La sucesora del histórico Daniel Cameron –que llegó al máximo sillón de Energía de la mano del ministro de Economía, Axel Kicillof– tuvo que elevar un informe para calmar las quejas recibidas de la Jefatura de Gabinete piloteada por Jorge Capitanich y de la secretaría Legal y Técnica de Carlos Zannini.
Los cuestionamientos hicieron foco en el marcado costo político que afronta el Gobierno por las sucesivas apariciones de Hagg en los medios y programas radiales que no están alineados con el “modelo K”.
Tras haber ocupado durante 13 años un cargo técnico en Energía, Laura Hagg fue eyectada de las oficinas de Paseo Colón al 100 por el subsecretario de Combustibles, Gastón Ghioni.
Integrante de La Cámpora al igual que su jefa Matranga, Ghioni buscó inicialmente de una manera muy burda que Hagg presente su renuncia al cargo. Pero ante la resistencia de ésta y el pedido de que le fundamenten por escrito el motivo de su desafectación, a Ghioni no le quedó otra salida que rescindir anticipadamente el contrato anual que la Secretaría tenía firmado con Hagg.
Unos días antes de recibir el telegrama de despido, Hagg salió a ventilar su caso por algunos medios escritos. Con la confirmación oficial de su desplazamiento, esas incursiones mediáticas se incrementaron significativamente a partir de la última semana.
Hagg sostuvo que fue echada por “cuestiones políticas” debido a que su esposo, el ex secretario de Combustibles, Cristian Folgar, mantiene una postura muy crítica contra la política energética desplegada por el Gobierno.
Folgar es un especialista en temas energéticos y servicios públicos que estuvo dos veces al frente de la Subsecretaría de Combustibles. La primera vez fue funcionario del gobierno de Fernando De la Rúa. Y la segunda, de Néstor Kirchner entre 2003 y 2007. Actualmente trabaja como consultor y es columnista de algunos diarios y portales de noticias.
Pero, lejos de admitir que la separación del cargo de Hagg fue por razones políticas, Ghioni y Matranga salieron a explicar internamente que tomaron esa medida por otros motivos que provocaron la pérdida de confianza en la ex asesora.
Según la versión que los funcionarios del entorno de Kicillof transmitieron a Balcarce 50, la salida de Hagg se debió a dos cuestiones salientes.
La primera tuvo que ver con cierta reticencia mostrada por Hagg a la hora de llevar adelante determinadas instrucciones impartidas para el manejo de los fondos fiduciarios que dependen de Energía y la implementación de sumarios y sanciones a agentes comercializadores de combustibles.
La segunda causa estaría vinculada con una supuesta filtración de información energética relevante que Hagg habría direccionado a algunas empresas petroleras competidoras de YPF y a periodistas de medios opositores al Gobierno.
Para los funcionarios camporistas, las reiteradas apariciones de Hagg en los programas más críticos confirmaría esa presunción sobre la difusión de datos energéticos que terminaron perjudicando al Gobierno.
Pero más allá de los justificativos internos, lo cierto es que el despido de Hagg puso en estado de alerta a todos los técnicos y asesores que tienen varios años y décadas de trabajo en el área de Energía.
Además de señalar a Matranga como la principal responsable del clima enrarecido que se registra en Energía, el personal de línea de la Secretaría también ve con preocupación la creciente influencia que tiene en las decisiones del sector Cynthia de Paz, la subsecretaria de Planificación Económica y actual pareja del viceministro de Economía, Emmanuel Álvarez Agis.