15|10|2021

Monzó clausuró el despacho de Máximo: hay guerra en Diputados

21 de enero de 2016

21 de enero de 2016

El presidente de la Cámara desalojó la oficina del tercer piso, que ocupaba el líder de La Cámpora. El macrismo busca poner en discusión todo el reparto de lugares en el Congreso nacional.

El presidente de la Cámara de Diputados, Emilio Monzó, ordenó clausurar el despacho de Máximo Kirchner y desató una guerra en el Congreso. La oficina 340, ubicada en el tercer piso del Palacio, amaneció este jueves con una faja que impidió el ingreso a los trabajadores que realizan tareas de refacción en la oficina.

 

Según denunció el diputado Andrés “Cuervo” Larroque, en la noche del miércoles también se cambió la cerradura de la oficina, donde aún hay pertenencias del hijo de la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner. Pero este sería apenas el primer paso de una decisión de los legisladores de PRO de disputar los mejores lugares en el edificio que, desde hace muchos años, ocupa el peronismo.

 

Desde el bloque de diputados del FPV aseguraron que hubo un “ingreso ilegal” a la oficina por parte de las autoridades de la Cámara. “Monzó dispuso además en cada puerta de ingreso una guardia con personal de seguridad del Congreso que impide el ingreso al despacho de los empleados del diputado”, explicaron en el bloque kirchnerista. También remarcaron que Máximo Kirchner tomó posesión del despacho cuando asumió, el 10 de diciembre, y que ese hecho consta en la base de datos interna de la Cámara de Diputados.

 

El despacho de la pelea es el que históricamente ocupó José María Díaz Bancalari, uno de los más grandes y confortables del tercer piso, dominado casi en exclusividad por legisladores cristinistas: entre otros, y además de la oficina grande del bloque del FPV -donde la bancada peronista hace sus conferencias de prensa-, en ese piso atienden Eduardo “Wado” De Pedro, Juliana Di Tullio y la secretaria Parlamentaria del bloque, Teresa García. En el medio aparece la presidenta del bloque del Frente Renovador, Graciela Camaño, que tiene su despacho justo al lado del que apareció clausurado por orden de Monzó.

 

Ese despacho ya había tenido una primera pelea, que trascendió poco. El primer interesado en quedárselo fue el diputado Julio De Vido (FPV). Pero en ese tironeo Máximo se impuso. Tanto, que el ex ministro de Planificación Federal, dicen, terminó en una estrecha oficina en el edificio Anexo, enfrente del palacio legislativo.

 

La jugada de Monzó, además, no es sólo una maniobra revanchista. Altas fuentes del bloque de PRO confirmaron a Letra P que tienen la voluntad de salir a disputar la totalidad del reparto de despachos. “Hay que establecer criterios -dijo un importante miembro de la bancada macrista-. Si los despachos son para el oficialismo o la oposición, para la mayoría o la minoría. Pero no se sostiene eso de que el tercer piso es para el peronismo y el segundo para la UCR.

 

Monzó dijo a El Cronista.com que la oficina 340 “nunca fue de Máximo, nunca lo ocupó y estaba vacío”. Y ratificó que "la decisión no es solamente por este despacho sino por todos, porque deben ser redistribuidos en función del resultado electoral".

 

Ahora, la posibilidad es que el despacho diputado quede en manos de alguna de las autoridades de la Cámara, como alguno de sus vicepresidentes: José Luis Gioja (FPV) o Felipe Solá (Frente Renovador).