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OPINIÓN

Aborto y baja de natalidad: "Hombres necios que acusáis..."

Sor Juana lo escribió en el siglo XVII. Hoy, el Estado no paga la cuota alimentaria, no cierra la brecha salarial y culpa a las mujeres por no tener más hijos.

Hace pocos días, en una entrevista, el presidente Javier Milei vinculó la caída de la tasa de natalidad en Argentina con la legalización del aborto, afirmando que "en temas de aborto la Argentina hizo un desastre. Para que vos tengas semejante caída en la tasa de reproducción vos hiciste un desastre".

No era la primera vez: en la cumbre de la Cámara de Comercio de Estados Unidos (AmCham) ya había dicho que "ahora se están dando cuenta que se les pasó la mano en atacar a la familia, en atacar a las dos vidas. Y ahora lo estamos pagando con caídas en la tasa de natalidad".

El argumento tiene la estructura de una conspiración: un gobierno anterior aprobó una ley, los nacimientos bajaron, luego la ley debe ser la causa. El problema es que los hechos son obstinados, y en este caso los datos refutan el relato con una claridad difícil de ignorar.

El problema de la cronología

El primer obstáculo para la tesis presidencial es aritmético. Los datos del Ministerio de Salud de la Nación muestran que la tasa de natalidad viene bajando desde 2014 (40%) en Argentina, mientras que la ley de aborto se aprobó recién en diciembre de 2020. La caída lleva seis años de ventaja sobre la ley. Especialistas señalan que la baja de la natalidad responde a múltiples factores, como cambios sociales, educativos y laborales, y mayor acceso a métodos anticonceptivos. La caída es anterior, y en parte más pronunciada, que el período posterior a 2021.

Hay otro dato que Milei tampoco mencionó: más de la mitad de la caída de la tasa de natalidad registrada en el último decenio se explica por el descenso de la fecundidad adolescente, que en muchos casos corresponde a embarazos no deseados. Menos embarazos adolescentes no deseados no es un "desastre demográfico": es un indicador de mayor autonomía y acceso a salud reproductiva.

¿Por qué las mujeres no tienen más hijos? (en datos)

El el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) publicó en 2025 un informe basado en encuestas en 14 países que cubre más de un tercio de la población mundial. Su conclusión es directa: la caída en las tasas de natalidad no refleja un rechazo a la maternidad o la paternidad, sino una crisis más profunda: la imposibilidad de formar las familias deseadas debido a obstáculos económicos, sociales y culturales. Más del 50% de los encuestados identificó razones económicas como el principal obstáculo para tener hijos.

En Argentina, esas razones económicas tienen nombre y apellido. Una economía con inflación estructural, ciclos de crisis recurrentes e informalidad laboral que en 2025 alcanzó el 43,2% según el INDEC no ofrece el piso de previsibilidad que requiere la decisión de tener y criar hijos. La "libre elección" que invoca el discurso oficial presupone condiciones materiales que el propio gobierno no estaría garantizando.

El trabajo que nadie ve y nadie paga en Argentina

Para entender por qué las mujeres enfrentan barreras específicas en el mercado laboral, y por qué esas barreras impactan directamente en las decisiones reproductivas, hay que empezar por lo que el mercado no mide.

Según la Encuesta Nacional de Uso del Tiempo del INDEC, las mujeres dedican en promedio seis horas y media por día a tareas domésticas y de cuidado no remuneradas. Los varones, tres horas y media. En términos mensuales, la diferencia es de 96 horas: el equivalente a 12 jornadas laborales completas que las mujeres realizan sin salario, sin aportes y sin reconocimiento en ningún índice económico del país.

El resultado es una paradoja que los datos confirman: si se suman el trabajo remunerado y el no remunerado, las mujeres trabajan más horas diarias que los varones, pero cobran menos, tienen menor acceso a empleos de jerarquía y acumulan menos derechos previsionales.

Esta sobrecarga no es neutral respecto a las decisiones reproductivas. Quien ya lleva el equivalente a una segunda jornada laboral sin remuneración sabe perfectamente lo que significa sumar un hijo al cálculo. No es que las mujeres "no quieran" tener hijos. Es que saben con precisión quién va a asumir la mayor parte del trabajo que ese hijo demanda, y en qué condiciones.

El mercado laboral penaliza la maternidad

Cuando las mujeres logran insertarse en el mercado laboral, encuentran una segunda penalización. La brecha salarial en Argentina alcanza el 27,5% a nivel nacional, según datos de la Encuesta Permanente de Hogares del INDEC procesados por Ecofeminita. Esto ocurre en un contexto donde las mujeres tienen en promedio mayor nivel educativo que los varones. El mercado no premia la educación ni el talento: premia la disponibilidad. Y la disponibilidad tiene distribución de género.

La presencia de hijos profundiza estas brechas. A medida que aumentan las responsabilidades de cuidado, la desigualdad se profundiza: menos horas disponibles para el empleo formal, menos posibilidades de ascenso, menos acumulación de capital laboral.

Cuando la pareja se disuelve, la trampa se cierra

El escenario se vuelve aún más crítico cuando una unión se rompe. En Argentina, las mujeres son jefas de hogar en ocho de cada diez hogares monoparentales. Ese número no describe una elección: describe la estructura de un sistema que durante años asignó a las mujeres las tareas de cuidado y luego las deja solas con esas tareas cuando la unión se disuelve.

Para más problema, los varones incumplen la cuota alimentaria. UNICEF Argentina confirmó que más de la mitad de las mujeres, en Argentina, con niñas y niños a cargo no recibe ese aporte. El dato es devastador en el contexto del argumento: el sistema responsabiliza a las mujeres por no tener más hijos, pero no hace cumplir la obligación más básica a quienes ya los tienen. “el incumplimiento no es una excepción ni un accidente: es la norma"

La secuencia es implacable: durante la convivencia, las mujeres reducen su actividad laboral para asumir el cuidado. Cuando la pareja se disuelve, esa reducción se convierte en desventaja estructural acumulada (menos antigüedad, menos aportes, menos capital laboral) y sin embargo son ellas quienes quedan a cargo del cuidado y del sostén económico al mismo tiempo.

Aquí aparece la contradicción central del discurso oficial: el mismo gobierno que no garantiza jardines maternales universales, que no implementa licencias parentales equitativas, que no combate la informalidad en los sectores feminizados, que desfinancia los programas de salud reproductiva y que recorta políticas de cuidado, ese mismo gobierno les dice a las mujeres que son responsables de la caída de la natalidad.

Decidir la maternidad

El aborto no aumentó. Se visibilizó.

La legalización del aborto en Argentina NO causó la caída de la natalidad. Lo que sí hizo fue reducir la mortalidad materna: en 2021, el primer año de vigencia de la ley, las muertes vinculadas a abortos clandestinos bajaron un 56,5% respecto del año anterior. Eso no es un "desastre". Es exactamente lo que debía ocurrir.

Antes de la ley, el propio Ministerio de Salud estimaba cerca de 450 mil abortos clandestinos anuales. Los abortos no aumentaron con la legalización: se hicieron visibles, se hicieron seguros, y dejaron de matar mujeres. Lo que cambió no fue la cantidad de interrupciones de embarazo, sino quiénes sobrevivieron a ellas.

Cuestionar ese derecho hoy, en el contexto de todos los datos mencionados, no es una posición demográfica ni económica. Es una posición política que le dice a las mujeres: no vamos a darte las condiciones para que críes con dignidad, no vamos a distribuir equitativamente el trabajo de cuidado, no vamos a cerrar la brecha salarial, no vamos a garantizarte infraestructura pública que te permita trabajar y ser madre al mismo tiempo, pero sí vamos a cuestionarte la posibilidad de decidir sobre tu maternidad.

Esa lógica no busca aumentar la natalidad. Busca mantener el orden que hace posible que las mujeres sigan siendo las que financian, con su tiempo y su trabajo no remunerado, la reproducción de toda la sociedad.

Las mujeres no necesitamos que nos expliquen qué queremos. Sabemos que queremos trabajar, que queremos decidir si ser madres y cuándo, y que queremos hacerlo en condiciones de igualdad real. Lo que no vamos a aceptar es que nos responsabilicen por las consecuencias de una desigualdad que el poder no solo no resuelve, sino que activamente sostiene.

Fuentes: Ministerio de Salud de la Nación / DEIS; INDEC — Encuesta Permanente de Hogares y Encuesta Nacional de Uso del Tiempo (ENUT); Ecofeminita/EcoFemiData; Unidad de Género y Economía, Ministerio de Economía de la Provincia de Buenos Aires; UNFPA — Estado de la Población Mundial 2025; Chequeado; datos OCDE/Eurostat.

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