El Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI), un instrumento desconocido para el común de los mortales, terminó siendo el dispositivo con el que el presidente Javier Milei y sus aliados construyeron sentido común en la opinión pública y formatearon un relato perfecto para enfrentar al gobernador Axel Kicillof en la pelea por la radicación de la planta de Gas Natural Licuado (GNL), un proyecto de envergadura inédita que podría cambiar la matriz productiva de Argentina y alterar el mapa político en el arranque de la era libertaria.
Tras reunirse con el presidente de YPF, Horacio Marín, Kicillof reveló que la decisión decisión de la empresa estatal de llevar el proyecto a Río Negro no tuvo nada que ver con la adhesión o no de Buenos Aires al RIGI, pero la bomba ya estaba activada. El Presidente había conseguido alinear gobernadores y tropa legislativa para darle vida al registro de beneficios para empresas dispuestas a invertir montos superiores a 200 millones de dólares en áreas específicas, como hidrocarburos o minería. En la era de la motosierra y el “No hay plata”, una tonelada de dólares parece pesar más de mil kilos.
Embed - Milei con Fantino, sobre la pelea por la instalación de la planta de GNL
La estrategia de Javier Milei para la victoria política
El comunicado emitido por YPF, que ratifica los dichos del mandatario bonaerense sobre la no incidencia del RIGI en la toma de decisiones, no alcanza para desarmar el sentido que construyó la alianza Milei & amigos: “Kicillof perdió un negocio de 40 mil millones de dólares por no adherir al RIGI”. La decisión de sacar el proyecto de Bahía Blanca y llevarlo a Punta Colorada fue tomada en el momento en que el Presidente comenzó a presionar, Marín a sugerir y la oposición bonaerense a machacar, exhortando al gobernador a que suscribiera al RIGI, marca económica registrada de la era libertaria defenestrada por el kirchnerismo.
Entre la casta y el nido de ratas, Milei trabajó el dispositivo discursivo y mediático para romper, desde adentro del Estado, lo que el Estado tenía construido: YPF y Petronas habían reservado 1.200 hectáreas en el puerto de Ingeniero White para la mega inversión. Kicillof llegó tarde a explicar que la adhesión al RIGI sólo implicaba una tasa de sellos y de ingresos brutos provinciales, un obstáculo ínfimo para decidir dónde invertir una cifra fuera de lo común como la que estaba en juego.
Cuando el gobernador expuso su argumento, no sólo tenía al coro opositor apuntándolo con todos los dardos mediáticos, sino que la planta ya estaba viajando a Río Negro (Kicillof advirtió que YPF y Petronas no pondrán un ladrillo en esa provincia hasta 2028). El bombazo político ya había explotado en La Plata y provino justo del adversario elegido por el mandatario bonaerense. Política y mediáticamente ganó Milei, el villano principal de Unión por la Patria (UP), acaso el único frente poderoso que hizo todo para voltear la ley ómnibus y, principalmente, el capítulo RIGI de ese paquete.
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Axel Kicillof dijo que la decisión no tiene que ver con el RIGI.
Javier Milei & amigos
La alianza política incluyó a gobernadores. El más visible es el rionegrino Alberto Weretilneck, que vio la puerta abierta de la planta de GNL y salió corriendo a firmar la adhesión, seguramente advertido por el jefe de Estado de que su provincia podría ser premiada. Hubo otros mandatarios del peronismo o de partidos provinciales que robustecieron ese frente. El neuquino Rolando Figueroa, el catamarqueño Raúl Jalil, el tucumano Osvaldo Jaldo, el cordobés Martín Llaryora y el misionero Hugo Passalaqua se sumaron a los mandatarios de la UCR y del PRO.
En el Congreso, la alianza de Milei para aprobar la Ley ómnibus que incluyó el capítulo RIGI contó con el apoyo de los bloques PRO, UCR, Hacemos Coalición Federal (auspiciado por Miguel Pichetto), la Coalición Cívica y las diferentes gamas de partidos provinciales, cómo Innovación Federal (Salta, Misiones y Río Negro), Neuquén y San Juan; especialmente, los que tenían representación de provincias con potencialidad minera y productiva.
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El gobernador de Río Negro, Alberto Weretilneck, adhirió al RIGI.
El triunfo legislativo
Aquella madrugada del 28 de junio en la que Diputados convirtió en ley los textos que llegaron del Senado con modificaciones, se aislaron en el rechazo UP y el Frente de Izquierda. Votaron en contra Natalia de la Sota, Mónica Fein y Esteban Paulón (Hacemos Coalición Federal). Se abstuvieron Mónica Frade (Coalición Cívica) y Sergio Acevedo (Santa Cruz). El otro santacruceño, José Garrido, cercano al gobernador Claudio Vidal, votó a favor.
Antes, en el Senado -recinto contenedor de la influencia de los gobernadores- el RIGI fue aprobado con 38 votos, con el respaldo de todos los bloques dialoguistas, provinciales y aliados al Gobierno y por el aporte de tres miembros de UP: Guillermo Andrada (Catamarca), Carolina Moises (Jujuy) y Sandra Mendoza (Tucumán). Los primeros dos se deben a los proyectos mineros; mientras que la tucumana fue el gesto del gobernador Jaldo que esperaba Milei.