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El Golpe de Estado en Bolivia y sus miradas en la prensa argentina

Golpe, conflicto, crisis, transición, vacío de poder. Algunos de los encuadres con que La Nación y Página/12, de líneas ideológicas antagónicas, dieron cobertura a la situación del país vecino. 

El Golpe de Estado en Bolivia y sus miradas en la prensa argentina

27/11/2019 20:06

 

Tras las elecciones del 20 de octubre en que Evo Morales obtuvo su cuarto mandato presidencial, la crisis política y social se precipitó en Bolivia. En medio de un acelerado clima de violencia política, Morales convocó a nuevas elecciones luego de conocerse un informe preliminar de la Organización de Estados Americanos (OEA) que señala “estadísticamente improbable” que el oficialismo hubiera obtenido diez puntos sobre su principal competidor, el ex presidente Carlos Mesa Gisbert. Horas después del llamado a nuevos comicios, el jefe de las Fuerzas Armadas, Williams Kaliman, pidió la renuncia del presidente, que culminó con su exilio en México, tras 13 años en el poder. La auto-proclamación de la senadora Jeanine Áñez Chávez como presidenta interina reavivó la conflictividad y, al cierre de esta nota, el número de muertos supera la treintena.

El periplo boliviano capturó la atención de los medios en todo el mundo. En Argentina, los diarios La Nación y Página/12, con líneas ideológicas antagónicas, dieron amplia cobertura al tema. En esta nota repasamos el tratamiento de la crisis boliviana en ambos medios, desde la renuncia de Morales el 10 de noviembre y hasta los diez días posteriores.  

PÁGINA/12. Para el diario del Grupo Octubre, Bolivia fue tópico preponderante y se mantuvo en tapa los todos los días analizados, en cinco de ellos como tema central. En ese periodo publicó 138 notas referidas al golpe, a razón de 14 por día. Solo el 8% de las 77 notas que se publicaron con firma fueron escritas por mujeres. El resto se trata de artículos breves, en su mayoría de opinión, firmados por columnistas de renombre habituales en las páginas del diario como Mempo Giardinelli, Atilio Borón, Emir Sader Mario Wainfeld, entre otros. El diario no envió un equipo periodístico propio a cubrir los hechos. Se sirvió de fotografías de agencias internacionales y las crónicas desde La Paz de Marco Teruggi, colaborador habitual de medios como Telesur y la agencia Sputnik. Cuando parte del interés periodístico se desplazó hacia México, recibió las notas de periodistas del diario local La Jornada, “especial para Página/12”.

Casi la mitad de las publicaciones lleva la palabra “golpe”o “golpismo” en su título. En este punto no existe fisura ni disidencia en el encuadre que realiza el diario, sus columnistas y principales colaboradores: para Página/12, en Bolivia ocurrió un golpe de Estado a manos de grupos opositores de extrema derecha, empresarios, la policía y los militares, con el apoyo y complicidad de la OEA y los Estados Unidos.

El tratamiento de la situación como golpe de Estado fue reforzado con citas de autoridad como la del precandidato a la presidencia de los Estados Unidos Bernie Sanders, que se refirió en esos términos;  artistas argentinos y referentes políticos de países europeos que se desmarcaron de la posición oficial de la Unión Europea. A nivel local se ponderó positivamente la posición de la excanciller Susana Malcorra en contraposición a su sucesor Jorge Faurie que, en representación del pensamiento del Gobierno, al que se mostró alineado al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, reiteró las razones por las que no habría un golpe en el país vecino. A su vez, se destacó la soledad de Macri y la fractura en la alianza de gobierno a partir de un comunicado del radicalismo en que repudian la interrupción del orden democrático. Alberto Fernández, por su parte, es retratado como un líder regional con participación clave en las gestiones que permitieron trasladar a Morales y a su vice, Álvaro García Linera, hacia su exilio en México.

 

 

 

Numerosos artículos se concentraron en la exaltación de la figura de Morales y caracterizaron al suyo como “el mejor gobierno de la historia”; el que permitió “el mayor empoderamiento histórico de la población indígena”, destacando además los logros en materia económica y social. En este punto el diario, en su versión digital, hizo algo inusual: infografías interactivas que permitían ver la evolución y mejora de indicadores como la mortalidad infantil, entre otros. A su vez, la sensibilidad del tema, aún en desarrollo, y el gran número de notas de opinión, dieron lugar a artículos que interpelaban al lector desde la emotividad: “Bolivia, un sentimiento”; “Orgullo Boliviano” o “Palabras urgentes sobre Bolivia", entre algunas de ellas.

 

 

LA NACIÓN. Entre el 10 y el 20 de noviembre, La Nación publicó 88 notas sobre Bolivia que fueron relevadas de su sitio digital. La “crisis” en aquel país fue la manera predominante en que el grupo mediático decidió enmarcar al golpe, tema central de la mitad de las portadas del periodo, y título secundario en otras cuatro jornadas. En la cuenta de Twitter de La Nación circularon menos artículos aunque más material audiovisual (73 posteos), apoyados en contenidos del canal LN+ y concentrados principalmente en los tres primeros días.

A partir del análisis pudo observarse que no se registraron tantas notas de opinión como en el primer medio, las cuales estuvieron también dominadas notablemente por periodistas varones. Entre las piezas informativas que no fueron escritas para el diario, destacaron las agencias AFP, AP y DPA. La recurrente alusión a autoridades o supuestos actores neutrales dentro de esta muestra, como la ONU o la OEA, o bien analistas externos (como Jaime Bayly), tendieron a ratificar una versión de los hechos que escapaba a la definición de golpe y repartió responsabilidades por el desorden institucional y la violencia, entre las fuerzas armadas y el presidente renunciante. Dos casos resultan aquí elocuentes: la nota principal referida a la renuncia del ex presidente, titulada “Acorralado y sin apoyos, renunció Evo Morales”, y la columna “Bolivia: ¿y si fue un autogolpe?” escrita por Carlos Manfroni, a quien presentan como un experto consultado oportunamente por la OEA. Este controversial enfoque, que minimizó en principio la situación de coerción ejercida por parte de las fuerzas de seguridad, provocó la reacción de trabajadores de La Nación que, en un documento colectivo difundido por SiPreBA, cuestionaron la línea editorial del medio y sentenciaron: ”No hay otro nombre para lo que ocurre allí, se llama golpe de Estado”.

Una situación que quedó mayormente expuesta con la represión que siguió con el correr de los días y que incluso afectó a periodistas enviados para las coberturas, un tópico que también estuvo sorpresivamente invisibilizado, en la medida que se registraron escasas notas al respecto y con una marcada selectividad en los medios aludidos (TN y América).

Otro marco interpretativo estuvo vinculado con la reducción de la lectura del conflicto al ámbito de la política argentina y la transición institucional entre Mauricio Macri y Fernández, contrastando la postura indefinida del primero con la del segundo (calificada como ideológica), en una operación que mostró que, antes que la crisis humanitaria y social en el país andino, preocupó más su traducción política local. Estos cruces derivaron en la discusión parlamentaria -convocada por el Frente de Todos- e incluyeron menciones a referentes del oficialismo (Faurie, Miguel Pichetto, Patricia Bullrich, María Eugenia Vidal, Fernando Iglesias y Gerardo Morales) y de la oposición (Cristina Fernández de Kirchner, Axel Kicillof, Felipe Solá o Juan Grabois, entre otros). Un aspecto que quedó expuesto, por ejemplo, en una nota que plantea que la interpretación de los acontecimientos agranda la “grieta” entre el presidente entrante y saliente.

 

 

LECTURA DOMÉSTICA Y BINARIA. De lo observado surge que ambas coberturas se realizaron a través del prisma local, que en ocasiones pone en primer plano a actores de la política nacional por sobre las problemáticas y urgencias que ocurren en suelo boliviano. Además de las reacciones de las figuras más salientes y vinculadas a la problemática, como Macri, Fernández o el canciller Faurie, La Nación dedica notas a recoger opiniones de dirigentes como Iglesias o Pichetto, escasamente relacionados con la temática. Esta práctica se replica con menor intensidad en Página/12, más preocupado por las definiciones de Alberto y Cristina Fernández, Macri y Faurie. Otro aspecto relevante es el encuadre claro y sin fisuras entorno a la existencia de un golpe de Estado que realiza Página/12, que se replica en todas sus notas. La Nación, por su parte, elige hablar de “crisis”, “transición”, “violencia política”, y solo utiliza la palabra “golpe” entre comillas y cuando es posible atribuirlo a los dichos de alguna fuente. Un tipo de definición editorial que fue fuertemente cuestionada, incluso por gran parte de sus trabajadores.

En el posicionamiento periodístico de ambos medios, la consideración hacia Evo Morales tiene peso específico, aunque en sentidos distintos. Mientras Página/12 hace una exaltación positiva de su figura, los logros de su gestión y valora su renuncia como un acto de grandeza para evitar mayores daños, La Nación lo responsabiliza por acción u omisión de la situación del país.

Por otra parte, se observa que Página/12 cuenta con un mejor anclaje sobre las cuestiones latinoamericanas y dialoga más fluidamente con algunos de sus actores y organizaciones populares. Así, incluye por ejemplo una entrevista con Adriana Guzmán, integrante del Feminismo Comunitario Antipatriarcal de Bolivia; una columna de Chana Mamani, integrante del colectivo Identidad Marrón y de la Red Nacional de Migrantes y Refugiados Bolivianos en Argentina y un artículo del depuesto vicepresidente García Linera, publicado originalmente por CELAG.

Fieles a sus líneas ideológicas históricas, y probablemente a las expectativas de sus lectores, la cobertura de ambos medios no logra traspasar la lógica binaria que encorseta la posibilidad de análisis más ricos en matices. Quizás aún no sea el momento.