Lo que comenzó como espacio de debate sobre la crisis de la economía se convirtió en respuesta concreta frente a las dificultades para llegar a fin de mes. Este sábado, en la Sociedad de Fomento de Villa Astolfi, Pilar, se realizará la primera jornada de trueque de 2026, una práctica que alcanzó su máxima expansión en la crisis de 2001.
De esos encuentros surgió un grupo de WhatsApp, bautizado "Club del Trueque", que en apenas tres semanas reunió a 72 personas de distintas localidades del distrito. De ellas, 50 ya reservaron un lugar para exhibir productos y servicios.
La Sociedad de Fomento de Villa Astolfi, con trayectoria en la asistencia alimentaria a través de comedores y merenderos, aporta el espacio y los tablones donde se montarán los puestos. En algunos casos, los intercambios ya fueron acordados previamente entre los participantes; en otros, se concretarán durante la jornada.
Los participantes ofrecen productos o servicios a cambio de otros, sin intervención de dinero, aunque también dejan abierta la posibilidad de sumar venta tradicional para quien lo prefiera.
La convocatoria trascendió rápidamente el grupo de WhatsApp. Volantes distribuidos en almacenes, plazas y otros espacios públicos, sumados al tradicional boca a boca, multiplicaron la difusión de una iniciativa que ya despierta interés para replicarse en otros barrios de Pilar y municipios vecinos, como Malvinas Argentinas.
Cuando la comida se convierte en moneda de cambio
"La propuesta surgió de los propios vecinos, que veían cómo el endeudamiento y la caída del consumo dejaban a muchas familias sin margen para comprar lo elemental", explicó a Ana Barreto, referente de Libres del Sur en Pilar, a Letra P.
Las historias que comenzaron a aparecer en el grupo sintetizan el nivel de deterioro social. "Una joven ofreció cambiar un enterito de bebé por un yogur bebible y un paquete de galletitas", contó Barreto. En otros casos, unos jeans usados o distintas prendas se intercambian por un kilo de harina y otro de azúcar.
La dirigente sostiene que la situación golpea especialmente a las mujeres, que suelen ser quienes administran la economía familiar. "Muchas toman deudas para comprar alimentos y después terminan desinstalando las aplicaciones de préstamos porque saben que no las van a poder saldar. Entonces vuelven al fiado en el almacén del barrio, donde existe una relación de confianza y conocen la fecha en que cobran la asignación", describió.
Asamblea de vecinos en el barrio Villa Astolfi, en Pilar.
Un relevamiento que encendió la alarma
La experiencia del trueque tiene su origen inmediato en el monitoreo realizado por ISEPCI entre el 27 y el 29 de mayo sobre 1.301 hogares de 30 municipios bonaerenses. Los resultados muestran un escenario crítico: el 86% de las familias asegura atravesar estrés económico para llegar a fin de mes; el 47% necesita endeudarse para cubrir gastos corrientes y apenas el 2% logra ahorrar.
El dato más preocupante es el avance de la inseguridad alimentaria, que alcanza al 80% de los hogares relevados. El 66% tuvo que saltearse al menos una comida durante el último mes por falta de recursos, mientras que el 77% dejó de consumir alimentos básicos como carnes, lácteos, frutas y verduras por razones económicas.
Además, el 43% de las familias afirma que sus deudas ya le impiden comprar todos los alimentos que necesita. Otro 30% reconoce tener deudas que todavía no afectan la alimentación, mientras que solo el 17% asegura no estar endeudado.
Silvia Saravia, referente nacional de Libres del Sur, destacó otro dato que refleja la profundidad de la crisis. "El 60% de los hogares afectados por inseguridad alimentaria está integrado por trabajadores formales", describió una situación que, según sostuvo, demuestra que el problema ya no se limita a los sectores históricamente más vulnerables.
Una economía alternativa que busca crecer
Los organizadores insisten en que la jornada del sábado no pretende ser un hecho aislado. El objetivo es construir una red de intercambio permanente que vaya rotando entre distintos barrios y municipios, apoyándose en experiencias previas como las ferias de emprendedores autogestionados que desde hace años funcionan en plazas y espacios públicos.
Ferias de emprendedores autogestionados
Esos mercados populares surgieron como una estrategia para generar ingresos por fuera del circuito formal y, con el tiempo, se transformaron en espacios de encuentro donde vecinos intercambian productos, saberes y experiencias.
Ahora, frente al deterioro del poder adquisitivo y las crecientes dificultades para acceder a los alimentos, el trueque vuelve a aparecer como una herramienta de supervivencia. Tres décadas después de haber comenzado a expandirse en la Argentina y a 25 años de su auge durante la crisis que explotó en diciembre de 2001, el intercambio sin dinero recupera protagonismo como respuesta comunitaria a una realidad que, para muchas familias, vuelve a parecerse demasiado a la de aquellos años.