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Los principales referentes del Gobierno debieron posar con Manuel Adorni como gesto de respaldo. Algunos parecieron proteger sus bolsillos con las manos.
El aumento de esa presión abre un nuevo frente de conflicto en el oficialismo que se superpone a la ya conocida interna entre El Jefe y Santiago Caputo.
La extrema derecha no para de sumar grietas hacia adentro y también fuera de sus filas.
¿En busca de un triunfo blando?
¿Por qué permite Bullrich, sin que al cierre de esta edición de desPertar haya mediado desmentida alguna, que se filtre su aparente rol de cabeza de la rebelión interna contra su jefe jerárquico y hombre que administra la voz oficial de Milei?
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Alto, alto perfil: Patricia Bullrich se reunió en Chile con José Antonio Kast.
En principio, podría pensarse que busca posicionarse individualmente por encima de los escándalos de Adorni Propiedades y Adorni Travel, en un intento de –sabrás perdonar la humorada zonza– no pagar el pato en términos de imagen y de potencial electoral.
Eso supondría que, efectivamente, Bullrich empuja el apartamiento del nuevo rico. Sin embargo, también podría especularse con que trata de apropiarse del rédito de una situación que intuye en vías de definición inevitable, cosa que ya hizo en más de una ocasión durante su extensa trayectoria política, más que zigzagueante en términos de lealtades –por usar un eufemismo delicado– y sólo signada por el bullrichismo a ultranza.
En tal caso, buscaría un triunfo blando.
¿Anticipos de un adiós?
La duda entre la ofensiva y el aprovechamiento queda instalada por la coincidencia de elementos contrastantes.
Por un lado, el propio Milei arrancó la jornada al insistir desde Estados Unidos en su respaldo al jefe de Gabinete. Desmintió publicaciones que daban cuenta de una supuesta propuesta de Toto Caputo para que Pablo Quirno asuma en lugar del funcionario sospechado de enriquecimiento ilícito. Infaltable: el deschavetado extremista embistió contra las "basuras inmundas" que, calcula a ojo, constituyen el 95% del universo de los periodistas del país.
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Sin embargo, lo más sustancial llegó por la noche. En declaraciones a La Nación +, cedió a un reclamo de Bullrich –algo más tenue, el que esta se animó a formular en on– de que el acusado anticipe y haga pública su declaración jurada –¿habrá magia?–, pero amonestó a su exministra: "Lo spoileó a Manuel", se quejó, dando a entender que eso iba a ocurrir de todos modos. ¿El verbo era en verdad "traicionar"?
Pasado de cortisol, acaso por la diferencia horaria con la gran ciudad californiana, y en medio de un aluvión de "digamos, o sea", increpó a los amigables Luis Majul y Esteban Trebucq como si fueran empleados maltratados. Llamativamente actuó como vocero de su vocero: Adorni "ni en pedo se va", anunció con fineza.
Consultado por las internas en el gabinete, sorprendió en grande: "El que toma las decisiones y decide quiénes me acompañan soy yo, y si a alguno no le gusta, se tendrá que fumar qué decido y, si no, se va. Mire qué fácil". ¿Le abrió la puerta a Bullrich?
"No voy a ejecutar a una persona honesta", puso las manos en el fuego al descubrir por fin el principio de inocencia. Sin embargo, el periodista Ariel Zak reveló a la misma hora en C5N que Adorni trató de orientar por chat la declaración testimonial del contratista Matías Tabar, quien se autoincriminó al confesar que remodeló la casa de Exaltación de la Cruz por 245.000 dólares en negro. Eso podría considerarse obstrucción de justicia, lo que le podría valerle al sospechado un futuro de prisión preventiva.
Por otro lado, mientras el hijo de una de las jubiladas-acreedoras que le vendieron el departamento de Caballito ratificaba en sede judicial el compromiso de un pago en negro de 65.000 dólares, se conocía que el derrochador Manuel Adorni gastó otros 14 millones de pesos para amueblarlo y el juez Ariel Lijo le levantaba el secreto fiscal a él y a su esposa Bettina Angeletti, impactó otra noticia difundida en C5N.
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Manuel Adorni y Bettina Angeletti, acaramelados.
Se trató de un posteo en Instagram, justamente, de Angeletti, quien señaló que "para avanzar siempre hay que dejar algo atrás". ¿Simple consejo de una coaching ontológica exitosa o presagio de un final que se empezaría a cocinar en familia?
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Aunque el hombre radiactivo por ahora se queda por decisión de Milei, es curioso que ciertas usinas insistan con la mención de hombres ligados al ministro de Economía para calzarse sus zapatos. Eso sería coherente con la impaciencia del Caputo mayor para que el Gobierno se reordene políticamente, de modo de aliviar la carga que el caos actual le añade a la economía. Pero, por otro lado, podría considerarse una picardía dentro de la endemoniada interna oficial para, justamente, esterilizar esa vía sucesoria, toda vez que se sabe que quienes entran como papas a los cónclaves suelen salir como simples cardenales.
El karinismo reacciona
La danza de nombres no se detiene y refuerza la duda de si se los lanza –siempre desde adentro, más vale– para promoverlos o para fulminarlos. El ultrakarinista Martín Menem reaccionó para que se lo deje de postular.
"Banco a Manuel Adorni. No hay posibilidad de que lo reemplace", afirmó en El Cronista stream.
Esa hipótesis es curiosa: el nombre del presidente de la Cámara de Diputados fue ampliamente mencionado en el marco de uno de los primeros escándalos que sacudieron al Gobierno, el Karinagate de las presuntas coimas del "tres por ciento" y desvíos del presupuesto destinado a las personas con discapacidad. No sea cosa que por soltar un lastre, los Milei terminen comprando una nueva crisis con una figura acaso complicada para pasar el filtro de un simple Veraz.
"Enemigos" adentro… y afuera
Como el origen de esas versiones no es la oposición –de hecho encantada de que esta crisis se extienda– ni el periodismo –el chivo expiatorio que han elegido para esta etapa de embestida antidemocrática Milei y Santiago Caputo–, sino el propio elenco oficial, cabe plantear un escenario de agrietamiento y fatiga de material en el Gobierno. Dado lo que se sabe sobre el trato stalinista que la secretaria general de la Presidencia dispensa a los "traidores", el futuro de la extrema derecha se llena de sombras.
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Más aun cuando la mamushka de guerras mileístas se proyecta al propio establishment de economistas que, se supone, debería apoyarlo y a los segmentos del Círculo Rojo que los escuchan con atención.
En este sentido, resultó de lo más elocuente la balacera tuitera desatada entre Domingo Cavallo, Milei y el equipo económico.
A pesar de –o tal vez debido a– haber estatizado deudas privadas desde el Banco Central en la dictadura, haber metido a la Argentina en el laberinto del "uno a uno" en los 90 y haber dejado un corralito y un país en llamas en 2001, el economista cordobés sigue siendo una referencia para los inversores y por medios internacionales cuando le dedican dos minutos de tiempo a la situación argentina.
Más allá de la figura de Cavallo, cabe registrar los artículos poco elogiosos que dedicaron en los últimos días al fenómeno barrial "biblias" del liberalismo como The Economist y el Financial Times.
El padre de la convertibilidad no es el único economista de la derecha que cuestiona aspectos centrales del plan en curso. En ese universo hay que sumar a referentes como Carlos Melconian, Martín Redrado y Carlos Rodríguez entre una fila cada vez más larga. Con diferentes énfasis en cada caso, cuestionan el tipo de cambio, la persistencia del cepo para las empresas, el amesetamiento de la inflación, la destrucción del consumo interno y la contabilidad creativa que permite llamar "superávit fiscal" a lo que es en verdad deuda flotante generada por la decisión de pisar gastos devengados.
En una entrevista con el periodista Maximiliano Montenegro en el stream Ahora Play, Cavallo se despachó largamente y en tono muy crítico de algunos de esos asuntos –sobre todo del mantenimiento del cepo– y se permitió cuestionar la solvencia profesional no sólo de Toto Caputo, sino también la del propio Milei.
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Al primero lo ninguneó como un mero "trader" sin visión teórica ni "base conceptual", a la vez que le agitó, por contraposición, la figura de su enemigo íntimo Federico Sturzenegger. Al Presidente le reprochó haberse dedicado a "filosofar" sobre historia de las ideas económicas y haber perdido contacto con la realidad.
Con la daga filosa de Cavallo clavada profundamente en su carne, el ministro olvidó su reclamo de frenar el dañino ruido extraeconómico –algo que le molestó a Karina Milei en una reunión de mesa política– y salió con los tapones de punta.
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Además de hacerse secundar por Los Picantes del Palacio de Hacienda –los receptores de créditos hipotecarios del Banco Nación Felipe Núñez y Federico Furiase, además de José Luiz Daza–, Milei se sumó al escarmiento.
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La línea de todos ellos fue achacarle a Cavallo errores de pronóstico –¿y ellos, con la inflación "cero coma…" en agosto?–, la creación del impuesto al cheque –el único, junto al que se aplica a los combustibles, que no se desploma como todo el resto de la recaudación– y la "violación sistemática a la propiedad privada", por el corralito y otras yerbas.
Curioso… Hasta la pelea de febrero del año pasado, cuando las primeras críticas de Cavallo en su blog desencadenaron la eyección de la hija de este, Sonia, de la embajada ante la OEA, Milei consideraba al cordobés "el mejor ministro de Economía de la historia". Ahora es Caputo, claro.
Rencor, mi viejo rencor
A la condición de Cavallo como referencia aún importante de ciertos sectores poderosos, hay que sumar los rencores personales.
El propio involucrado aludió a esa cuestión en la entrevista con Montenegro, tanto por el tono encendido con el que atacó a Milei y a Toto Caputo como por haber señalado que el Presidente lo "bloqueó en X y en WhatsApp". "Si hay resentimiento, tratá (de) que no se note", le replicó, con cierta razón el segundo.
Aunque cueste entenderlo, lo personal no es una parte menor de esta historia. Con sus insultos, Milei se gana enemigos. Puede que la tirria con Cavallo le gane algunos puntos ante la parte amplia de la opinión pública que guarda un pésimo recuerdo de este, pero acaso eso no se haga extensivo al Círculo Rojo. Ahí a Milei le empiezan a faltar algunos apoyos.
Esto es así tanto por la agresión que el plan económico supone para segmentos enteros de actividad –la industria, la construcción, el comercio– como, justamente, por los modos groseros que imperan en la Casa Rosada. Paolo Rocca ya no disimula que pretende, dando aire a la reorganización del macrismo, fragmentarle el voto a La Libertad Avanza (LLA) en las elecciones del año próximo.
El extremista de derecha, con todo, agacha la cabeza y arremete, aunque en esta coyuntura le vendría bien cierta contención.
La inflación bajó en abril desde la cima de marzo –en una semana se sabrá cuánto–, pero el festejo durará sólo un mes, hasta que mayo ratifique la maldita meseta del dos y pico.
La actividad, en tanto, rebotó en marzo, pero los datos de abril que comienzan a conocerse preocupan de nuevo. El primero, el de los despachos nacionales de cemento portland –un indicador relevante de la marcha de la construcción–, marcó el mes pasado una caída interanual del 12,7% que revirtió con creces el breve rebote precedente.
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Mientras la Universidad de Buenos Aires (UBA) piensa cómo hace para no cerrar sus hospitales por el incumplimiento del Gobierno en girar fondos ya presupuestados, tres mil personas hacían cola a lo largo de diez cuadras en Moreno para obtener alguno de los 60 empleos que ofrecía el frigorífico Cabaña Don Theo.
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Atención, Presidente: no todos los sectores respetan tanto como el 95% de los periodistas su libertad para injuriar y calumniar.
Que tengas un muy buen día. Hasta mañana.