10|9|2022

Nuevos ministros, viejos problemas

El jueves fue designado Sergio Massa como ministro de Economía, el tercero en ocupar ese sillón en julio. Los desafíos que deberá enfrentar. 

El 1 de julio el ministro de Economía era Martín Guzmán, el 5 Silvina Batakis y el 29 Sergio Massa, así en menos de 30 días tuvimos tres ministros de Economía distintos. Esto nos da una idea de lo profunda de la crisis que atraviesa el gobierno en materia económica pero también política. No hay plan económico que pueda tener éxito sin un fuerte apoyo político que lo respalde y es allí donde tal vez pueda ser importante la figura del todavía titular de la Cámara de Diputados.

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El nuevo ministro tiene por delante 17 meses de gestión y en ese tiempo deberá intentar solucionar los problemas que enfrenta la Argentina y que no han podido ser resueltos en los pasados 31 meses que lleva la actual administración, es más, muchos de ellos se han profundizado.

 

De esta forma, Sergio Massa deberá poner en funcionamiento un plan económico integral que logre incrementar las reservas de dólares del Banco Central que hoy se encuentran en tan bajo nivel que lleva a restringir fuertemente las importaciones. Incluso, esta es una de las metas acordada con el FMI y hoy la que está más lejos de su cumplimiento.

 

Allí no terminan los desafíos para la nueva conducción económica. La inflación es, tal vez, uno de los males que más aquejan a la sociedad. Con una suba de precios que se aceleró en el mes de julio, estamos a las puertas y con altas posibilidades de llegar a las tres cifras. Además de ser una de las más altas del mundo, valores de estos niveles no solo imposibilitan el normal desarrollo de la economía generando más pobreza, pérdida de poder adquisitivo, precios de referencias, entre otros efectos negativos, sino que ningún gobierno ha ganado ni puede ganar elecciones en este contexto y todos sabemos que quien hoy llega al Ministerio de Economía solicitando la concentración de poder de varias áreas viene con la intención de ser el próximo ocupante de la Casa Rosada.

 

Para ello deberá controlar y disminuir un déficit fiscal que lleva décadas, el cual es el origen de los problemas. Es precisamente ese déficit fiscal crónico lo que nos ha dejado sin financiamiento, la falta genuina de financiación obliga al gobierno a recurrir a la emisión monetaria que luego termina convalidando la suba de precios y provocando inflación. Esta reducción del déficit debe efectivizarse rápidamente, primero porque hay metas a cumplir en este sentido también con el FMI, pero principalmente porque este gobierno no genera confianza y debe demostrar prontamente resultados para intentar alinear expectativas que le permitan llevar adelante su plan económico con la finalidad de ordenar una macro desbordada.

 

Todo esto deberá hacerlo mientras lidia con las presiones de los movimientos sociales, muchos de ellos que forman parte del gobierno, que ven rápidamente licuadas por los altos índices de inflación las ayudas que reciben, y con un sector de la coalición que reitera una y otra vez que el ajuste no es parte de su programa de gobierno, aunque tampoco aclara cómo hacer para seguir financiando la expansión continúa del gasto.

 

Se espera que el lunes le sea aceptada la renuncia a la presidencia de la Cámara de Diputados, el martes asumiría y daría a conocer su equipo para recién el miércoles comunicar las primeras medidas donde todos esperamos que plasme su plan económico. La tarea no es sencilla, el margen de error escaso y el voto de confianza que le dio el mercado tiene fecha de vencimiento. En el medio, está todo un país que espera que de una vez por todas alguien le encuentre rumbo a este barco llamado Argentina que navega a la deriva hace años.