América. elecciones presidenciales

El debate por ideología de género impulsa a candidato evangelista en Costa Rica

El rechazo a la imposición del matrimonio igualitario, aupó en las encuestas al evangelista Fabricio Alvarado. Se espera alto porcentaje de abstención y segunda vuelta.

Paradojas latinoamericanas. La progresista Costa Rica, el país sin fuerzas armadas desde 1948, que tiene una de las democracias más estables y antiguas de la región -de una región que no se caracteriza por tener democracias ni antiguas ni estables-, que abolió la pena de muerte en 1871 y estableció la educación primaria obligatoria en 1869, elegirá este domingo su nuevo presidente en unas elecciones que giran alrededor de un clivaje valórico donde los candidatos conservadores parecen tener las de ganar o, al menos, la certeza de estar ya en la segunda vuelta, prevista para el 1 de abril.

 

La campaña parecía perfilarse para ser una más. El oficialismo, vetado por disposición constitucional el actual presidente, el filo progresista Guillermo Solís, aspiraba a la continuidad y se aprestaba a enfrentar al candidato de uno de los dos partidos históricos de Costa Rica, desbancados de ese sitial justamente por Solís, el Partido de Liberación Nacional, que postula a Antonio Alvarez. El resto de los candidatos, desde posiciones marginales, aspiraban a dar el batacazo o, en rigor, a apuntalar a sus candidatos al Parlamento elegidos en simultaneo. Están habilitados para sufragar 3,3 millones de costariquenses. 

 

Pero el 9 de enero, Solís decidió consultar a la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) acerca de la figura del matrimonio igualitario. La consulta no era inocua: en Costa Rica, las resoluciones de la CIDH son de cumplimiento obligatorio, según lo establece la Constitución del país. La sociedad ya había mostrado sus diferencias frente a la ideología de género cuando el Ministerio de Educación avanzó al respecto en la curricula educativa. Se sucedieron marchas de protesta y las iglesias evangelista - en franco crecimiento - y católica -,  a la que adscribe la mayor parte de la población, repudiaron la medida y expresaron, además, su rechazo por la igualación del matrimonio entre hombre y mujer con otras uniones de diferentes géneros. 

 

Pero nada hacía prever que la consulta de Solís, cambiaría el eje de la campaña. Sin embargo, ante la resolución de la CIDH que ordenó, no solo a Costa Rica sino a todos sus países miembros, sancionar leyes de matrimonio igualitario y descartar expresamente la posibilidad de leyes similares como unión civil u otras que contienen la cuestión de la división patrimonial pero no igualan esa unión de pareja con la tradicional, explotó la bomba.

 

 

 

Detectando rápidamente el mayoritario rechazo popular a la resolución de la CIDH - 60%, según el CIEP- y a la eventual obligación de cumplimiento por parte del gobierno, Fabricio Alvarado, un periodista evangelista que hasta ese momento ocupaba un lugar marginal en los sondeos como representante del pequeño Partido de Restauración Nacional, plantó bandera como defensor del matrimonio tradicional, contrario al aborto y a la ideología de género y creció en las encuestas al punto tal de pasar repentinamente a ocupar el primer lugar.

 

El PLN, partido del poder al fin, también se movió, aunque más lentamente en esa línea y conservó su segundo lugar. De los otros 11 candidatos, finalmente solo tres optaron por respaldar la decisión de la CIDH y la ideología de género. En consecuencia, de cara a la elección del domingo, las encuestas dan que ningún candidato ganaría en primera vuelta - se requiere superar el 40% - y que Alvarado y Álvarez pasarían a la segunda. Un poco mas atrás pugnan por entrar el oficialista Carlos Alvarado,  de Acción Ciudadana; Rodolfo Piza, de la también histórica Unidad Social Cristiana, y el populista de derecha Juan Diego Castro

 

 

 

Hay, sin embargo, un dato adicional importante. Las encuestas también señalan una importante porción de indecisos - 36%, según el CIEP.- que podrían alterar los números mencionados inicialmente y un antecedente peligroso para las especulaciones. Pese a que el voto es obligatorio, en la práctica hay una abstención importante que suele superar el 30% de la población electoralmente activa y que podría, incluso, subir en una elección donde lo único claro es que habrá otra. 

 

El caso de Costa Rica no es el único en la región donde se pone en cuestión desde mayorías populares la ideología de género. Como dice el escritor francés Michele Houellebeqc, las elites suelen despreciar a los pueblos y el ejemplo costariquense es sugerente. Solís es un líder político que responde a los cánones ideales de la globalización. Progresista en cuestiones valóricas, pro mercado en temas económicos. En ese sentido, no afronta las disyuntivas de sus pares conservadores, que se ven muchas veces forzados a tomar como propias banderas de la ideología de género solo porque la globalización a la que adscriben se las impone (ver Mauricio Macri con o sin bigote) ni las de los progresistas que, les guste o no, sus bases militantes se lo imponen en la agenda.

 

Pero lo que ninguno de los dos sectores parece contemplar es el rechazo popular. Fieles a sus tradiciones, menos influenciadas por la globalización y la tendencia cosmopolita de las clases medias, permeables a las voces de sus religiones y con una agenda propia de temas urgentes como pobreza, desempleo, inseguridad y servicios públicos deficientes, los sectores populares ven muchas veces como totalmente ajenas cuestiones que, para las elites culturales - sea cual sea su condición económica -, son primordiales.

 

Una encuesta realizada hace poco en la europea España reparó en un escaso interés de la población en las cuestiones de género. El contraste con las políticas públicas y la repercusión mediática de las mismas es notable. En ese marco, lo de Costa Rica no debería sorprender. 

 

sheinbaum asume en un pais con record de femicidios

También te puede interesar