —47,03% a 45,16%— parecía, aunque pequeña, muy importante. Eso era así porque los candidatos menores se ubicaban, en su mayoría, entre el centroderecha y una derecha más radical, lo que, sumado al apoyo explicitado por un par de ellos, parecía destinado a estirar y no a estrechar aquella ventaja.
El Partido de los Trabajadores (PT) apeló a lo que sus adversarios descalificaron como una "campaña del miedo", advirtió sobre el "ajustazo" en ciernes y se movilizó en busca no sólo de esos sufragios blandos, sino de parte de los 30 millones de ciudadanos que no acudieron aquel día a votar.
Así, las intenciones de voto vuelven a ubicarse dentro de los rangos de empate técnico.
Algunas dan arriba a Flávio B. por uno o dos puntos porcentuales.
Otros dan un empate 50-50 y alguno, el de Vox, pequeño pero acertado en el primer turno, incluso le da una ínfima luz de ventaja al jefe de Estado.
Un sondeo muy seguido, elde la consultora Nexus para el banco BTG Pactual, dio ayer 50,3% para el opositor y 49,7% para el mandatario. Fínismo.
Su ceo, Marcelo Tokarski, dijo en el streaming Pulso Político del portal UOL que "Lula recuperó, principalmente en la última semana, a un elector que era cautivo, el de baja renta". Sin embargo, "en mi visión, Flávio todavía tiene algún favoritismo porque está numéricamente al frente, pero principalmente porque sabemos que la abstención tiende a perjudicar un poco más la candidatura de Lula".
Más allá de esa opinión, resumió el escenario como uno "absolutamente indefinido".
El posible impacto del debate del domingo a la noche en Bandeirantes todavía no aparece ponderado en los sondeos y será también relevante el del viernes en Globo.
Mientras, Lula da Silva aprieta el acelerador en toda la medida posible.
A comienzos de mes abordó el grave problema de la ludopatía y las deudas en mora entre la población pobre y directamente prohibió las casas de apuestas deportivas. Se puso al todo el fútbol brasileño en contra y a parte de los medios dependientes de esa publicidad, pero las encuestas demostraron que su medida contó con un apoyo del 75%.
Segundo, viene de imponer en el Congreso la reducción de la semana laboral de seis a cinco días, y de 44 horas a 40.
Tervero, aceleró el cronograma de pagos del plan Bolsa Familia, equivalente a la AUH argentina, y que comenzó ayer mismo, a sólo seis días de la votación. Este mes toca un ajuste del 15% de las prestaciones.
Por último —sólo por ahora—, dio señales de avanzar hacia el anuncio de gratuidad del transporte público los fines de semana y feriados, a fin de ampliar las posibilidades de ocio y consumo cultural de los brasileños.
¿Alerta democracia?
Desde la restauración de la democracia, nunca un candidato que llegó como segundo al balotaje dio vuelta la contienda y terminó victorioso. ¿Será Lula el primero que lo consiga, acaso la última de sus muchas hazañas políticas?
Nadie puede afirmarlo ni descartarlo. Pero ese posible precedente podría atizar la narrativa de fraude de la extrema derecha, activar los reflejos golpistas que ya exhibió entre 2022 y 2023 y, probablemente, apretar los botones correctos en la Casa Blanca y el Departamento de Estado paara sumar presión, sanciones y aislamiento.
Sí, el domingo también podría ponerse a prueba otra vez la resistencia de la democracia brasileña, como en los meses previos y en los días posteriores a la última asunción de Lula.
Me voy a Brasilia, la ciudad de la rosca. ¿Me acompañás?
Dado que voy a estar en viaje, me despido hasta el jueves.