“¿Con qué pesos? Una remera que diga”. Era marzo de 2025 y Pablo Quirno, entonces secretario de Finanzas de Toto Caputo, canchereaba en redes mientras el dólar subía. Por el apretón monetario, sostenía, no había pesos para una corrida. Ahora, con la divisa bajo control, hasta la ortodoxia se pregunta: ¿con qué pesos crecerán la economía y el consumo?
Pablo Goldín, director de Macroview, la firma de Rodolfo Santángelo, hizo estos números. En el mejor momento de la convertibilidad de Carlos Menem y en la etapa más virtuosa del modelo de Néstor Kirchner, la economía funcionaba con un circulante equivalente a $250 billones de la actualidad. Actualmente, Caputo y su socio Santiago Bausili, presidente del Banco Central, no sueltan más de $170 billones. Para que haya un buen nivel de actividad faltan, al menos, $80 billones.
El consumo se queda sin motores
Más pesos en la calle ayudarían a revitalizar el consumo. Mientras el presidente Javier Milei insiste con el factor Mercado Libre -"cuando mirás sus números, te caés de traste", le dijo a Esteban Trebucq- y el consumo privado récord, la consultora MAP, de Juan Pablo Ronderos, publicó que “el consumo se queda sin motores”.
El consumo se queda sin motores, según la consultora MAP.
Inyectar pesos es una decisión de política económica. Las maneras de hacerlo, también. El Gobierno puede decidir un aumento por decreto al bono de $70.000 que cobran los jubilados de la mínima, por ejemplo. O soltar plata para que la obra pública genere empleos. O subir los sueldos de los trabajadores estatales, con su poder adquisitivo por el suelo.
Son formas de monetizar “por abajo”. Quienes se beneficien, muy posiblemente, no se cuenten entre los 1,5 y 2 millones de ahorristas que compran, en conjunto, más de u$s 2000 millones por mes para atesorar, traerse cosas del exterior y viajar.
La dolarización de ahorros no frena.
Pero hacerlo sería comprometer el superávit fiscal, en momentos en que el ajuste se muerde la cola. “En el acumulado enero-julio, la recaudación acumula una caída del 4,4% interanual real, de modo que, con los ingresos evolucionando a ese ritmo, el superávit primario de acá en adelante dependerá de cuánto del gasto se pueda efectivamente seguir ajustando y, sobre todo, de que la actividad repunte y traslade esa mejora a la recaudación”, indicó Inveq. Plan platita descartado.
El crédito no arranca
Entonces, el Gobierno podría incentivar el crédito. Lo intenta, sin éxito, desde comienzos de año. Las tasas activas, estables y negativas en términos reales, no llegan a las empresas ni a las personas. Por un lado, porque los bancos y las fintech quedaron reticentes a prestar barato con la mora en máximos y no quieren asumir más riesgos. Por otro, porque las deudas -regulares o atrasadas- ya pesan mucho en los ingresos de las familias.
Sin expansión del gasto ni del crédito, otra forma de monetizar la economía es con la compra de dólares por parte del Banco Central. Es lo que anunció a fines de 2025, cuando presentó su programa de acumulación de reservas. Pero los pesos que emitió para comprar más de u$s 13.300 millones en lo que va del año fueron retirados del mercado por el Tesoro, que renovó sistemáticamente más deuda de la que vencía para no dejar pesos en la calle.
Inflación y dólar
Economía y su BCRA priorizaron contener la inflación cuando la carne y los combustibles presionaron sobre el IPC. Ahora, privilegian pisar al dólar mayorista en torno a los $ 1500. “Veremos si (eso) no requiere una mayor tasa”, se atajó la consultora 1816. “Esta posible disyuntiva obliga a seguir preguntándose si para el Gobierno es más relevante la estabilidad del tipo de cambio o la estabilidad de tasas, dos objetivos que se han alcanzado simultáneamente en lo que va de 2026”, continuó.
“A favor de la estabilidad del spot no está solamente el factor inflacionario, sino también el hecho de que la menor volatilidad cambiaria genera mayor demanda de activos en pesos”, añadió 1816, en referencia al carry trade. “Los periodos de mayor acumulación de divisas del Central coincidieron con rachas prolongadas de estabilidad del spot”, sostuvo.
En la mirada del Gobierno, las tasas estables permiten solucionar, por goteo, el problema de la mora, desde una mirada sistémica (es decir, que la aparición de nuevos créditos vayan licuando el porcentaje de préstamos impagos). “Nuestra impresión es que la prioridad del Gobierno es lo cambiario, pero el trade-off sin dudas existe”, aventuró 1816. “En 2025, el Gobierno demostró que la tasa podía valer literalmente cualquier cosa”, recordó.
Las dudas de los propios
Especialistas que acompañan el rumbo económico empiezan a ver que ese celo con el precio del dólar es un problema que dificulta la recuperación de la economía.
Lo dijo Miguel Broda: “Los motores están muy averiados: el crédito cae, la masa salarial real cae y el ingreso disponible —descontando los gastos fijos que incluyen el reajuste de las tarifas públicas— ha dejado de caer hace 60 días, pero está en el pozo”, sostuvo. “Seguramente la calle estará mejor con un dólar un poco más caro, pero la obsesión con la inflación claramente no permite un ajuste”, añadió, en Canal 26.
También Lucas Llach, exasesor de Federico Sturzenegger: “Cero no es una tasa de crecimiento para una Argentina que está en medio de una revolución de recursos naturales, orden fiscal y reformas”, dijo en Ahora Play.
“A principios de los 90, el crecimiento era del cinco, seis, siete por ciento”, comparó. “El ‘riesgo kuka’ ya pasó, el riesgo país está cerca de 400 puntos. Se ocurre que el tipo de cambio está forzado hacia abajo”, indicó.
Lucas Llach, ex vicepresidente del Banco Central de Federico Sturzenegger, advirtió por el tipo de cambio.
Bausili, en tanto, se apega al plan. En el Informe de Política Monetaria (IPOM) publicado este jueves, el BCRA informó que la base monetaria acumula una caída del 9,1% real en el año, aunque “se incrementó en junio y julio, en línea con la mayor demanda estacional de liquidez”. Agregó que “luego de un periodo de relativa estabilidad, los agregados monetarios transaccionales comenzaron a mostrar mayor dinamismo a partir de mayo, cuando se consolidó la tendencia descendente de las expectativas de inflación”.
Procesos digestivos
Y anticipó “que la demanda de dinero aumentará a medida que avance el ciclo de expansión del crédito y se afiance la recuperación de la actividad económica”. Bausili, sin embargo, comparó el ciclo de crédito y mora con hacer la digestión. “Yo lo asimilo a procesos digestivos, que tienen una dinámica que es muy difícil acelerar y corre a sus tiempos”.
Hasta la Fundación Libertad y Progreso, que se prepara para recibir en pocas semanas a Peter Thiel como orador principal de un ciclo llamado Vientos de Cambio del que también participarán Caputo y Sturzenegger, marcó su inquietud.
Santiago Casas, economista jefe, sostuvo que “a la industria y a la construcción les cuesta arrancar”. Lo relacionó con que el crédito en pesos “dejó de funcionar como motor”, con “una inversión que no termina de despegar” y con “salarios a los que les cuesta recomponer poder adquisitivo, lo cual sigue limitando la recuperación del consumo”.
¿Con qué pesos, entonces, se recuperará la economía? ¿Le alcanzará al Presidente con contener el dólar y la inflación para reelegir? Milei, especialista en crecimiento con y sin dinero, tendrá la respuesta.