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La Nación sin Mitre

El tradicional periódico experimentó fuertes cambios en los últimos años. Del diario de papel como buque insignia a las métricas como bandera. El futuro sin “Bartolito”.

Por 31/03/2020 11:42

Murió Bartolomé Mitre justo en el año en que La Nación celebra su 150 aniversario. Murió “Bartolito”, como le decían sus familiares y amigos, justo en el momento en que sus trabajadores y directivos enfrentan el desafío de hacer el diario en forma remota (sí, también en papel) como medida preventiva ante la pandemia del COVID-19. 

La Nación es uno de los medios argentinos que optó por el home office y solo un puñado de técnicos, editores y personal jerárquico se traslada, en turnos rotativos, al nuevo edificio de Avenida Libertador. Ante el escenario excepcional que obliga el coronavirus, la mayoría de los periodistas supo de la muerte de Mitre por WhatsApp o a través del tuit del secretario de redacción, José Del Río. Algunos directamente se enteraron por la semblanza que publicó en lanacion.com el periodista Fernando Laborda, la que probablemente fue escrita mucho antes.

 

 

Quien murió era el tataranieto del fundador de una de las instituciones periodísticas más tradicionales del país y ahora florecen algunos interrogantes. ¿No habrá más editoriales reivindicando la dictadura o el embarazo en la niñez, repudiado incluso por sus propios periodistas? ¿Dejará de salir el diario en papel para ponerle atención solo al músculo digital? ¿Cambiará el rumbo empresarial?

 

 

Por lo pronto, hay una certeza: con o sin Mitre La Nación cambia. Para ser precisos, el medio transitó fuertes mutaciones desde la última década y muy especialmente desde 2017, con transformaciones a nivel producto, en su modelo de negocio, en sus rutinas periodísticas, en su conformación directiva, en el tamaño de su redacción (tendencia al achique, con retiros y despidos directos) y en la prédica, cada vez mayor, de que el barco insignia ya no es el papel. 

ALGORITMOS Y PUNTUACIÓN, LA NUEVA FÓRMULA PRODUCTIVA. Opinión, no dato: muy posiblemente Mitre haya dejado este mundo sin comprender cómo funcionaba la herramienta denominada Score. Vigente desde fines de 2018, se trata de un sistema de medición de consumo digital basado en una combinación matemática y algorítmica. Es decir, un grupo de variables y cientos de combinaciones que miden aquello que consumen los usuarios de alta frecuencia y los suscriptores, además de medir la productividad de los periodistas. Score registra desde el CTR de un contenido (los clics) hasta el “Índice de Conversión Digital”, léase, quiénes lograron convertir usuarios en suscriptores a partir de sus notas. Ese último grupo de variables (ICD) se sumó hace apenas unos meses, pero ya se volvió un mantra para los directivos de La Nación, porque marida con la estrategia de suscripción digital, el muro de pago, que implementa el medio desde 2017. 

Dato, no opinión: Mitre no tenía injerencia desde hacía años en La Nación. Cuentan en la redacción que ni siquiera opinó sobre el rumbo de “Los cuadernos de las coimas”, que en el propio medio venden como “la investigación que cambió la historia”. Una frase de José Del Río da muestra de lo simbólica que resultó la historia de Oscar Centeno al interior de la redacción que dirige: “Durante seis meses solo dos personas sabíamos de los cuadernos. La decisión directiva fue que saliera primero en la web. Recién al otro día salió en print. Eso fue fundacional”, contó en una entrevista con esta autora. Decisión directiva que no incluyó, claro, a Bartolo.

Mitre tampoco opinó sobre el Score, la nueva fórmula productiva que impulsaron el CEO, Francisco Seghezzo, y el propio Del Río. Menos aún participó en los últimos cambios que quedaron en pausa por la pandemia del nuevo coronavirus: la decisión de que el 80% de los periodistas escriba solo para la versión digital y que se reserven algunos redactores y editores para escribir y editar el papel.

 


 

Los cambios fueron y serán más allá de la dinastía Mitre. Por otro carril va la pregunta de qué pasará con la herencia que conforma el clan Mitre o con los editoriales que acostumbra publicar el diario y que, aseguran desde adentro, son independientes de la redacción. 

Mitre se fue en medio de la pandemia, sin coronas de flores ni el barullo típico de una redacción periodística. Mitre transitó de joven una redacción que ya no existe y dirigió un medio que tenía como buque insignia al papel, pero eso hoy es historia.