“Chiqui Tapia botón, Chiqui Tapia botón…” suena en las canchas y ahora también en los recitales. La queja que empezó a sonar en diciembre de 2023 en la hinchada de Estudiantes de La Plata, fue creciendo tímidamente hasta convertirse en el himno de las tribunas del fútbol argentino.
Pareciera difícil fortalecer una figura pública y un método de conducción política ante ese rechazo popular. Entonces, ¿qué tiene Chiqui Tapia para sostener con firmeza su liderazgo indiscutido en el fútbol nacional y sentarse amistosamente a las mesas de la CONMEBOL de Alejandro Domínguez y hasta de la FIFA de Gianni Infantino?
Más: ¿Qué ve la política -el peronismo en particular- en su impronta para buscar sociedades y acuerdos con el jefe de la AFA? El deporte más popular del mundo todo lo puede. Se trata de una carrera sólida que excede largamente el universo fútbol y que hizo desembarcar a Tapia en la política nacional, en la que tiende lazos peronistas con el gobernador bonaerense Axel Kicillof, el senador santiagueño Gerardo Zamora y Sergio Massa, entre otros.
Lionel Messi y Chiqui Tapia.
Chiqui Tapia y la tregua con Javier Milei
Chiqui Tapia, misteriosamente, dejó de ser el foco principal de los ataques del Gobierno de Javier Milei, que en el pináculo de la embestida lo acusó de corrupto y mafioso subido a la ola mediática de las denuncias judiciales que el presidente de la AFA tiene en Estados Unidos y en la justicia doméstica. El mandatario y buena parte de su gabinete se hicieron hinchas de Estudiantes cuando el equipo que preside Juan Sebastián Verón le declaró la guerra al chiquitapismo tras el pasillo-gate.
Ese episodio sucedió en la cancha de Rosario Central, cuando la AFA obligó al club de La Plata a homenajear al equipo de Ángel Di María, que había recibido un trofeo en las oficinas de la Liga Profesional por salir primero en la tabla anual. Los jugadores pinchas le dieron la espalda a los rosarinos y se desató la guerra política.
Milei apoyó a Estudiantes para enfrentarse con Chiqui Tapia.
Esos cuestionamientos a Tapia, a los que se subió la Casa Rosada, fueron neutralizados cuando Milei puso en su gabinete a Juan Bautista Mahiques como ministro de Justicia, un hombre vinculado a Tapia y a Toviggino. Una denuncia indica que el padre del ministro, Carlos Mahiques, celebró su cumpleaños en una mansión situada en el municipio de Pilar que se le adjudica al tesorero de la AFA y mano derecha de Tapia.
Pablo Toviggino, el constructor
Toviggino preside, además, el Consejo Federal y fue el encargado de reunir las voluntades de casi todo el ascenso cuando Daniel Angelici y Hugo Moyano respaldaron la candidatura de Tapia para conducir la AFA en 2017. La casa madre del fútbol venía de ser intervenida durante ocho meses por una comisión normalizadora conformada por Armando Pérez, Javier Medín, Carolina Cristinziano y Toviggino.
Los dos primeros, dirigentes cercanos a Mauricio Macri. La única mujer de esa gestión era asesora de Domínguez en CONMEBOL y esposa de Gonzalo Belloso, entonces también funcionario de la confederación sudamericana. Cristinziano, ahora, comparte la CD con su esposo en Rosario Central.
Chiqui Tapia junto a sus colaboradores más fieles: Pablo Toviggino y Dabiel Ferreiro.
Los atisbos de oposición a esa conducción emergente de Tapia se fueron desarmando, mientras su figura crecía, a pesar de los fracasos de la Selección Nacional, la desorganización de las juveniles y un torneo nacional que naufragaba entre la creación de una Superliga y desprolijidades que se mantuvieron en el tiempo.
El ascenso de Chiqui Tapia
A caballo de la consolidación en la conducción del fútbol argentino, la figura de Tapia fue tomando volumen en los entes internacionales. Entre un determinante apoyo a Infantino y la amistad con Domínguez, se convirtió en una referencia de la política deportiva sudamericana, a pesar del desorden en las ligas locales. Tapia se hizo fuerte dentro y fuera del país, siempre en el ecosistema dirigencial, nunca en las tribunas.
El jefe del fútbol argentino, que venía cometiendo errores graves -y caros- como la contratación de Jorge Sampaoli para dirigir la Selección mayor en Rusia 2018, tuvo un gran acierto: Lionel Scaloni. De casualidad o por convicción deportiva, eligió y sostuvo al DT más ganador de la historia de la Selección que vio la gloria en Qatar. Asomaba un Tapia invencible.
Chiqui Tapia, presidente campeón del mundo.
Claro que esos éxitos llegaron de la mano del mejor jugador del mundo, Lionel Messi, que pintó cuatro estrellas más en el palmarés del fútbol argentino en sus últimos años de carrera. Tapia, que de política entiende, le agradeció rebautizando con su nombre al predio que la AFA posee en Ezeiza. Sin levantar el perfil, se hizo de una red de viejos lobos del ascenso que matan -en Twitter- por él y pisan las cabezas de cualquier dirigente que brote con una mínima crítica a su conducción.
La tropa chiquitapista
Esa lista tiene a Toviggino a la cabeza, Daniel Ferreiro (Nueva Chicago), Luciano Nakis, (Deportivo Armenio) -conocido por secarle la nuca a Tapia con una toalla-, Maximiliano Levy (Almirante Brown) y Cristian Malaspina (Argentinos Juniors), entre muchos otros. Manejar la AFA es lograr que decenas, cientos de dirigentes cuyos apellidos no conoce casi nadie en el fútbol argentino, estén conformes con la jefatura y la defiendan como a sus madres.
Tanto es el poder y el negocio que rodea al fútbol que la política tradicional no se lo quiere perder. Kicillof nombró a Tapia el 2 de enero de 2025 como titular de la Coordinación Ecológica Área Metropolitana Sociedad del Estado (Ceamse). Luego, el gobernador le cedió a la AFA la gestión del Estadio Único Diego Armando Maradona de La Plata. Kicillof ve en Chiqui a un armador federal que hace años recorre las provincias juntando votos en el fútbol del ascenso.
A eso hay que sumarle la fallida designación de Toviggino en una empresa del Grupo Bapro. El Tesorero nunca pudo asumir el puesto por los cuestionamientos que recibió el gobernador. Nacido en Santiago del Estero y fuertemente vinculado a Massa y al exgobernador Gerardo Zamora, Toviggino fue el estratega del ascenso de Tapia al poder. Fueron tiempos en los que equipos santiagueños como Central Córdoba, Güemes y Mitre consiguieron éxitos deportivos jamás soñados, al igual que Barracas Central, el pago chico de Tapia.
Axel Kicillof y Chiqui Tapia.
Desde Núñez y La Plata, el primer bloque opositor
Durante casi diez años, Tapia atravesó una gestión sin oposición y con listas de unidad. Tras varios años de cuestionamientos en los medios, las redes sociales y las tribunas, esta semana se formalizó el primer bloque opositor: Stéfano Di Carlo (River) y Verón (Estudiantes) sellaron una alianza para las gestiones institucionales pero también para darle origen a un bloque político que puede crecer en los próximos años.
El bloque en sí mismo no es algo que en el corto plazo fuera a preocupar a Tapia, que mantiene una conducción sólida y acuerdos estratégicos con casi todos los sectores. Habrá que ver si el fin de la era Messi, una oposición naciente en la AFA y un panorama incierto en el peronismo para las elecciones del año próximo modifican las cosas.