21|11|2022

20 de septiembre de 2022

20 de septiembre de 2022

La economía cripto crece en Argentina sin regulación y desafía al sistema tradicional. Las claves del fenómeno y el análisis de especialistas. ¿Un mundo nuevo?

La producción e intercambio de criptomonedas o monedas digitales y todo lo que las rodea es un fenómeno relativamente nuevo pero que crece a gran velocidad en América Latina: toda la región ya muestra ser tierra fértil para la economía cripto y en particular la Argentina, que junto a Venezuela está entre los diez países del mundo donde la actividad se desarrolló más en los últimos años. Mientras crece la presión para que el Estado regule y la derecha se apropia de la agenda, los sectores progresistas lo miran con desconfianza, ¿cuáles son los desafíos que plantea este fenómeno al sistema financiero tradicional y a una economía con alta evasión? ¿Comenzó una nueva etapa del capitalismo global en la que ya no hay un monopolio del dinero?

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La empresa analítica Arcane Research proyecta que la región es, hoy, una de las más prometedoras para el desarrollo de los llamados “pools de minería”, algo así como fábricas que alimentan la cadena de producción de las criptomonedas.

 

Los factores del fenómeno son muchos. Hay condiciones favorables, como la inflación y la energía barata, para que el negocio se haya instalado en el cono sur con fuerza, pero también hay razones internacionales: la prohibición total de la actividad de minería -generación- de criptomonedas en China produjo una migración masiva de empresas. A lo largo de 2021 fueron sobre todo a los Estados Unidos y ahora empiezan a llegar a América Latina, donde además ya hay un país (El Salvador) en el que el Bitcoin -la madre de todas las monedas digitales- se convirtió en moneda legal.

 

Macri, el dólar y el boom cripto

En una economía como la argentina, golpeada por diversas crisis financieras, alta inflación, corralitos, cuasimonedas y un historial de bimonetarismo de hecho, no es extraño que un fenómeno como el cripto haya hecho nido. En el país, la explosión cripto tiene un hito fundacional: en 2019, cuando Mauricio Macri quebró su promesa presidencial de eliminar el cepo de la economía nacional, el dólar oficial minorista pasó de $58,41 a $78,50 para la venta, mientras que el dólar blue trepó de $63,50 a $133: el mercado le hizo saber que había sed de dólares. Este cepo tuvo un condimento adicional: para evitar las maniobras de "coleros digitales", el Banco Central bloqueó casi 15 mil cuentas por infracciones a la ley penal cambiaria. 

 

La tecnología, habilitada por el ascenso de las fintech, era una nueva vía de maniobra para la adquisición de dólares. Invertir en Bitcoin, que ese año pasó de US$3.717 a más de US$11.000, fue una manera de sortear los controles cambiarios. La plataforma de comercio de criptomonedas LocalBitcoins reveló un aumento del 547% en el volumen de comercio en un año, de agosto de 2019 a agosto de 2020, y, a principios de 2020, Ripio, uno de las mayores exchanges de criptomonedas de Argentina, tenía unos 400 mil usuarios. Ese año terminó con un millón.

 

La tendencia se reforzó gracias a una peor situación financiera, a un aumento del precio de los criptoactivos y a la pandemia de Covid-19, que puso en jaque las finanzas personales de una gran parte de la población. Un reciente informe de la consultora Carrier y Asociados da cuenta de que un 35% de las personas usuarias de Internet mayores de 16 años en la Argentina disponen de criptomonedas. Entre ellas, un 44% es millennial -tiene entre 26 y 41 años-, mientras que un 30% pertenece a la Generación X -entre 41 y 56- y un 23% es centennial -hasta 23 años-. 

 

Esta adopción estuvo acompañada de una fuerte inyección de capital en el sector. Según la Asociación para la Inversión de Capital Privado, América latina obtuvo más de $653 millones en inversiones de capital de riesgo en compañías de criptomonedas y Blockchain durante 2021, un aumento de casi el mil por ciento con respecto al año anterior.

 

No obstante, el crecimiento de Bitcoin no llegó solo. A medida que el ecosistema avanzaba sobre las finanzas tradicionales, su tecnología y su naturaleza descentralizada lo hacían mutar. Desde 2017, crecieron exponencialmente las altcoins o monedas alternativas a Bitcoin con diferentes usos.

 

Una de las que más popularidad ganó fue Ethereum, una criptomoneda que agrega funcionalidades, como los “contratos inteligentes”, y abre la puerta a nuevas formas de minado que reduzcan el consumo de energía. Esta tecnología dio lugar a las stablecoins, monedas que mantienen su paridad con algún otro valor -casi siempre, el dólar estadounidense, aunque también pueden estar referenciadas en el oro o algún otro commodity- y permiten eludir la volatilidad del valor de Bitcoin, algo que les permitió volverse muy populares y aportar a la adopción masiva de cripto. Esta mutación, con todo, no fue perfecta.

 

¡Plop! ¿Tropezón o caída?

Con la expansión de la criptoesfera llegó, acaso, un baldazo de realidad. La masiva adopción de Bitcoin y otras criptomonedas estuvo fuertemente relacionada no solo a sus casos de uso, sino a una nueva industria montada a su alrededor. Aparecieron muchas empresas intermediarias entre las personas compradoras y las criptomonedas que ofrecen servicios de custodia, inversión, arbitraje y venta, entre otros. Así, se quebró una parte del espíritu inicial de Bitcoin: ya no eran personas intercambiando su dinero de manera individual con otras personas, sino que volvían a depender de un tercero para manejar sus finanzas. Estos intermediarios son hoy grandes jugadores del mercado. Un ejemplo es Binance, la mayor plataforma de intercambio o exchange, gestión y resguardo de criptomonedas. Para graficar la importancia: el torneo de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) 2022 fue esponsoreado por Binance e incluso es el nombre del campeonato. 

 

“Las facilidades que aportan los exchanges como Binance sólo buscan continuar con la dependencia en las personas. Esos Bitcoin que están en un exchange son bonos de Bitcoin. La personas usuaria lo ve representado en una pantalla una cuenta, una wallet (billetera), pero ese exchange maneja las claves privadas”, explica Matías Isea, un trader y bitcoiner de la "vieja escuela”.

 

La explosión de la burbuja también se dio por la multiplicación de proyectos de altísima volatilidad, poquísima confianza y muchísimo riesgo. El caso más reciente de este fenómeno es el de Terra/Luna. El proyecto ofrecía ganancias de más de 20% anual en dólares, sin riesgos, a través de un protocolo llamado Anchor que generaría esas ganancias en una criptomoneda estable anclada al dólar. Cuando el proyecto cayó, arrastró a todo el mercado a caídas superiores al 50%. Hasta a Bitcoin, que hoy está 69.6% por debajo de su máximo histórico con fecha en noviembre de 2021. 

 

En la Argentina, los casos de CoinX, Vayo Coin y Inbest fueron reflejos paradigmáticos de un mercado desbocado que sólo buscaba las ganancias inmediatas y aprovechar el mercado alcista, tanto por los récords históricos de las cotizaciones durante 2021 como por el interés de los inversores en las criptomonedas. La inexistencia de regulaciones y la promesa de inversiones con altísimos rendimientos, en un contexto de alta inflación, explican también la penetración de este tipo de ofertas en un público masivo.

 

La idea de una moneda sin control estatal y deflacionaria dio paso a las grandes ganancias en dólares, la clandestinidad monetaria y el control por parte de empresas privadas. Hoy, casi una quinta parte de la potencia computacional que mantiene activa a la red de Bitcoin -en la jerga se llama “tasa de hash”- pertenece a los pools de minería, que son empresas que “minan” criptomonedas. 

 

El informe de Arcane Research detalla que las empresas mineras que cotizan en bolsa representan ya el 19% de la tasa de hash total de Bitcoin, un crecimiento exponencial desde el 3% en enero de 2021. Casi la mitad de hash global se genera en mineros estadounidenses, según los últimos datos del índice de consumo eléctrico de Bitcoin que realiza la Universidad de Cambridge. 

 

A la Argentina llegó en 2020 la empresa de cripto por excelencia: Binance. El exchange maneja la cuota más grande de usuarios en el país y el mundo, con una liquidez diaria de US$80 millones. Maximiliano Hinz, director para América Latina en Binance, da su visión. “Muchos usuarios -dice- usan cripto como ahorro: compran y no tradean (NdR: otro término financiero que quiere decir comprar y vender activos). Otros apuestan a stablecoins y otros, a propuestas con valor como Bitcoin, Ether o Binance Coin. Los usuarios se van tecnificando y complejizando”.

 

Hinz concuerda en que, si bien es difícil conocer el número de “cripto entusiastas” fuera de los servicios centralizados, “la masa fuerte que llegó a las cripto fue en estos últimos dos años y, como son más nuevos, prefieren alternativas conocidas. Así no sea para almacenar, sino para comprar, casi todas las operaciones de trading se hacen a través de plataformas centralizadas”. 

 

El otro gran baldazo de agua fría para la economía cripto vino desde la regulación. Era esperable, dados la creciente adopción de este tipo de dinero digital y los problemas económicos y financieros que aparecieron con esa masividad. “En Argentina no hay normativa específica, no hay ley que regule todo el aspecto de la tecnología blockchain y los derivados ni las intervenciones financieras, pero existe un nombramiento desde varias leyes y normativas aledañas”, explica Andrés Burecovics, abogado y director de B&P Consulting, empresa especializada en regulación cripto y estructuras corporativas internacionales. 

 

En Argentina, las cripto no son legales ni ilegales, simplemente no tienen regulación. “Esto es algo que sucede en todo el mundo”, explica Burecovics. Así, se comportan como un activo digital intangible, por lo que les caben ciertas regulaciones y pago de impuestos. “Si uno compra un auto con cripto o con lo que sea, tiene que justificar los fondos y mostrar trazabilidad. Lo mismo ocurre si genera ganancias: debe pagar”, explica Burecovics, quien admite que la regulación siempre viene “por detrás” de la tecnología y señala que es un debate abierto en todo el mundo. Lo cierto es que el cóctel de grandes masas de capital y grandes escenarios de pérdidas llamará la atención de la política, que deberá tomar cartas en el asunto, para un lado o para el otro.

 

¿Revolución o espejismo?

Las criptomonedas no están totalmente al margen de la dinámica de la economía global dominada por la concentración. Binance captó el 30% de la cuota global de mercado cripto en marzo de 2022, según un informe de CryptoCompare. La pregunta que surge entonces es: ¿están los exchanges también en una carrera por consolidarse como grandes jugadores que se queden con la mayor porción del mercado, como sucedió otras veces en el mundo de las tecnológicas? Hinz considera que no y da como ejemplo el crecimiento de las Finanzas Descentralizadas o  DeFi. “No tienen una estructura como la de Binance y pasaron del 1% al 12% del mercado en un año y medio. Es uno de los competidores fuertes”.

 

Todo indica que la red de Bitcoin se centralizará gradualmente y que quienes tienen el poder de cómputo para validar las transacciones controlarán directamente a Bitcoin. De hecho, bitcoiners como Isea ya se están moviendo hacia proyectos alternativos que no presenten la corrupción que sufrió Bitcoin: “Hay un proyecto alternativo, Monero, que está totalmente fuera de esa lógica continuando la idea central de descentralización. Esto no se conoce mucho en la comunidad Bitcoin, porque es una especie de secta, si se quiere. Hablamos de gente que pasó a ser multimillonaria y es lógico que cambie en algo sus valores”. 

 

Monero es una criptomoneda más anónima que Bitcoin que utiliza un protocolo (RandomX) que facilita el minado para máquinas poco complejas, lo que propicia la descentralización de la minería; un problema que Bitcoin tiene cada vez más presente ya que los fabricantes de ASIC (máquinas especiales de minado) también se están centralizando en pocos jugadores. El más prominente es Bitmain, una empresa china.

 

El mundo cripto se pinta como un cuadro claroscuro. Con poco más de diez años de desarrollo, está por verse cuál será su rol en la economía del futuro; si ganará la visión que creó Bitcoin -una moneda descentralizada y manejada por pares anónimos con la programación como imperio de la ley- o el mundo cripto será absorbido por los bancos y los dueños de la economía global como un activo más para usufructuar.