ELECCIONES 2024

Vota Estados Unidos: fama, influencia y provocaciones para vencer al sofá

Votar o no votar, esa es la cuestión que definirá la pulseada. El autor, columnista habitual de Letra P, palpa la apatía en las calles de la Gran Manzana.

NUEVA YORK (ESPECIAL) Cuantos norteamericanos decidan abandonar el sofá para ir a votar es uno de los datos clave que miran tanto en el campamento republicano como en el demócrata. ¿Que los puede motivar a salir de esa zona de confort? La respuesta es simple: Donald Trump. A favor o en contra.

Si no fuera por ese imán, la apatía, el descreimiento y la resignación a que nada cambiará configurarían el mismo escenario que en tantas otras partes del mundo. Una indiferencia producto del hastío, del ir de mal en peor.

Caminar por las calles de Brooklyn, el Bronx, Queens o Manhattan da lo mismo. En Boston o en Cambridge es igual. Nada indica que en pocas horas se define una elección cuyo impacto sacudirá a gran parte del globo.

La grieta y la apatía también se consiguen en Estados Unidos

-¿De qué partido es la alcaldesa de Cambridge?- pregunto un turista.

-Demócrata, acá vive gente educada- contestó la guia latina del walking tour, sensiblemente molesta por la consulta.

Algún peatón, muy de tanto en tanto, deja ver su sticker en el saco con la leyenda “yo ya vote”. De esos que deciden adelantarse, pero pasa inadvertido.

Definitivamente, el nervio no está en la estética de las paredes, las calles o las veredas. Está en las conversaciones. La TV apabulla con sus shows de dudoso impacto. Los diarios, igual o menos.

De la calle a los teléfonos y de los medios tradicionales a los creadores de contenidos. De un lado las celebridades de fama internacional; del otro, las grandes y diversas comunidades agitadas por youtubers o podcasters.

-Mirá, hay manifestaciones en el New York Times. Seguramente algún problema con la postura ideológica del diario. Algo sobre el editorial en el que se afirma que Trump es una amenaza a la democracia- se asombró uno que pasaba por la 8th Avenue justo frente al majestuoso edificio del tradicional periódico.

-No, están protestando para que, de una vez por todas, la patronal se reúna con el sindicato y decidan mejorar sus salarios- contestó el guardia de seguridad.

-Todos queremos que nos mejoren el salario-, agregó el uniformado, que hace unos años llegó de Haití y se declara admirador de Maradona, aunque un poco más de Lionel Messi. De Trump y Kamala Harris prefiere no opinar. “No voy a votar”. Claramente, prefiere el sofá.

Vote, una de celebridades y agitadores

Efectivamente, la protesta abarcaba las distintas entradas al edificio. Megáfono y pancartas, pero nada de elecciones. O sí: salarios postergados. De eso se trata. ¿Una señal más de la difícil situación que atraviesan los periódicos a nivel global? Podría ser, aunque en este caso el NYT viene de incrementar las suscripciones y sus ingresos. Tal vez, con menos periodistas y peores salarios. Y la inflación los corre...

Celebridades como J.Lo, Beyoncé, Bad Bunny y sobre todo Taylor Swift se pronuncian a favor de Kamala. Y si bien la artista tiene millones de seguidores (swifties), lo que los moviliza es su música y, tal vez, su estilo de vida. Claro que escuchan su mensaje, pero no hay que engañarse con que eso se transforma en votos. La empatía no va por el lado de sus preferencias políticas, por lo menos no necesariamente, y mucho menos a la altura del impacto mediático que puede generar de manera efímera.

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El podcaster Joe Rogan, en contraste, no es popular como Taylor. No tiene esa fama mundial. Eso está claro. Tampoco aparece en las grandes cadenas de TV, pero su contenido y su audiencia se manifiesta de manera más arraigada. Se mete en la conversación. Provoca, sacude, interpela, genera reacción. De eso se trata.

Pocos días después de publicarse su episodio en el que conversa con Trump, ya llevaba más de 40 millones de reproducciones. Así, las elecciones en Estados Unidos ponen en juego el contraste entre la fama y la influencia.

De un lado las celebridades de reconocimiento mundial y, del otro, esos creadores de contenidos que, desde su casa, interpelan, entretienen, generen reacción, están cargados de mensajes con ideologías y supuestas verdades sin que importe si son verdades. Se repiten. O esos cantantes de música country que tienen más de 250 millones de reproducciones en Spotify, más de 170 millones en YouTube y hay que sumar tik tok, etc. Y esas canciones, sin ningún reconocimiento global, hablan de lo mal que están, de los valores perdidos y de la cultura que hay que recuperar. Ahí tocan la fibra. Ahí está la influencia y no la fría fama de las celebridades.

Kamala Harris y Donald Trump
Javier Milei y Donald Trump.

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