La llegada lenta del calorcito electoral enfrió el Congreso. Ni Cambiemos, ni el Frente para la Victoria (FPV) ni el Frente Renovador (FR) de Sergio Massa consiguieron siquiera arrimarse a un acuerdo parlamentario que les permita mover proyectos propios en la Cámara de Diputados y entre el martes y el miércoles de esta semana son testigos de cómo las negociaciones que eran viables el año pasado para iniciativas de fuerte impacto político y económico ahora se empantanan ante expedientes de mucho menor envergadura.
El termómetro esta semana lo marca el conflicto entre el Goberno nacional y el gremio docente. Tanto el massismo como el kirchnerismo convocaron para este miércoles a sendas sesiones especiales de la Cámara baja para tratar temas vinculados a la trabada negociación con los maestros. Massa, con su plan para convocar a una gran “mesa de diálogo” de la que surjan propuestas para, justamente, destrabar el conflicto docente; el FPV, con apoyo de otros sectores como la izquierda, los puntanos de Compromiso Federal o Peronismo para la Victoria (PPV) –bloque de diputados del Movimiento Evita-, para discutir un proyecto que intime al Poder Ejecutivo a reunirse con los sindicatos de la educación y cumpla con la ley que le ordena llamar a una paritaria nacional.
Ambos se dirigen linealmente hacia el fracaso. Ni el FPV bajará a la sesión del FR, a las 9.30, ni el FR se quedará en sus bancas para darle quórum al FPV, una hora más tarde. El kirchnerismo no quiere transitar por la “ancha avenida del medio” que, en este caso, es una lavada invitación de Massa a una mesa que, en la intimidad y despectivamente, tanto el FPV como Cambiemos llama “la mesa de la alegría”. Massa, por su parte y como siempre hasta acá, le huye a cualquier escena en la que pueda ser retratado con los diputados que reconocen como jefa política a la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner.
La tercera pata peronista en este entuerto, el Bloque Justicialista que comandan Diego Bossio y Oscar Romero, debatía no sumarse a ninguno de los llamados a sesionar. Ahí ya se contabilizan dos sesiones especiales listas para chocarse contra una pared.
Es tanta la distancia entre estos tres boques, todos ligados en mayor o menor medida al PJ, que algunos diputados del FPV esperaban que intercedan los propios sindicatos docentes ante Massa y le pidan que apoye el proyecto que impulsan el kirchnerismo y la izquierda para que se los convoque a la paritaria nacional. Finalmente estos intentos no prosperaron. El diálogo entre ellos está tan cortado que no tracciona ni con intermediarios.
Habrá una tercera, convocada por Cambiemos para las 11.45 de este mismo miércoles con un temario amplio que, igualmente, tampoco cuenta con el aval de la oposición y tampoco tendrá quórum. Acá vuelve a aparecer el conflicto docente: la bancada oficialista fantaseó hasta último momento con incluir en el listado de proyectos a tratarse la creación del Instituto de Evaluación Educativa, una provocación a los maestros que lo rechazan abiertamente. Finalmente tuvieron que bajarlo. “No estamos ni cerca de tener el número”, admitían sus voceros.
El presidente de la Cámara de Diputados, Emilio Monzó, y los jefes de bancada del interbloque Cambiemos, Nicolás Massot (PRO) y Mario Negri (UCR) intentaron un acercamiento con Massa y Bossio para intentar acordar algún temario que les permita sesionar. Fue absolutamente infructuoso. Los mismos bloques que le garantizaron la sanción de las leyes más importantes en el primer año de gestión de Mauricio Macri, como el pago a los fondos buitre o el blanqueo, ahora no se prestan ni para tratar proyectos vinculados a la importación de lámparas incandescentes, el sistema de iluminación de automotores o para plegarse al 18 de Julio como “Día Internacional de Nelson Mandela”.
NI POR VENEZUELA. Estos dos espacios, socios confiables en 2016, le mostraron los dientes a Monzó este martes. Sorpresivamente, Cambiemos convocó a otra sesión especial para tratar textos de declaración de repudio a la situación política de Venezuela. Para tentarlo, hasta incluyeron en el temario un proyecto del propio Massa. No sólo no bajó a sesionar ningún bloque opositor –ni siquiera los “opofriendly”-, sino que tanto el FR como el BJ respondieron con duros comunicados. Así hicieron pública una posición que, anteriormente, no hubiese traspasado las paredes del Congreso.
“El bloque del Frente Renovador UNA manifiesta su rechazo a la convocatoria a una sesión especial para hoy al considerar que su improvisación reafirma la falta de compromiso del Gobierno con el debate de la agenda legislativa”, dice el comunicado del massismo. Y sigue: “atravesando un año de elecciones legislativas, el Gobierno todavía no abre el Congreso para sesionar de manera ordinaria a pesar de estar transitando el mes de abril”. Y cierra con una chicana, en la que demuestra que su faltazo no fue ideológico, sino meramente político: “El bloque manifiesta su repudio a la difícil situación que atraviesa Venezuela signada por la violencia, pero considera que la citación a una sesión especial por parte de Monzó se realiza fuera de tiempo y forma”.
“Con tantas cuestiones preocupantes para los argentinos, nos convocan a tratar la crisis venezolana. Es una vergüenza que no estamos dispuestos a asumir”, respondió el BJ.
Tan complejas son las negociaciones por estos días en el Congreso que el único proyecto que lograron consensuar entre todos los bloques fue uno con origen en el kirchnerismo. Es la iniciativa del diputado Carlos Castagneto (FPV) para que las personas que por problemas de salud sean electrodependientes tengan un servicio de energía eléctrica gratuito.
Para tratarlo, Monzó llamó a una cuarta sesión especial para este miércoles, a las 11.30. Rápido de reflejos, el ahora ex operador político de Macri manejó los horarios para dejar que se vacíen las sesiones del FR –a las 9.30- y del FPV –a las 10.30- y evitarse un nuevo fracaso en la que previamente había convocado el oficialismo, a las 11.45. Hasta en esos detalles se esconden las cartas por estos días en el Congreso.