La pelea voto a voto entre el izquierdista Roberto Sánchez y la ultraderechista Keiko Fujimori anticipa en Perú días y semanas de escrutinio tenso e impugnaciones cruzadas, un verdadero test para la democracia de ese país y un caso testigo en medio de los esfuerzos de Donald Trump por imponer la hegemonía de Estados Unidos a toda América Latina.
Los sondeos a boca de urna sobre la segunda vuelta del domingo arrojaron inicialmente una estrecha ventaja para la candidata de Fuerza Popular, detrás de quien se encolumnó el grueso de la derecha peruana, desde la liberal a la extrema. Sin embargo, el escrutinio provisional mostraba en su avance un angostamiento drástico de esa diferencia y, más relevante, los conteos rápidos, de probada precisión, dieron como ganador al postulante de Juntos por el Perú, también por margen mínimo.
Los conteos rápidos se basan en un número acotado de mesas, tradicionalemte representativas del total, pero tienen un margen de error. No reemplaza al escrutinio, por lo que es imposible todavía dar por ganador a Sánchez.
Los cálculos de Donald Trump y Javier Milei
Esas proyecciones no son las deseadas por Trump ni por Javier Milei, quien suele presentar a Perú como un faro para su modelo económico. Ambos evitaron manifestarse antes de los comicios en respaldo a Fujimori, al revés de lo que suelen hacer en contiendas con favoritismo claro para las derechas.
Mientras, la pelea recién comienza en un país prácticamente dividido por mitades, además de modo agrio. Ambos postulantes preparan una larga serie de impugnaciones, lo que asegura días o tal vez semanas de incertidumbre.
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El avance del escrutinio en Perú arroja una leve ventaja para la ultraderechista Keiko Fujimori, pero el recuento en el interior del país implica una potencial ventaja para el izquierdista Roberto Sánchez.
El calendario es apretado, toda vez que el próximo 28 de julio debería asumir el próximo jefe de Estado en un país largamente estragado por la inestabilidad institucional, en el que el Congreso ha actuado repetidamente contra sucesivos presidentes a través de bloques legislativos y procesos de vacancia –juicio político–.
Perú, ante "días largos" de incertidumbre
La difusión de los conteos rápidos, que arrojaron el mismo resultado favorable a la izquierda, tuvo fuertes repercusiones.
Golpeada, la hija de Alberto Fujimori habló de "empate técnico" pidió esperar "días largos" para conocer el resultado.
Por su parte, Sánchez llamó a los fiscales de su alianza a defender el voto y exigió "respeto por el resultado electoral y la voz del pueblo".
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Tras tres intentos fallidos, Keiko Fujimori logró en estas elecciones alinear detrás de su figura a toda la derecha de Perú. Ante la fuerte paridad de las proyecciones pidió esperar el recuento final.
El debut este año de un Congreso bicameral a través de la creación de una Cámara de Senadores, se supone que atenuará el condicionamiento que suele imponer ese poder, pero aun así la fragmentación de las representaciones no le haría fácil la vida al próximo jefe de Estado.
La promesa de Sánchez de indultar al expresidente Pedro Castillo, quien cumple condena firme por el intento de autogolpe de diciembre de 2022, cuando estaba por ser cesado por el Congreso, añade un elemento de particular irritación política.
El peligro de la inestabilidad democrática persiste. Por un lado, por el carácter tan cerrado del recuento. Por el otro, por el riesgo de desconocimiento que surge de las impugnaciones mutuas, posibilidad abierta por Fujimori incluso antes del ballottage. Finalmente, en el caso de Sánchez, por el pedido de juicio oral, con una posible condena a cinco años y cuatro meses de prisión, elevado por el Ministerio Público por la supuesta presentación de documentación falsa en sus declaraciones de aportes y gastos electorales entre 2018 y 2021.