Cambiemos no cambia

Primicias para pocos y noticias de ayer para los demás

Cuando Vidal anunció que empieza a regir el boleto escolar gratuito, el dato era viejo: el gobierno 3.0 se lo había adelantado a los diarios de papel. Tributo a una aristocracia en sepia.

En la mañana de este miércoles, la gobernadora María Eugenia Vidal anunció que en agosto comenzará a regir en la provincia el boleto escolar gratuito. La mandataria sabía que estaba dando una noticia que, en la era de la hipervelocidad en el tráfico de la información, ya era vieja –o sea, que ya no era noticia, si se entiende tal cosa como un dato que trae una novedad-: ella misma se la había anticipado a los diarios de papel, una suerte de aristocracia que se ha puesto rancia pero que sobrevive, en buena medida, por la fiaca de una clase política que se mueve por la pista de la revolución digital arrastrando los pies.

 

Los cráneos PRO se golpean el pecho 3.0 cuando hablan de comunicación. Aseguran que su estrategia en este campo –que es de vanguardia, se jactan- casi que prescinde de los medios tradicionales porque se concentra en las redes sociales, donde, a base de inversión publicitaria en gigantes globales (particulamente, en Facebook), penetran en un universo en constante expansión para la construcción del relato del cambio y la felicidad. Tiene su lógica: en la última Encuesta Nacional sobre Acceso y Uso de Tecnologías de la Información y la Comunicación (ENTIC), elaborada por el Indec en 2015, el 67% de los hogares revelados declaró tener al menos una computadora, mientras que el acceso a internet asciende al 62%. Y el dato más significativo: los teléfonos móviles –en su inmensa mayoría, smartphones con acceso a la web, a redes sociales y a las plataformas de mensajería instantánea- están presentes en el 89,6% de las casas. En el mundo, el 51% de las personas usa las redes sociales como fuente para acceder a las noticias.

 

¡SUÉLTAME, PASADO! Sin embargo, a la hora de dar primicias, Cambiemos no cambia nada. Desanda las pistas de la información digital y entrega exclusivas a un pool de periódicos que, a contramano de lo que sucede en la web, atraviesan una crisis –se discute si es terminal o no- que los pone en un irreversible camino de retracción. No hay caso: los diarios de papel no recuperan los lectores que se les van muriendo porque los nuevos consumidores de noticias –que son consumidores, en rigor, de un producto mucho más complejo, difuso y definitivamente multimedia llamado “entretenimiento”- jamás se mancharán las manos con esos aparatosos, inmanejables manojos de celulosa entintada que para las nuevas generaciones –ya van varias de nativos digitales- son artefactos de museo, resabios de un tiempo que no tiene absolutamente nada que ver con el de ellas.

 

Por eso resultan curiosos y contradictorios los privilegios de clase que mantienen los diarios físicos en el gobierno 3.0 de Cambiemos. Y acaso haya que buscar explicaciones en la matriz ideológica del proyecto político que hoy gobierna el país. Acaso el conservadurismo macrista –la opción por los poderosos, la tendencia a preservar el statu quo de las relaciones de poder y a consagrar las desigualdades históricas- empuja a las diferentes versiones del Gobierno PRO a inclinarse también ante los vetustos señores feudales de la comunicación y a darles la espalda a las nuevas expresiones de la prensa, que son hormigas delante de los elefantes de papel pero que, en términos colectivos, concentran un alcance en vigorosa expansión –no hay techo para el crecimiento de los medios digitales.

 

A esta altura de los acontecimientos, las desigualdades en el trato que reciben del Estado empiezan a ser insosteniblemente anacrónicas y discriminatorias.

 

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