Las valijas de José

El arte de la omisión y el riesgo de escupir para arriba

Massa cargó contra López. Pero también contra De Vido porque “uno es responsable de todos los funcionarios que tiene bajo su dependencia”. Como jefe de Gabinete, fue jefe de los dos.

“Ejercer la administración general del país.”

 

Ésa es, según lo establece el artículo 100 (segunda parte, capítulo cuarto) de la Constitución Nacional, la primera de las funciones del jefe de Gabinete. El texto de la Carta Magna no deja espacio para dudas: el ministro coordinador es, en la estructura institucional de la Nación, dicho en la jerga de la política, el dueño de la lapicera y, como tal, testigo privilegiado y protagonista del movimiento de los recursos del Estado en la dinámica cotidiana de la gestión. Por eso sorprende que el diputado nacional y líder del Frente Renovador, Sergio Massa, haya reclamado ahora que caiga “todo el peso de la ley” sobre el ex secretario de Obras Púbicas José López y no haya notado nada extraño en su paso por la jefatura de Gabinete, cuando tuvo bajo su tutela al personaje del escándalo de corrupción más bizarro que se recuerde.

 

Frente a la detención del ex funcionario K mientras arrojaba valijas con nueve millones de dólares hacia adentro de un convento en General Rodríguez, Massa pidió que la Justicia actúe con "todo el peso de la ley" porque consideró necesario "construir una Argentina sin coronita".

 

TIERRA ENCIMA. El ex intendente de Tigre no sólo cargó contra López. También apuntó contra el ex jefe directo de “Josecito”, el ahora también diputado nacional y ex titular de la cartera de Planificación Federal, Julio De Vido. "Cualquier ministro sabe lo que hacen los secretarios", dijo Massa, y se embarró: "Uno es responsable de todos los funcionarios que tiene bajo su dependencia". En el barrio, a eso se le llama escupir para arriba.

 

Que Massa haya gobernado Tigre no es un dato para desestimar. En ese distrito que los massistas llaman –por la alta concentración de nuevas riquezas- la Miami argentina, Lopecito era un vecino caracterizado. Allí levantó, el ex súper secretario, la mansión en la que atesoraba la plata verde –pero negra- que este martes intentó guarecer tras los muros cristianos de General Rodríguez. Se sabe: en los pueblos, todos se conocen.

 

Massa habló de López en un contacto con la prensa que cubre el Congreso. En ese diálogo, no tuvo la prudencia de la síntesis. Se explayó: "Da bronca, genera indignación. Te genera tristeza también porque en definitiva es una mancha muy grave a la democracia. Ojalá que la Justicia haga caer todo el peso de las leyes que tenemos hoy vigentes en la Argentina". Y, con opulencia propositiva, fue por más: llamó a "poner en marcha un Nunca Más a la corrupción".

 

Lo que no dijo el ex candidato a presidente es que, pese a su convicción de que “uno es responsable de todos los funcionarios que tiene bajo su dependencia”, en su paso por la jefatura de Gabinete, entre el 23 de julio de 2008 y el 7 de julio de 2009, no denunció a José López.

 

Un viejo zorro de la política le dijo un día al autor de este artículo: “No es mentir no decir toda la verdad”. Acaso se lo haya dicho también a Massa, que, se nota, se ha hecho bueno en omisiones.

 

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