¿Qué festeja CAMBIEMOS en Corrientes?
- Temas del día
- ESPECIAL 24M
- Javier Milei
- Mauricio Macri
- Manuel Adorni
- Axel Kicillof
¿Qué festeja CAMBIEMOS en Corrientes?
La euforia oficialista del día después de obtener un triunfo en la provincia de Corrientes es la primera señal de alerta que debemos anotar en torno a cómo el gobierno está diseñando el formato con el que ejercerá la hegemonía política que va a disponer desde el lunes 23 de octubre según todos los sondeos de opinión.
La foto de los ministros fuertes del gabinete de Mauricio Macri abrazados al delfín heredero de Ricardo Colombi en la provincia de Corrientes es más un deja-vú del siglo XX que la tan mentada “Nueva política” que lleva como mantra el gobierno nacional.
¿Cuál es el punto de contacto entre María Eugenia Vidal y Ricardo Colombi?
Una provincia empobrecida, con liderazgos de caudillos al mejor estilo siglo XIX, con numerosas denuncias vinculadas al los núcleos narrativos fundantes del gobierno (como la lucha contra el narcotráfico, en las que Colombi es denunciado no por su lucha precisamente), un gobierno clásico del interior profundo de argentina que se diferencia en poco y nada de otros liderazgos como el de Gildo Insfran en Formosa o Zamora en Santiago del Estero en un proceso que acumula ahora su cuarto mandato consecutivo, desafía a pensar que tiene en común el tándem Colombi/Valdez con María Eugenia Vidal que hace del combate a las mafias de la policía y la obra pública su principal política pública realmente novedosa?
Esta contradicción entre narrativas y acciones no es la única que transita el oficialismo próximo a cumplir la mitad de su mandato constitucional.
Las razones políticas esgrimidas por el oficialismo sólo repiten el manual de las hegemonías previas: la necesidad de tener poder para hacer las reformas necesarias. Nada nuevo, son argumentos que usaron sucesivamente Alfonsín, Menem, Duhalde, Néstor y Cristina al tiempo que anunciaban que con ellos la acumulación de semejante poder traería resultados diferentes en cada instancia histórica, pero la promesa incluía beneficios para los ciudadanos: “Con este poder finalmente ejecutaremos las agendas pendientes”.
Los resultados están más que a la vista.
Los presidentes ejercieron su hegemonía política como un monólogo, la gente los votó ya no necesitaban conversar con nadie porque ya habían sido validados en las urnas. Así se dedicaron a callar opositores, perseguir disidentes internos y rodearse de famoso coro de alcahuetes del “siraulismo, sicarlismo, sieduardismo, sinestorismo y sicristinismo”.
Y los habitantes de este país recibimos 30% de pobreza estructural.
El gran maestro argentino de la Ciencia Política, Guillermo O’Donnel nos advirtió de todos estos peligros en su clásico “Democracia Delegativa” que cada experiencia local de uso del poder político hegemónico siempre sumaba un aspecto más nocivo para la democracia de los que listó el académico: siempre los presidentes innovaron en detrimento de las reglas de participación y libertades.
¿Por qué el gobierno cree, asume que con ellos será distinto? Sumarse a cualquier triunfo por el mero hecho que son de su fuerza partidaria nunca resulta, lo que está mal lo está independientemente si el caudillo es propio u opositor. Es difícil imaginar a MEV abrazada a un Hugo Curto.
La sociedad en la que vivimos es conversacional, no admitimos más monólogos menos desde el gobierno; CAMBIEMOS entendió este formato de manera perfecta en su campaña y en los gobiernos que ejerce. Cada quince días barren los territorios de CABA y PBA para escuchar a los vecinos, tomar nota y corregir sus agendas. Dinámicas que no forman parte ni siquiera de los sueños de Colombi/Valdez.
Cuidado con hacer las mismas cosas y esperar resultados diferentes, ya Albert Einstein advertía que eso es de dementes.
¿Cuán fan de Einstein será Mauricio Macri?