11|1|2022

09 de noviembre de 2021

09 de noviembre de 2021

En la pandemia, 350 mil empleadas domésticas quedaron fuera del mercado laboral. Cómo es el programa oficial para el sector más feminizado de la economía.

“Los desocupados deben imaginarse como mujeres, los pobres son mujeres en su mayoría, los vulnerables deben ser pensados como mujeres”, escribió la politóloga María Esperanza Casullo. En ese marco, el trabajo de casas particulares, una de las principales actividades para las mujeres, el más informal, el más feminizado de la economía y el peor pago, también fue uno de los sectores que más empleos perdió en la pandemia.

 

De acuerdo con el informe de CEPAL "COVID-19: La autonomía económica de las mujeres en la recuperación sostenible y con igualdad" (2021), que analiza la situación en América Latina y el Caribe, el empleo doméstico involucra a más del 10% de la fuerza laboral de las mujeres en la región, lo que representa casi 20 millones de personas.

 

Un documento de la Secretaría de Política Económica de la Nación da cuenta de que, en Argentina, el trabajo en casas particulares es la tercera rama de ocupación entre los empleos de las mujeres, después del comercio y enseñanza (EPH-INDEC, primer trimestre de 2021). Casi el 60% de las mujeres del país se inserta en el servicio doméstico, el comercio, la enseñanza y los servicios sociales y de salud. Es decir, seis de cada diez mujeres trabajan en estas ramas. Hasta antes de la pandemia, el trabajo en casas particulares era la principal actividad: empleaba a 1,2 millón de mujeres (el 16,7% de las trabajadoras ocupadas), pero, en el segundo trimestre de 2020, más de 400 mil trabajadoras perdieron el trabajo y todavía 350 todavía mil no lo recuperaron.

 

La caída en el empleo en este sector fue tan grande que modificó la estructura de inserción laboral de las mujeres: a principios de 2020, casi una de cada seis trabajadoras se empleaba en esta rama; a principios de 2021, lo hacía una de cada ocho. Este sector es, a su vez, el que cuenta con mayor nivel de informalidad (el 70,5% de sus trabajadoras/es no tenía descuento jubilatorio al primer trimestre de 2021) y menores salarios de toda la economía argentina. Además, es el más feminizado: el 98,8% de quienes trabajan en el servicio doméstico son mujeres.

 

Sobre la base de este diagnóstico, el Gobierno puso en marcha Registradas, un programa mediante el cual el Estado se hace cargo de entre el 30% y el 50% del salario mensual de las empleadas recién contratadas, durante seis meses, con un monto máximo del beneficio de $15.000. Para estas trabajadoras, el programa significa la posibilidad de contar con un empleo con acceso a aportes previsionales, ART, vacaciones y licencias, entre otros derechos. La política pública está articulada entre distintos ministerios y organismos: el de las Mujeres, Géneros y Diversidad, el de Trabajo, el de Economía y la AFIP, que cuenta con una pestaña específica para inscribir a las trabajadoras.

 

“Poner plata en ese sector no es solamente mejorar la situación laboral de las mujeres, sino combatir la pobreza porque seis de cada diez trabajadoras de casas particulares está por debajo de la línea de pobreza”, le dijo a Letra P Lucía Cirmi Obón, directora nacional de Políticas de Cuidado del Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad.

 

La agencia dirigida por Mercedes Marcó del Pont informó que unas 20.000 trabajadoras de casas particulares se registraron desde la puesta en marcha del programa, a comienzos de octubre, aunque no todas están en condiciones de acceder a los beneficios de la medida, y que, desde la perspectiva de las personas que las emplean, 10.800 familias pueden solicitar la asistencia del Estado para afrontar el pago del salario de sus trabajadoras durante un semestre. Además, ya perciben los beneficios del programa unas 3.000 (ahora) empleadas.

 

Patricia Vaca Narvaja, subdirectora general de Servicios al Contribuyente de la AFIP, sostuvo sobre esta iniciativa: “Así como el Estado brindó asistencia a las empresas con dificultades para sostener los puestos de trabajo, el Programa Registradas asiste a las familias para que regularicen a sus trabajadoras y les garanticen el acceso a derechos laborales, cobertura de salud y jubilación”.

 

Las 20.000 personas registradas a partir del lanzamiento de la convocatoria implican bastante más que el promedio habitual –más allá de que no todas aplican al programa en sí- y esto, evalúan en el Gobierno, tiene que ver con el impacto positivo de la difusión de esa política pública, cuya fecha de finalización es el 31 de diciembre.

 

Para Pamela Ares, subsecretaria de Políticas de Inclusión laboral, "esta formalización le permite a la trabajadora contar con una cuenta en el Banco Nación. Eso es importante, porque hoy las trabajadoras más vulnerables no están incluidas financieramente y toman préstamos a tasas usurarias, quedando desprotegidas". 

 

También para la clase media

La otra cuestión sustancial, además de la formalización del empleo para las trabajadoras domésticas, tiene que ver con que, cuantas más mujeres de este sector recuperen el trabajo, más posibilidades tendrán otras personas, sobre todo otras mujeres, de reinsertarse en el mercado laboral, al derivar las tareas de cuidado en personas contratadas para eso. 

 

Ares pone énfasis en que es una medida que también beneficia a la clase media. “Las personas que ya accedían a facilidades para registrar a sus trabajadoras son las que cobran más de 175 mil pesos, porque pueden desgravar de Ganancias parte del costo del trabajo doméstico. Ahora los sectores medios, que también son empleadores y trabajadores a la vez, van a tener este beneficio”, asegura.

 

Además de los intercambios con sindicatos del sector y la Organización Internacional del Trabajo (OIT), la Nación usó como ejemplo la medida tomada por el gobierno francés durante 2020, que, en contexto de restricciones de circulación, puso en marcha un subsidio para trabajadoras de casas particulares equivalente al 80% del salario neto por las horas programadas y no trabajadas, durante cuatro meses. En Francia se recibieron más de 500 mil solicitudes y la política alcanzó a más de 361 mil personas del sector. Esta experiencia marcó un antecedente en el proceso de creación de Registradas.  

 

“En definitiva, está pasando lo que indican las siglas del programa”, dice Cirmi y aclara: "Recuperación económica, generación de empleo, inclusión social para las trabajadoras de casas particulares”.

 

En el mismo sentido opinó Mercedes D’Alessandro, la directora de Economía, Igualdad y Género del Ministerio de Economía. “Registradas es una herramienta de política para recuperar el empleo y mejorar sustancialmente su registración, brindando acceso a derechos y mejores salarios", señaló.