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EN CAMPAÑA

Horacio Rodríguez Larreta avanza sobre la basura y desafía a Jorge Macri

El exjefe de Gobierno quiere un nuevo modelo de recolección y limpieza. La estrategia para volver a Uspallata y la discusión que viene por los contratos.

Horacio Rodríguez Larreta presentó en la Legislatura un proyecto para modificar el sistema de recolección de basura en la Ciudad de Buenos Aires, uno de los servicios públicos más sensibles para la gestión del jefe de Gobierno, Jorge Macri. La iniciativa es parte de su estrategia para preparar las reformas que buscaría aplicar si vuelve a Uspallata.

La iniciativa, que lleva la firma del exjefe de Gobierno, propone una reforma integral del sistema de higiene urbana: modifica la distribución de los contenedores, recupera infraestructura para residuos reciclables, incorpora tecnología para controlar la prestación y fija nuevas obligaciones de limpieza.

La jugada apunta sobre un área sensible para el Gobierno porteño y de fuerte impacto presupuestario. Según datos difundidos por la presidenta de la Auditoría General de la Ciudad, Mariana Gagliardi, el sistema de recolección costó $ 643.000 millones en 2024, tuvo una asignación de $ 825.000 millones en 2025 y para 2026 superará el billón de pesos. El incremento previsto para este año es del 32% y el servicio absorbe cerca del 6% del presupuesto total porteño.

El crecimiento del gasto convive con cuestionamientos sobre los controles que ejerce el Gobierno sobre las concesionarias. La Auditoría detectó irregularidades en la administración y la prórroga de los contratos, mientras la limpieza acumula reclamos vecinales y se convirtió en uno de los frentes más expuestos de la gestión de Jorge Macri.

Horacio Rodríguez Larreta y la basura porteña

Larreta ya había puesto la higiene urbana en el centro de su regreso a la política. Ese fue su caballito de batalla cuando lanzó su candidatura a legislador en 2025, al denunciar que la Ciudad estaba sucia y tenía “olor a pis”. La frase fue el primer desmarque fuerte respecto de Jorge Macri y buscó recuperar una identidad vinculada con la administración eficiente.

Ahora, esa crítica se convirtió en un proyecto de ley. El texto parte de un diagnóstico contundente: “La Ciudad de Buenos Aires está sucia”. Según los fundamentos de la iniciativa, la higiene urbana representa el 35% de los reclamos registrados en el Sistema Único de Atención Ciudadana.

La explicación apunta directamente contra algunas decisiones de la administración actual. El proyecto sostiene que el cierre de 26 de los 41 Puntos Verdes que funcionaban al comienzo de 2024 debilitó la separación de residuos, empujó los materiales reciclables hacia los contenedores negros y contribuyó a aumentar la basura dispersa. Frente a ese escenario, reivindica el programa BA Recicla, lanzado durante la gestión anterior.

Un nuevo sistema de recolección

La iniciativa propone reemplazar el modelo uniforme de contenerización por un esquema adaptado a las características de cada zona. En los barrios de casas, PH y edificios bajos habría contenedores individuales que los vecinos sacarían durante el horario de recolección. En las torres, los residuos se concentrarían dentro de los edificios, mientras que los contenedores en la vía pública quedarían principalmente para corredores comerciales y áreas de alta densidad.

El plan prevé recuperar los contenedores verdes y los Puntos Verdes discontinuados, incorporar sensores para medir el nivel de llenado y controlar los horarios de vaciado y reforzar el lavado y la desinfección después de la recolección nocturna. En las zonas turísticas y patrimoniales se priorizarían dispositivos soterrados.

También crea un sistema de premios para quienes entreguen materiales reciclables en los Puntos Verdes. Los beneficios incluyen descuentos en el ABL, cargas de SUBE, estacionamiento medido, Ecobici y entradas a espacios culturales. La reforma se completa con Ecocentros para recibir residuos que no pueden depositarse en los contenedores.

Proyectos para volver a Uspallata

La iniciativa forma parte del método con el que Larreta quiere volver a ser alcalde porteño. El exjefe de Gobierno ya se anotó para competir nuevamente por la conducción de la Ciudad y pretende convertir sus ocho años de administración en una plataforma para 2027.

Su bloque funciona como una herramienta de oposición, pero también como un laboratorio para anticipar las reformas de una eventual nueva gestión. La estrategia consiste en trabajar sobre proyectos complejos antes de la campaña y comenzar a recorrer su discusión legislativa para no tener que diseñarlos desde cero si vuelve a Uspallata.

La basura encaja especialmente bien en esa lógica. Es un servicio de alta visibilidad, impacta de manera cotidiana sobre los vecinos y le permite comparar sus años de gobierno con los de su sucesor. Larreta intenta demostrar que puede volver a administrar mejor un sistema que él mismo dejó armado.

La limpieza aparece así como una frontera política entre ambos. Mientras Jorge Macri concentra buena parte de su perfil en la seguridad, el orden del espacio público y la disputa con La Libertad Avanza, Larreta busca recuperar el terreno de la gestión urbana y la planificación.

El planteo tiene una zona incómoda para el propio exjefe de Gobierno. El sistema actual de higiene urbana fue licitado, administrado y prorrogado durante las gestiones del PRO. Su proyecto no cuestiona directamente la división en zonas, la concentración de las prestaciones en grandes empresas ni el modelo general de contratación.

La respuesta larretista es que el problema no está en la arquitectura de las concesiones, sino en la pérdida de infraestructura, planificación y control desde el cambio de gobierno. Por eso, la iniciativa no modifica directamente los contratos, pero redefine las condiciones bajo las cuales debería prestarse el servicio.

Los contratos que vienen

El proyecto llega antes de una discusión central. En 2027 comenzará el proceso político y técnico para renovar los pliegos del servicio de higiene urbana, cuyos contratos se extienden hasta 2028.

Aunque la iniciativa no reforma el régimen de contrataciones, muchas de sus disposiciones deberían incorporarse a los futuros pliegos. Los sensores, los nuevos tipos de contenedores, las obligaciones de lavado y los tiempos de respuesta modifican las prestaciones que tendrán que cumplir las empresas.

Larreta empieza así a intervenir sobre el modelo que ordenará uno de los contratos más importantes de la Ciudad durante los próximos años. La discusión sobre los nuevos pliegos deberá resolver cuánto de su propuesta terminará incorporado al próximo sistema de recolección.

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