La asunción del pinochetista José Antonio Kast como presidente de Chile supuso ayer una buena y una mala noticia para Javier Milei. La buena es que la troupe de la extrema derecha continental crece y ahora lo acompaña mucho más que al inicio de su mandato. La mala es que le surge en un país regionalmente importante un competidor por el calor de Donald Trump, lo que complicaría su aspiración de liderar, para entregarle llave en mano al republicano, una suerte de foro regional ultra.
La relación entre los presidentes vecinos es de fuerte afinidad y registró un encuentro –motosierra mediante– en diciembre último Buenos Aires, que no fue el primero.
Esa cercanía se refuerza con la decisión del Gobierno de extraditar a Galvarino Apablaza Guerra, miembro del Frente Patriótico Manuel Rodríguez acusado por el asesinato de un senador en 1991. Apablaza Guerra había recibido protección como refugiado político durante el kirchnerismo y litigó con éxito procrastinador durante el macrismo, cuando se le revocó ese estatus.
Como anécdota, la relación registró ayer un traspié inicial: "cuestiones de agenda" impidieron que se realizara la reunión prevista para minutos antes de la jura, algo que fuentes cercanas al nuevo mandatario atribuyeron, de modo discreto, a una demora del viaje delargentino. Como es habitual, el mandatario viajó acompañado por su hermana Karina, quien rompió con un impactante outfit con la solemnidad imperante –Kast reimpuso el uso de corbata en el gobierno tras la desviación izquierdista de los últimos cuatro años– .
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En cambio, sí llegaron a tiempo para verse con Kast el costarricense Rodrigo Chaves, el rey Felipe VI de España y los presidentes de Ecuador, Daniel Noboa; Honduras, Nasry Asfura, y Bolivia, Rodrigo Paz.
La economía chilena es la cuarta de Sudamérica y representa menos del 60% de la argentina, que es la segunda, pero en términos per capita la supera; esa es una de las consecuencias de la crisis perpetua de nuestro país.
Si el tamaño importa, más relevante resulta si el mismo es fuente de oportunidades o de problemas. Chile es un ejemplo de estabilidad macro en la región –cuestiones de modelo y de distribución aparte– y también de crecimiento, aunque en tiempos recientes ha normalizado sus tasas de aumento del PBI conforme alcanzó el estatus de economía de desarrollo medio.
Argentina, como se dijo, es más grande, pero por eso mismo es a los ojos de Estados Unidos una fuente mayor de problemas y un permanente demandante de rescates. Chile, cuya economía no necesita reformas para ser una de las más abiertas del continente, tiene con ese país un tratado de libre comercio que entró en vigor en 2004, uno sobre un total de 34. Milei, en cambio, todavía lucha para convertir a la economía nacional "en la más libre del mundo", a gusto del proteccionista Trump.
La regional ultra ya está conformada y el jefe de la Casa Blanca se encargó de exhibirla días atrás en Florida, donde lanzó el Escudo de las Américas, su iniciativa para militarizar el combate al narcotráfico en el hemisferio. Milei, claro, fue de la partida, pero también Kast, aunque todavía no había asumido.
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El título de virrey de América del Sur, que hasta hace poco parecía a la medida del anarcocapitalista, ahora podría ser disputado por el pinochetista que se acaba de instalar en el Palacio de la Moneda. Trump decidirá.
La juntada de la ultraderecha regional
La jura de Kast fue una expresión fuerte de esa miniinternacional de extrema derecha, en la que ella Milei brilló como una estrella. Una juntadda regional, claro, dados los faltazos de europeos como Giorgia Meloni, el español Santiago Abascal y el compañero de canto de Milei, el húngaro Viktor Orban. Con todo, los latinoamericanos que dieron el presente marcaron el tono de lo que se espera que ese foro informal represente en los próximos meses de elecciones y procesos políticos relevantes.
El chileno había sorprendido en enero al reunirse con Luiz Inácio Lula da Silva en el marco del Foro Económico Internacional para América Latina y el Caribe realizado en Panamá. Además del gesto mismo y de las sonrisas, calificó el encuentro como "muy bueno", conjunto que dio la idea de una diplomacia más pragmática que la argentina, que ha hecho de la frialdad con su principal vecino un sello de identidad.
Sin embargo, el sesgo ideológico parece imponerse en los primeros pasos del mandatario chileno, quien tuvo la provocativa ocurrencia de incluir entre los 1200 invitados a su toma de posesión nada menos que al senador Flávio Bolsonaro, precandidato en representación de su padre preso en las elecciones de octubre próximo, en las que enfrentaría al propio Lula da Silva. Resultado: el presidente brasileño anunció a última hora que no asistiría a la ceremonia en Valparaíso y que se haría representar por una delegación de menor rango, encabezada por el canciller Mauro Vieira.
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Con su ausencia, Lula da Silva "prueba que es una persona que no respeta a quien piensa diferente", lo chicaneó el senador.
La elección hecha por Kast de los amigos de los que prefiere rodearse resulta expresiva de lo que espera en el futuro cercano: antes afinidad que relación de Estado, gobierne quien gobierne, con el hermano mayor de la región.
Jair Bolsonaro sigue preso en cumplimiento de la condena a 27 años y tres meses de cárcel que le impuso el Supremo Tribunal Federal (STF) por el intento de golpe de Estado que puso en marcha tras su derrota en los comicios de fines de 2022. Su hijo diputado Eduardo ha activado en Estados Unidos sanciones contra jueces y funcionarios brasileños –política de la que Trump se ha alejado– y Flávio comanda, además de los preparativos electorales, la ofensiva del Congreso para votar una reducción de aquella pena.
De hecho, el año pasado ya se aprobó una ley en ese sentido, pero fue vetada por Lula da Silva. En estos días se lleva adelante una movida para reimponerla con la debida mayoría agravada, pero se estima que el Supremo la declararía inconstitucional.
Con Colombia se da un caso similar. Gustavo Petro, que viene de irritar incluso a Gabriel Boric por sus comentarios injerencistas sobre el resultado chileno, decidió no acudir debido a las invitaciones cursadas a varios derechistas, entre ellos el alcalde de Medellín Federico "Fico" Gutiérrez. Este sería una suerte de "gran elector" en las elecciones presidenciales del 31 de mayo, con previsible segunda vuelta el 21 de junio, que presentan pronóstico reservado para la izquierda.
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Por otro lado, fueron de la partida en el Congreso de Valparaíso los venezolanos Juan Guaidó, el malogrado "presidente encargado" que nunca fue, y la líder opositora María Corina Machado, a quien Trump relegó tras el secuestro de Nicolás Maduro por preferir la transición poschavista de Delcy Rodríguez, pero que desde ese episodio se mueve con mucha mayor libertad.
Entre Estados Unidos y China
La guerra ideológica, desde ya, también se instaló en el país, revirtiendo la buena onda institucionalista inmediatamente posterior al triunfo de Kast.
El nuevo mandatario puso fin la semana pasada los encuentros de los equipos de transición. La causa resulta elocuente de los tiempos que se viven.
Un proyecto para la instalación de un cable de fibra óptica que uniría Hong Kong y Valparaíso puso en guardia a Trump, quien no acepta la presencia de China en su "patio trasero" e impuso sanciones al ministro de Transportes saliente, Juan Carlos Muñoz, y a dos de sus asesores.
Chile, vale recordar, también tiene un TLC con Pekín.
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Boric –quien se retira con 40 años y una popularidad del 37%, menguada pero no despreciable para hacer política desde ahora– dijo que Kast estaba ampliamente al tanto de la iniciativa, pero este –que no quiere problemas con el republicano– lo acusó de mentir y el diálogo terminó.
Aunque una reunión previa al traspaso del mando entre el saliente y el entrante calmó los ánimos al menos para no afectar la ceremonia, lo que viene es una grieta recargada que tiene como trasfondo, justamente, el TEG regional entre Estados Unidos y China.
Gobierno de emergencia, alineamiento con los Estados Unidos de Trump, mercado libérrimo, servicios sociales en manos de empresas, defensa del sistema de jubilación privada, valores conservadores, mano durísima, obsesión antiinmigración e hiperajuste son los elementos que orientarán su gestión.
Electoralmente condicionado, prometió no derogar la reducción gradual de la semana laboral a 40 horas legada por su predecesor de izquierda –en abril deberá ser de 42–, pero señaló que la diluirá con medidas todavía más flexibilizadoras que las tradicionalmente vigentes en el país.
Tras jurar en el Congreso de Valparaíso, se trasladó al Palacio de la Moneda de Santiago, desde cuyo balcón pronunció su primer discurso.
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"Nos entregan un país en peores condiciones de las que podíamos imaginar. Un país con sus finanzas públicas debilitadas, un país donde el crimen organizado y el narcotráfico han avanzado. Un país donde las familias se sienten abandonadas por el Estado", señaló en un anticipo de las durezas y el ajuste que vienen.
"Un gobierno de emergencia no es un eslogan. Es orden donde hay caos, es alivio donde hay dolor, es mano firme donde hay impunidad", dijo. "A los adversarios de Chile les digo: no vamos a negociar. Los vamos a perseguir, los vamos a encontrar, los vamos a juzgar y los vamos a condenar", añadió en referencia a los delincuentes.
"Con la ayuda de Dios, el esfuerzo de cada uno de nosotros y un amor genuino por nuestra cultura y tradición, Chile volverá a encaminarse hacia un futuro esplendor", resumió en una frase su credo conservador.
Así viene la nueva era.
El equipo de gobierno entrante también es elocuente sobre el rumbo que seguirá.
Judith Marín, una evangélica fervorosa y militante antiaborto de 30 años, juró como ministra de Mujer y Equidad de Género. Jorge Quiroz, un hombre que quedó envuelto en mil polémicas por su asesoramiento a firmas acusadas de prácticas monopólicas y sospechado de conflictos de interés, es el ministro de Hacienda.
Francisco Perez Mackenna es el canciller, un importante banquero y empresario que hace su debut en la política en esas ligas mayores.
En tanto, Fernando Barros y Fernando Rabat asumieron, respectivamente, como titulares de Defensa, y de Justicia y Derechos Humanos. Se trata de dos abogados que en su momento defendieron a Pinochet en causas por delitos de lesa humanidad.
¿Se viene el zurdaje?
Así y todo, aunque usted no lo crea, hay quien se prepara a correr a Kast por derecha. Se trata de Johannes Kaiser, un hombre más asimilable a Milei por su estilo grosero, quien quedó cuarto en la primera vuelta de noviembre último con 14% de los votos.
"Voy a ser un comentarista privilegiado", dijo ayer en una entrevista al paso Kaiser, hermano del panfletista Axel Kaiser, autor de la teoría de que los izquierdistas tienen "parásitos mentales", la que le valió la admiración de Milei y Toto Caputo.
Aunque no cerró del todo la puerta a incorporarse en algún momento al gobierno, aclaró que se autopercibe opositor y dijo no tener "relación personal" con Kast.
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"Vamos a ser ancla y guasca (látigo) para impedir que se nos corra demasiado a la izquierda", aclaró.
Las referencias espaciales, definitivamente, se han convertido en un misterio.