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Medios públicos, del desconcierto al abismo

La gestión de Lombardi comenzó con añoranzas retóricas sobre la BBC. Hoy Canal 7, Radio Nacional y Télam se juegan su supervivencia.
Por 19/08/2018 13:03

Postales que ilustran la realidad de los medios públicos nacionales. 

El noticiero de Canal 7 no tiene presupuesto para enviar un equipo periodístico a cubrir una explosión de gas en una escuela de Moreno, a 40 kilómetros de la Capital Federal. La muerte de la vicedirectora y el portero de la escuela Nicolás Avellaneda del barrio San Carlos, uno de los hechos más importantes en el último mes, fue tratada en el noticiero de la TV pública con fotos, algún breve paneo de imágenes y entrevistas en el piso. Si el hecho hubiera ocurrido un fin de semana, ni noticias, porque el que debería ser el principal informativo de la TV argentina levantó las ediciones de sábado y domingo hace meses. 

Los contenidos pierden terreno en Radio Nacional. Los días de semana por la noche, entre las 22 y las 24, la principal radio pública baja la palanca y transmite contenidos de FM Nacional Rock, 93.7. Hay más de rock repartido en la AM870 durante sábado y domingo, porque, al parecer, con una emisora temática no alcanza. Los dúplex se repiten de ida y vuelta. En especial, las perjudicadas son las filiales de las provincias, que redujeron sus programas locales en las respectivas AM y conectan sus FM (que en las ciudades del interior, son más escuchadas) las 24 horas con Buenos Aires. También aparecen en la grilla contenidos de terceros, como un programa de corresponsales que produce Radio Ciudad, y, en el oxímoron del latinoamericanismo, América Hoy, un ciclo de Radio Nacional de España con entrevistas irrelevantes hechas en el piso de Madrid.  

Horacio Spallanzini, un ex diputado provincial misionero, es desde 2016 director de Radio Nacional Iguazú, una de las 49 delegaciones de la emisora pública. El 26 de marzo pasado, este dirigente de la UCR sintió la necesidad de expresarse, y lo hizo en la página oficial de Facebook de la emisora. Bajo el título “La patota de los derechos humanos” y con foto de Carlos Zannini y otros kirchneristas, Spallanzini arrasó contra los organismos “que pretenden imponer un número inventado, como un dogma irrenunciable (los 30.000 desaparecidos)”. El directivo de Nacional Iguazú acusó a “los patoteros” de “inventar sucesos (caso Maldonado)” y de que, “si tuvieran poder, violarían los derechos humanos como las dictaduras de Cuba y Venezuela”. Últimamente, la radio pública del norte de Misiones, cuya emisión fue recuperada en 2010 tras años de permanecer arrumbada, llega a permanecer días fuera de aire por problemas técnicos.

Lejos de ser una excepción, el estilo de Spallanzini se refleja en el director de Nacional Córdoba, Orestes Lucero, un publicista del Pro que se animó a amonestar al aire a una conductora porque entrevistó a la madre de Facundo Jones Huala. La muerte de Santiago sigue tocando una fibra sensible en la prensa oficialista. 

 

 

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LLEGA LA BBC. La característica distintiva de Canal 7 y Radio Nacional bajo la gestión del secretario del área, Hernán Lombardi, es su creciente marginación en el panorama de medios, no porque las emisoras públicas carezcan de programas valiosos ni porque deje de existir en ellas el consuetudinario oficialismo, aunque atenuado con respecto a gestiones anteriores. Ocurre que la restricción presupuestaria y una conducción errática llevaron a que Radio Nacional y Canal 7 parezcan anestesiados, lejos de los objetivos fijados por la ley. En ese contexto, la anomia fomentada desde arriba prevalece sobre los méritos.

Si hasta 2017 había incertidumbre por el destino de los medios públicos del macrismo, “el frío”, “la tormenta”, “la mega crisis a evitar” y el recetario del FMI de este año cambiaron el horizonte. El desconcierto se transformó en preocupación extrema.

El despido en junio de 354 trabajadores de la agencia Télam, un 40 por ciento del personal, elevó al máximo el alerta entre los trabajadores de Canal 7 y Radio Nacional. En los dos años previos, habían sido echados decenas de contratados precarizados de medios públicos como Encuentro, Depor TV y Paka Paka, cuyos contenidos fueron recortados, pero la magnitud del sablazo que tiene a la agencia de noticias paralizada hace dos meses superó lo imaginable. En los medios (no solo públicos), lo que ocurre en Télam se vive como un trauma.

 

 

En sus primeros pasos, directivos convocados por Lombardi repitieron las alusiones a la BBC, que no pasaron de una retórica precaria sin ninguna traslación a los hechos. No florecieron los prometidos programas de investigación, ni de debate, ni vanguardistas, salvo algún ejemplo aislado.

Hoy, ciertos responsables de los medios públicos parecen decididos a ir a la guerra, pero a otros los ganó la resignación y apenas defienden su puesto laboral en momentos de tierra arrasada.

“Se enquilombó mucho todo; hoy la pelea es por la supervivencia”, dice uno de ellos, que supo ser muy crítico del kirchnerismo y hoy culpa de sus males a decisiones inapelables de la Jefatura de Gabinete, “cuyo criterio excluyente es el cálculo de daños; si pasa, pasa”.

La ley vigente otorga cierta autonomía a los medios públicos. Uno de sus puntos establece que los directivos de Canal 7 y Radio Nacional tienen mandatos cruzados con los presidenciales con el fin de atenuar la dependencia del Poder Ejecutivo (cada gobierno se vería forzado a convivir dos años con titulares de medios públicos elegidos por el anterior). Demasiado garantismo para el paladar negro del republicanismo Pro, que borró la exigencia de un plumazo.  

Ya nadie en el macrismo habla de la BBC, NPR o ZDF. El rumbo hoy apunta más al de algún precario medio público latinoamericano, sin recursos ni audiencia.

 

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¿HAY ALGUIEN AHÍ? Si se habla de rating, el de Canal 7 tiende a cero. En abril y mayo pasados, tuvo un promedio mensual de 0,8, un tercio del anual de 2014. 


 

 

En el caso de Nacional, la caída es más pronunciada. Pasó de 7 por ciento de audiencia en el último trimestre de 2015 a 1 por ciento en el primero de 2018. Hubo algún ensayo con figuras famosas de la tele, pero el amperímetro no se movió. Llegado abril, la actual conducción se rindió y solicitó a Ibope que cesara la medición. 

Miguel Pereyra, presidente de Radio y Televisión Argentina, le explicó a Letra P que el servicio de la polémica medidora de audiencia resultaba “por demás oneroso y, en el caso de Radio Nacional, definitivamente no sirve como herramienta orientativa de audiencias; nuestra programación no está dirigida a la Ciudad de Buenos Aires y Gran Buenos Aires únicamente sino que es federal”. 

El carácter federal al que alude Pereyra se limita a un ciclo diario de 5 a 6 sobre novedades agropecuarias emitido desde Paraná; a "Nos Levantamos", de 6.30 a 8 desde San juan; a “Tira Nacional”, un deportivo conducido desde Córdoba; y a programas en su mayoría musicales — algunos realmente valiosos — que se emiten bajo el combo “Señal Federal” los sábados por la tarde.

Podrían anotarse en el citado federalismo los tradicionales panoramas de noticias, sin dudas, los más completos de la radiofonía argentina, que fueron reducidos por la actual gestión a solo tres emisiones diarias de media hora, y una los fines de semana. 

Lombardi explica que la caída abrupta de la audiencia de Canal 7 y Nacional obedece a que, en los años del kirchnerismo, una programación sesgada concentró a los “fanatizados”, en términos habituales de Cambiemos. Eliminado todo rastro de esa programación, los adherentes al anterior gobierno buscan otras opciones. Encuentran pocas, pero de todas formas, por la radio pública no se asoman.

Sin darse cuenta, la declaración del funcionario de Medios Públicos es toda una confesión de parte sobre la pluralidad del zapping argentino. Un “fanatizado” del macrismo tiene hoy al alcance de la mano unos cuantos destinos en la oferta privada.

 

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EL PROMOCIONADO DERROCHE. El gobierno de Mauricio Macri centró la discusión sobre los medios públicos en la supuesta dilapidación de recursos en sueldos exorbitantes y exceso de personal, y en el partidismo durante los gobiernos de Néstor Kirchner y Cristina Fernández

Vale la pena echar una mirada a ambos ejes en la actualidad. 

Radio Nacional tiene la estructura periodística más importante de la Argentina. Cuenta con 52 emisoras y unas cuantas repetidoras FM, seguida de lejos por Cadena 3 (32), lo que contrasta con Canal 7, que no tiene delegaciones ni corresponsalías en las provincias. 

La dirección de la radio, a cargo de Ana Gerschenson, le informó a Letra P que hoy trabajan 1472 personas, 209 menos de las que había en diciembre de 2015. Despidos, retiros voluntarios y jubilaciones redujeron la nómina. El reporte de Gerschenson resaltó que entre 2009 y 2010 hubo un incremento de 50% de la cantidad de empleados fijos. Fuentes de la anterior gestión aclaran que ello se debió a la regularización de contratos precarios. 

 

 

En el caso de Canal 7, la secretaría de Lombardi filtró meses atrás a un periodista afín que en diciembre de 2015 había 1.115 empleados, con datos engañosos en cuanto a los ingresos salariales. 

Pocos niegan, incluso entre quienes aspiran a un desarrollo real de los medios públicos, que los diferentes gobiernos acomodaron gente propia con sueldos altos y funciones imprecisas. La práctica perniciosa no excluye la gestión de Lombardi. 

En ese sentido, el despido de 40% del personal de Télam resulta sintomático de cómo se utiliza el pretexto de los privilegios para aplicar un recorte draconiano y desbaratar funciones esenciales de una agencia pública de noticias. 

Múltiples fuentes entre los trabajadores denuncian que el criterio de selección de los despedidos obedeció sobre todo a un aleccionamiento sindical e ideológico. Sobran ejemplos entre los 354 de empleados capaces y dedicados al trabajo. “Es cierto que hay impresentables en Télam, son casos puntuales a la vista de todos, pero justamente, si hay alguien acomodado, suele tener nexos para mantener su privilegio y quedar afuera de estas razzias”, indicó un veterano de la agencia que hoy denuncia su vaciamiento.

 

 

Mediante pedidos de acceso a la información presentados en marzo y respondidos en julio, Letra P obtuvo la nómina de los salarios superiores a 80.000 pesos brutos (unos 56.000 de bolsillo) del personal estable (excluye contratos artísticos) de Canal 7 y Radio Nacional. El listado comprende los sueldos de noviembre de 2017 y de abril pasado. El objetivo de la solicitud no fue divulgar ingresos de trabajadores sino comprobar qué hay de cierto en la insistencia del Gobierno en denunciar despilfarro. 

En cuanto al canal de TV, la nómina proporcionada por Pereyra constata que, en noviembre pasado, sólo 14 personas de planta ganaban más de 100.000 pesos mensuales de bolsillo. De ellos, 10 tenían cargo de subgerente para arriba (la mayoría designados por la actual gestión), dos ocupaban puestos de jefatura y otros dos eran empleados especializados. Además, había otros 520 trabajadores de Canal 7 (cerca de la mitad del total) con ingresos netos de entre 56.000 y 100.000 pesos, según la información oficial. 

Cinco meses y varios puntos de inflación más tarde, los sueldos de la mayoría de los trabajadores de Canal 7 habían empeorado drásticamente. En abril pasado, quienes pasaban el umbral de 100.000 pesos mensuales eran 12 personas, y más de la mitad de los 534 mencionados habían comenzado a percibir menos de 50.000 pesos por mes. 

Sin explicación, la lista proporcionada por la Secretaría no incluye cargos jerárquicos señalados como brazos ejecutores de Lombardi en RTA. Se trata de un puñado de directores, gerentes y auditores que ganan entre 120.000 y 160.000 pesos de bolsillo, pudo saber este medio de fuentes extraoficiales. 

Como la producción del canal fue reducida al mínimo, las horas extras casi se extinguieron y las rebajas que muestran las planillas oficiales llegan a extremos de dos tercios del salario. En general, los descuentos de noviembre a abril son del orden del 20%. Por el contrario, las mejoras, alguna de ellas muy significativa, son excepcionales. 

En los pasillos de Radio Nacional y Canal 7, se acumulan nombres de hijos y entenados. 

“Más allá de los sueldos jerárquicos, hay cuestiones irregulares de personas que entraron con esta gestión y no se sabe qué función tienen, aunque sus ingresos no sean altos. Inventaron cargos para directivos del Fopea (Foro de Periodismo Argentino) porque el gerente de noticias (Néstor Sclauzero) es el presidente”, indicó un integrante del Sindicato de Prensa de Buenos Aires. 

 

 

JUGAR CON FUEGO. El criterio de cero aumentos y pérdida de beneficios para el personal de los medios públicos dispuesto por Lombardi se cumple para los gerentes de Canal 7 incluidos en la planilla oficial, no así en el caso de Radio Nacional

De los más de 1.400 empleados permanentes de la radio pública en sus 52 emisoras en todo el país (es decir, excluidos los contratados de la gerencia artística), solo 40 ganaban en noviembre más de 56.000 pesos netos, u 80.000 brutos. De ellos, solo tres superaban los 100.000 pesos netos en abril pasado: la cúpula directiva designada por Lombardi. 

También en Nacional fueron recortadas horas extras y un concepto de “transmisiones” fuera del estudio central, que se usó históricamente como variable con alta discrecionalidad y que, según fuentes sindicales, sigue teniendo vigencia, aunque menor. 

Un caso destacable, según la planilla suministrada por RTA, es el del ex subdirector ejecutivo de la radio pública Pablo Ciarliero, aunque este lo desmiente y aporta su recibo salarial de mayo como prueba. El hoy directivo de Télam atribuye el monto informado por Nacional en abril a la liquidación final de junio. 

Se trata de un funcionario de militancia radical, que desempeñó cargos directivos en Radio Ciudad durante el gobierno de Mauricio Macri en la Capital Federal, pasó a Nacional en 2015 y, en junio pasado, desembarcó en la agencia oficial Télam para organizar el despido de 354 trabajadores. 


 

 

Dos versiones: Ciarliero ganaba 67.746 pesos en noviembre de 2017, y pasó a cobrar 109.974 en abril, justo antes de partir a Télam para implementar un despido masivo, indica el informe oficial elaborado por Radio Nacional. Es decir, tuvo un aumento de 62%, algo superior incluso al de otros directivos de la radio y a contramano de casi todo el personal. 

El actual jefe de Télam le indicó a Letra P que el dato es erróneo. Para corroborar sus dichos, envió su último recibo cobrado antes de renunciar, mayo, que es por 73.597 pesos, inferior al informado en abril por la emisora.

No bien asumió Cambiemos, la secretaría de Lombardi hizo trascender vía medios afines los sueldos de los conductores de programas en Radio Nacional hasta 2015. Los honorarios eran del orden de los 45.000 pesos por factura para periodistas a cargo de programas en prime time.

Así como los sueldos de los conductores durante la gestión de María Seoane (2009-2015) eran acordes al mercado radial (algo inferiores a los de emisoras privadas, pero menos rating-dependientes), también lo son ahora. Si antes había excepciones, también las hay bajo la actual dirección. 

Meses atrás, fueron difundidos comprobantes de ingresos de tres conductoras de la actual Radio Nacional. Los números causaron cierto revuelo por lo elevados. Así y todo, las cifras divulgadas tampoco eran exorbitantes.

“No son números de otro planeta, pero están entre un 30% y un 50% por encima de lo que pagaría una radio privada con más audiencia, y contrastan con la norma en la propia Radio Nacional”, dijo a este medio un ejecutivo que negocia honorarios en una de las emisoras privadas más escuchadas. “Entran a jugar varias cuestiones. Si bien un nombre famoso se paga más, más allá de la pertinencia de contratar un rostro televisivo para la radio, también hay que considerar el horario y el nivel de audiencia”, dijo el directivo. 

ESCARMIENTO. Otra medida “ejemplificadora” tomada por Lombardi fue el despido, en abril de 2017, de 21 ex directores de filiales provinciales de Nacional, acusados de ganar 100.000 pesos mensuales. La cifra dicha en boca del funcionario resultó no ser cierta. 

Los ingresos de los despedidos eran de menos de un tercio y hasta un cuarto de lo declarado por el secretario de Medios Públicos, pudo constatar Letra P. Una vez concluida su función como directores de las filiales, tras el cambio de gobierno, los periodistas en cuestión habían pasado a ejercer funciones de redactores, conductores o acreditados, por lo que perdieron un plus salarial inferior a 10.000 pesos. 

Varios de los despedidos están reclamando su reincorporación. Ramiro Rearte, ex director de Nacional Tucumán, obtuvo una cautelar favorable en la Justicia federal. 

Otra de las acusaciones de Lombardi con respecto a la gestión anterior fue que algunas figuras de Radio Nacional sumaban ingresos en otros medios estatales, como Télam o Canal 7. Hoy por hoy, esa práctica ocurre menos que hasta 2015, pero algunos contratados, en particular nombres que manifiestan fuerte adhesión al gobierno de Mauricio Macri, comparten su vida laboral entre las radios Nacional y Ciudad, y productoras privadas coronadas por la pauta oficial. 

PLURALIDAD ALLA MACRI. El segundo gran eje elegido por la actual jefatura de Medios Públicos es la falta de diversidad en los medios estatales bajo el kirchnerismo, pese a que la ley de Servicios de Comunicación Audiovisual exigía pluralidad política, cultural y social.

Que Canal 7 y Radio Nacional exhiben un oficialismo más atenuado que durante el gobierno anterior resulta innegable, incluso para muchas voces críticas de toda la política de comunicación oficial. 

Desde 2008, los medios públicos bajo el kirchnerismo fueron acotando el margen de diversidad hasta un rango que iba de la adhesión plena a la distancia cordial, pero nunca de oposición. 

En su deriva incierta, el canal público actual emite un único programa de política nacional, Ronda de Editores, y otro sobre el mundo, Noticias Internacionales, que cumplen con la promesa de diversidad.  El noticiero, pese a todas las limitaciones, incluye entrevistas a figuras críticas u opositoras (también lo hacía el de la gestión anterior), y su agenda, aunque predominantemente oficialista, no excluye abordajes inconvenientes para el Gobierno. 


 

 

Algo similar podría decirse de la línea de cables de Télam, en contraste con el macrismo galopante de su página web, hoy congelada por el paro de los trabajadores. 

En cuanto a Radio Nacional, combina programas que transmiten la agenda y la postura básicas del oficialismo así como otros conducidos por figuras que manifestaron adhesión pública a Macri con mayor o menor apasionamiento y capacidad reflexiva, pero también al menos un ciclo diario en horario central que da cabida a una agenda crítica. La poca pluralidad del dial es tal que, a esa hora, entre las 17 y las 19, el programa “Va de vuelta” por Nacional es una opción atendible para quien quiera eludir mensajes afines a la actual administración. 

Una de las voces más lúcidas del campo sindical de prensa, Mariano Suárez, delegado en Télam, dijo semanas atrás a este periodista para una nota en el diario uruguayo La Diaria: “En los primeros meses de la gestión de Cambiemos hubo mayor apertura informativa, pero progresivamente fueron ajustando la cuerda, una secuencia que vimos en todos los gobiernos. Cuando hay menos margen por un declive en la opinión pública, hay más control editorial”.

Algo de ello podría explicar lo sucedido con uno de los mejores programas de la gestión de Seoane, “Gente de a pie”, conducido por Mario Wainfeld. En lo que fue presentado como un signo de tolerancia, durante el primer año del gobierno de Cambiemos, el programa de Wainfeld salió de los días de semana de la AM870 y ocupó la segunda mañana de los sábados; en 2017, se le redujo el horario; y en 2018, fue enviado a FM Folklórica. Tal parece ser el grado de apertura hacia a un ciclo con un ideario algo cercano (no monolítico) al del anterior gobierno. 

LA MECA DE LA CALIDAD. El debate sobre pluralidad está inexorablemente atado al de la calidad, que en definitiva es un piso para todo proyecto sustentable de medios públicos no gubernamentales. 

Radio Nacional, Télam y Canal 7 tienen una dotación de personal asimilable a la de medios estatales europeos medianos. 

El debate recorre Europa. La RAI (Italia) o RTVE (España) encienden polémicas permanentemente por el zarandeo político. También la BBC y Francia Radio y TV son objeto de críticas por cuestiones que en Argentina sonarían como sutilezas. En todos los casos, los presupuestos agitan las aguas, porque mantener servicios públicos de comunicación resulta caro.  

Con matices, el servicio que brindan desde hace décadas los medios públicos argentinos está lejos de una cobertura informativa amplia, rigurosa y federal, que haga honor a la potencia cultural argentina.  

Suárez no eludió la pregunta sobre la calidad en Télam. Su respuesta puede ser válida para el resto de los medios públicos. “En general, todas las gestiones políticas de la agencia toman el control de las posiciones editoriales de la mesa de edición y de las secciones más sensibles. Tienen claro qué no publicar pero no qué contenidos sí interesa producir. Llegan con una posición defensiva para no recibir reproches de funcionarios del gobierno y se vuelven conservadores a la hora de estimular contenidos interesantes, y que incluso podrían ser funcionales a algún perfil del gobierno. Por eso, a la hora de producir, todo queda librado a decisiones personales de un jefe u otro, y al carecer una línea estilística clara, eso deriva en materiales periodísticos desparejos”. 

Uno de los objetivos que repite Suárez es la salida de la situación traumática actual con una agencia pública fortalecida, independiente de los poderes político y económico, concursos públicos para cubrir cargos y carrera profesional. Algunos de esos principios están incluidos en las directrices de la BBC, esas que la gestión de Lombardi parece desconocer por completo.