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PROYECTO LITIO

El desarrollo de la economía del litio es una decisión política

Es una oportunidad para el desarrollo de la industria, la ciencia y la tecnología y el desarrollo territorial para contrarrestar asimetrías preexistentes.

El Gobierno nacional trabaja en forma articulada en un plan de desarrollo de mediano y largo plazo que garantice que la Argentina participe de la transición energética como un actor relevante en toda la cadena de agregado de valor de los recursos naturales. La economía del litio representa una oportunidad para fortalecer el desarrollo industrial y tecnológico y evitar el riesgo de una reprimarización de la economía. El objetivo es reducir las asimetrías y desigualdades productivas y territoriales que existen en nuestro país. El énfasis está puesto en vectores de desarrollo para el Norte Grande.

La articulación no se limita a las distintas áreas del Poder Ejecutivo como Economía, Minería, Energía, Asuntos Estratégicos, Interior, Industria, Ciencia y Tecnología, Transporte y Ambiente, sino que existe un diálogo permanente con las tres provincias que conforman la Mesa del Litio: Salta, Catamarca y Jujuy. El diálogo también cuenta con la participación de cámaras empresarias, empresas estatales y sindicatos; actores imprescindibles si se pretende que las transformaciones productivas asociadas al proceso de transición energética sean acompañadas por la creación de empleo en el país.

El diagnóstico es compartido entre todos los actores: las reservas comprobadas de litio representan, en el marco de la transición energética y la electromovilidad, una oportunidad para que Argentina encare un proceso de industrialización y desarrollo tecnológico que, como sostiene el presidente Alberto Fernández, permita reducir la desigualdad territorial.

Para lograr que el país incremente su participación en la cadena global de las baterías de litio, un mercado que se espera represente unos 400 mil millones de dólares en 2030, la decisión es avanzar con i) la industrialización local de las materias primas, ii) generar nuevos puestos de trabajo con perspectiva federal; y, iii) desarrollar capacidades tecnológicas y productivas que permitan agregar valor en cada uno de los segmentos de la cadena, hasta la electromovilidad.

El desarrollo de un sector manufacturero y tecnológico asociado a la producción de materiales catódicos como de celdas de baterías podría posicionar a nuestro país en un lugar privilegiado dentro de la producción de vehículos eléctricos e híbridos, del mismo modo que podría complementar nuestra capacidad de generación de renovables de cara a la transición energética. No es una expresión de deseo, es una decisión política que Argentina ya comenzó a transitar como demuestra la planta piloto para la producción de baterías impulsada por Y-TEC.

Construir esta mirada estratégica sobre el recurso y desplegar las acciones concretas para alcanzarla es una responsabilidad primaria del Gobierno nacional en articulación con las provincias depositarias del recurso natural. El involucramiento de Argentina en la industrialización de un recurso crítico como el litio constituye una clara señal no solo del compromiso de nuestro país para alcanzar las metas de descarbonización que el mundo necesita, sino también reafirmar el rol de la industria como motor del desarrollo nacional y la creación de empleo con perspectiva federal.

En este sentido, el desarrollo productivo y tecnológico en torno a la cadena de valor del litio implica pasar de un esquema extractivo con bajas posibilidades de capturar valor, hacia un esquema de industrialización, con posibilidades de construcción de nuevas capacidades y competencias. Esto significa una oportunidad para el desarrollo de la industria, la ciencia y la tecnología, y el desarrollo territorial, con el objetivo de contrarrestar asimetrías preexistentes. Para ello, es fundamental avanzar en la coordinación y articulación de las políticas e instrumentos que son necesarios para generar las condiciones que estimulen el desarrollo de un sistema local de proveedores de bienes y servicios, tanto en la fase minera como en la industrial.

Es importante señalar que el despliegue de esta cadena de valor no se piensa sin tener en cuenta a la electromovilidad, el principal motor para la industria de las baterías. La producción de autos eléctricos e híbridos necesita ser alentada con un marco normativo que de previsibilidad a las inversiones que se transformarán en la demanda para la producción de baterías.

El despliegue de esta nueva cadena de valor enfrenta dos desafíos, en un extremo el acceso al recurso, hoy exportado en su totalidad; en el otro el fomento a la demanda, especialmente en el caso de la electromovilidad. Un nuevo marco normativo que promueva la industrialización en torno al recurso implica conectar ambos problemas y a la vez planificar el desarrollo industrial así como sus implicancias territoriales. Para comenzar a abordar esos desafíos, la Mesa del Litio acordó instrumentar mecanismos para que las empresas del sector asignen un porcentaje de su producción para la industrialización y el agregado de valor en Argentina.

La autora es Subsecretaria de Estrategia para el Desarrollo de la Secretaría de Asuntos Estratégicos.

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