Sergio Rotman y su siempre eterna búsqueda de fabulosos nuevos desafíos

Por Matías Moscoso tw @matomosco

Horas antes de que Los Fabulosos Cadillacs salgan nuevamente de gira por América Latina, Letra P tuvo un mano a mano con uno de los miembros fundadores y pieza clave en la banda, Sergio Rotman. Residente regular en Puerto Rico, el saxofonista tiene una mirada muy crítica de nuestro país, de cómo vivimos, pero fundamentalmente de cómo somos entre nosotros. Con una trayectoria de más de treinta años arriba de los escenarios y conocedor como pocos del under, el ex Cienfuegos y actual cantante del Siempreterno junto a su mujer Mimi Maura, repasa los momentos claves al lado de Vicentico, Flavio y el resto, en la antesala de lo que parece ser un nuevo capítulo en la historia de uno de los grupos más importantes de todo el continente, con gira y un inminente nuevo disco. Fanático del vinilo, ironiza cuando habla del mp3 y se saca el cassette al momento de analizar qué está pasando con los músicos del nuevo milenio en el marco de “una sociedad que tiene todo al alcance de la mano”, con una falta de talento en la nueva camada de artistas que se explica porque “tenemos todo, no hay desgracia, sufrimiento, ni falta. Por eso no hay un grupo que te pegue”, a diferencia de antes, cuando por ejemplo “a Sumo lo íbamos a ver treinta personas”. En constante movimiento, el autor de Siguiendo la luna prefiere seguir mirando siempre para adelante sin parar la pelota, con actitud y la misma energía que en su adolescencia, cuando armó una familia con la que hoy, a más de tres décadas, saca pecho diciendo orgulloso que “no hay nada que no hayamos hecho”.

 

¿Cómo estás? ¿Cómo ves a este lugar hoy?

 

Estoy acá, en este país llamado Argentina, en el cual después de estar dos meses seguidos ya no soporto más. No por el país, sino por nosotros mismos. Estamos re locos. Es triste, porque esta ciudad (Capital Federal) podría ser una masa. Después de los últimos diez años, o un poco más –después de lo que pasó en el 2001-, el argentino está pagando muy caro el precio de eso. A ver, si vos tenés una ciudad que es una mierda, por ejemplo si vivís en Sarajevo, que te la bombardearon durante cuatro mil años… Pero acá vos tenés todo bien y encima ahora más o menos –no tengo nada contra este Gobierno- esta gente llevó al país adelante –con corrupción, sí, y esas cosas-, y así y todo la gente es estúpida, no se dan cuenta de la ciudad que tienen ni del poder que podría tener este lugar; si más o menos se dejaran de hinchar las pelotas y se sacaran el facho de adentro… somos re fachos y unos estúpidos.

 

Distinta a tu vida en Puerto Rico…

 

¡Pero claro! A ver, yo laburo acá, toco acá, la guita la gano acá, pero yo me fui de acá porque acá no te vivo… Y no te vivo acá no por “la inseguridad”; no te vivo simplemente porque está lleno de argentinos… argentinos que te queman la cabeza por ejemplo en lugar de intentar ser amigo de tu vecino, qué se yo… En Puerto Rico a mí todo el mundo me saluda y te tira un “¡buen día!”. Yo cuando llego allá, los primeros días la gente me ve y me dicen –sin que yo diga absolutamente nada- “¿qué te pasa a ti?”, “estás hecho un cabrón, un histérico, ¡relájate!”. Y entonces ahí suspiro y bajo un cambio… Allá todo el mundo te saluda: “¡buen día! ¿Cómo le va? ¿Qué quiere?”, entonces ahí me tomo una cerveza… Y acá todo el mundo enojado… con la sangre italiana…

 

En el escenario se te ve siempre con mucha energía, feliz ¿Hacés lo que querés?

 

…sí… Me gustaría tener más talento. Si tuviera más talento sería más feliz aún. Pero bueno, lo que no tengo de talento trato de resolverlo con actitud e intensidad.

 

Lo disfrutás mucho…

 

Depende. Con Mimi Maura sí disfruto, con El Siempreterno no disfruto tanto; estoy haciendo una tarea que tengo que hacer: cantar mis letras, que es algo que yo hacía con Cienfuegos antes.

 

¿Cuál fue el disco, o canción o banda o show que te marcó por primera vez y que te hizo un click en la cabeza?

 

Los Beatles, seguro. Yo tengo ahora 49 años. Yo llegué a entender cuando era chiquito, tenía 6 años, lo que eran los Beatles en revolución mundial. Y después, cuando tenía 12, 13 años, me compré mi primer poster de ellos. Así que sí, los Beatles fueron el primer grupo que me pegó mal –mal en el buen sentido-.

 

¿Cómo entró el reggae en tu vida?

 

Veinte años después. El reggae entró en mi vida intensamente cuando me fui a vivir con Fidel Nadal, en enero de 1990. A mí me gustaba mucho el reggae, pero con Fidel entendí lo que era el sonido del reggae. Y elevar mi dieta de marihuana -de fumar un poco a fumar muchísimo- fue una epifanía total. Los discos de Dillinger, de Black Uhuru, eran lo máximo. No de la mano de Fidel, porque yo conocía y curtía reggae a full. De hecho cuando grabábamos los discos de Todos Tus Muertos y eso, todo el mundo entendía lo que queríamos ser, pero sí cuando fui a vivir con el Negro, ahí fue otra cosa, ahí fue rastafari y estuvo muy bueno.

 

¿Y cuándo arrancás a componer?

 

La primera canción como tal, compuesta con música, letra y todo, puede ser Botella de humo, del tercer disco de los Cadillacs. Ya El genio del dub tenía letra y melodía mía, pero Botella de humo me muestra un poco a mí que podía componer una canción. Después es algo que dejé de hacer… hasta Cienfuegos. Ahí empecé a componer, aunque igualmente no soy un compositor como Vicentico o Flavio; yo si consigo tener cinco o seis canciones buenas en un año me considero feliz y estoy listo para grabar un disco. Últimamente estoy un poquito más prolífico pero no significa que componer más suba la calidad; al contrario: tengo que hacer discos de cinco o seis canciones porque no puedo producir mucho más que eso, no tengo el talento.

 

¿Cómo es tu manera de componer?

 

Con mi guitarra y por antena… Hay gente que no; hay gente que compone más trabajando. Flavio y Vicentico son tipos que laburan; que laburan más la canción, saben cómo mover los acordes y más. Yo no, yo tengo que referenciarme a la antena –esa que dicen que la antena captura canciones- porque no tengo los medios para hacerlo de otra forma. Generalmente un título me genera, una inquietud, una letra; nunca escribo sin letra. Siempre la letra y la música van juntas. Lo que quiero decir es una canción. Pero no soy un compositor, no tengo el talento de componer canciones, tengo el talento para armar grupos.

 

¿Sentís que compusiste la canción perfecta?

 

Sí, Siguiendo la luna es la canción perfecta. Sin dudas. A pesar de que te digo que no soy compositor ni tampoco me considero un creído porque sería un tarado, Siguiendo la luna es una canción perfecta. Una de las millones de canciones del mundo perfectas. La letra es perfecta, la melodía es perfecta y la canción es perfecta. Después, qué se yo, hay canciones que me gustan más, por ejemplo Hacia el cosmos; El mar de carbón me encanta. Pero puedo ponerme de costado y reconocer que Siguiendo la luna es una canción perfecta.

 

Y es muy difícil lograr eso…

 

¡Muy difícil! Y sobre todo que sea popular es muchísimo más difícil. Tipos como Vicentico y Flavio, que tienen cinco o seis de esas, directamente les decís “¡flaco, pará!”. Porque además la canción popular y la canción perfecta no son lo mismo. A ver… Charly García tiene canciones populares que son horribles, Fito Páez también, Cerati también… pero Cerati tiene canciones como La ciudad de la furia, De música ligera –que es una canción popular y perfecta-.

 

Vos tocás con Cienfuegos desde antes que los Cadillacs, allá por 1983 ¿Cómo fue empezar tocando por aquellos años? ¿Después de la Dictadura disfrutaste la libertad de hacer música?

 

No se llamaba Cienfuegos, era Día D, y yo no era cantante, era el saxofonista. Fue entre el 83 y el 86. Con respecto a libertad, no fue tan así. No fue España. Acá los hijos de puta duraron como hasta bien entrados los noventa. Y te diría que el que se los sacó de encima fue Néstor (Kirchner) cuando bajó los cuadros. No fue una explosión de libertad, un carajo. Hay una idealización de los ochenta que no representa para nada lo que en realidad pasó. El aparato represivo continuó; a ver… el Papa de ahora fue el que organizó la marcha contra León Ferrari para joderle la muestra… O sea, el facho argento está; este Gobierno lo aplacó un poco, pero no fue que en los ochenta había una explosión de alegría, lo que pasa es que lo otro era tan horrible y tan malo, que a la mínima mejoría –que sí la hubo- se sintió; cuando ganó Alfonsín se produjo una mejoría –el juicio a las Juntas y más-, pero no fue España, olvidate.

 

Igualmente, surgieron bandas como Sumo, Abuelos de la Nada, Virus, Cadillacs, Redondos…

 

Sí, Soda Stereo, Todos Tus Muertos, Don Cornelio, Los Pillos… todos esos grupos salieron de esa movida, pero no fue porque hubo una explosión de amor. Fue porque hubo mucho talento, y lo que generó que esos grupos fueran tan importantes es que había una falta, una necesidad, una carencia. Eso hizo que esos grupos aparecieran. Ahora como hay todos grupos por todos lados, no hay una necesidad. Se necesitan veterinarios, no grupos de rock. Ya músicos de rock hay ¿Querés hacer algo bueno por el mundo? Curá animales. Eso sí hace falta.

 

Hoy seguís tocando, muchísimos años después. Si tenés que cerrar los ojos y recordar cómo fueron los inicios hasta el día de hoy ¿Qué balance hacés?

 

El principio fue muy emotivo visto a la distancia –te hablo desde el 82 hasta el 86, que salió el primer disco de los Cadillacs-, pero en el momento que lo viví era horrible. Pero a la distancia me doy cuenta que estuvo muy bueno, que sirvió y que realmente valió la pena haber sufrido lo que sufrimos con la policía, los skinheads, los padres, el odio de la sociedad, con no tener un centavo y no poder comer, no poder beber, no poder hacer nada de lo que hoy hacés hasta pestañando. En esa época no podías hacer nada así que sí, valió la pena el sufrimiento. Lo recuerdo con mucho cariño. Y hoy por hoy, lo interesante es que estoy haciendo en Puerto Rico lo mismo que hice en el 83 acá, que es empezar de nuevo. Empezar en una escena de nuevo, así que me gusta sufrir.

 

Pero con toda la experiencia encima…

 

Exacto, sí. Y con comida en la heladera…

 

¿Qué es lo que más extrañás de aquellos años ochenta, o noventa?

 

No extraño mucho, porque yo con todos los grupos con los que he empezado, siempre fue de cero. Con Cienfuegos, con El Siempreterno –con El Siempreterno es el grupo que más suerte tuve, o que mejor está-. Me gusta mucho empezar bandas, el desafío de empezar una banda de cero y mostrarle a la gente canciones que nunca jamás escuchó de un grupo que nunca jamás se formó. Eso me gusta mucho y lo voy a seguir haciendo para siempre.

 

¿Cómo es tu trabajo en Puerto Rico?

 

En Puerto Rico hago cosas diferentes. Allá no chapeo con que soy de los Cadillacs porque ya saben. Me dedico a formar parte de una escena underground, que es el punk rock del cual me siento parte. Hago eso, toco en recitales de punk rock, toco también con Mimí Maura –hay un Mimí Maura portorriqueño que tocamos tres o cuatro veces por año- y diskjockeo, paso música en bares muy seguido. De eso he aprendido a hacerlo como un oficio y lo hago con mucha felicidad. Apoyo la escena punk rock, a Tus Ídolos, Davila 666, Las Ardillas, Los Vigilantes, y demás. Sé lo que se trata, sé lo que se sufre.

 

¿Cómo ves al rock nacional hoy?

 

No importa mucho lo que yo vea; ya es una cosa súper instalada y mi visión no tiene más valor que la tuya. Antes por ahí sí, porque éramos más una minoría. Hoy el rock está cómodamente acojonado en la sociedad; “¿qué va a ser tu hijo? ¡Va a ser músico! ¿y qué toca, death metal? No, toca rock pop”; tu mamá ya sabe. Yo soy de la época en que le decías a tu vieja que querías ser músico y te preguntaba de qué ibas a trabajar. Hoy en cambio te dicen “¿y para qué vas a estudiar abogacía? Comprate una guitarra”. Hoy todo se dio vuelta, entonces el rock hoy no representa ningún tipo de desafío de ninguna forma.

 

¿Y cuándo empezó a pasar esto?

 

Yo creo que en los últimos diez, doce años. Te diría que fue en la nueva Argentina que nace post De la Rúa, internet y demás. Argentina abraza esto que se llama “las redes sociales” de una forma mucho más compulsiva que otros países. Hay mucha cantidad y bueno, tiene su lado bueno y su lado malo. Lo malo es que se ha perdido mucho talento; ahora es muy difícil encontrar músicos talentosos porque todo está al alcance de la mano. Lo que te lleva a hacer talentoso es el sufrimiento; no hay ninguna cosa mejor que te haga hacer una buena canción rockera que la desgracia, el sufrimiento, la falta. Como tenemos todo, no hay sufrimiento, es difícil encontrar un grupo que te pegue. Fijate que los grandes grupos de hoy, como Massacre o Pez, son de la generación mía, o Babasónicos, Boom Boom Kid. Yo no creo que las bandas de lo que se llama “rock chabón” hayan parido algo… Viejas Locas tal vez, pero para escuchar Viejas Locas mejor escuchá a Los Ratones, que son de mi época y son mejores. No hay mucho… no hay un desafío… nada va a pasar.

 

Hoy están de moda las bandas de cumbia que reversionan cualquier tipo de tema, tienen éxito y mucha gente pide por ellos ¿Qué opinión tenés de este nuevo fenómeno?

 

Lo que la gente pide siempre es una mierda. El ser humano es una mierda. Si partimos de eso, muchos de estos problemas están solucionados. Si partís del concepto de que el ser humano es una mierda, todo lo que le guste a esa persona va a ser una mierda. Si hay una exaltación del ser humano diciendo que somos la gran cosa, la gran ostia, entonces no me sorprende que a la mayoría de la gente le guste la mierda, porque siempre fue así. A Sumo lo íbamos a ver treinta personas. Son excepciones los grupos que pegan y son muy buenos. Así que todo esto no me sorprende en lo más mínimo.

 

¿Qué sensaciones te provoca la “desaparición” del CD y que hoy la música sea prácticamente puro MP3 e internet?

 

Me parece a mí que es lo que el siglo XXI se merece. Es lógico, qué se yo. El mp3 empezó siendo gratis, después lo prohibieron ¡y después te lo vendieron! Es fantástico. La gente lo compra… Mirá: lo que tenga que ser, es. La vuelta del vinilo no es por nada: vuelve el vinilo porque la gente quiere volver a tocar la música. Todos vamos a ser fanáticos del vinilo porque no se va a querer escuchar más música en mp3. No es agradable, no se puede compartir, no podés tocar el objeto. Todo tiene que ver con el factor humano y hay que ignorar eso. La evolución no siempre es algo positivo, y la evolución de la música no ha sido una gran cosa. La evolución de la tecnología… compremos vinilos ¡Si total no hay ningún disco bueno desde el 85 para acá!

 

¿Cómo están los Cadillacs hoy y qué se viene?

 

El regreso de los Cadillacs ya terminó y ahora espero que vuelva el grupo. Es una sensación interna nuestra. El desafío es hacer un disco nuevo. Lo que pasa es que el regreso de los Cadillacs fue más fuerte de lo que todo el mundo esperaba, porque en los siete años que los Cadillacs no tocaron se idealizó y glorificó muchísimo el grupo; la gente muere por escuchar a los Cadillacs. Realmente la gente quiere escuchar a los Cadillacs, quiere verlos en vivo y quiere escuchar sus canciones. Y esas canciones en vivo producen una energía imponente. Entonces nosotros nos tomamos cuatro años en hacer ese trabajo: mostrar a los Cadillacs. Los discos que editamos tienen que ver con eso. Evidentemente, para continuar, vamos a tener que hacer un disco nuevo… veremos. No hay nada todavía; bosquejos. Los Cadillacs somos como familia; no tenemos que decir “bueno, hagamos un disco nuevo”; se va a dar en el momento que se tenga que dar, nadie tiene que decir nada. En algún momento alquilaremos una sala y empezaremos a ensayar todos los días, o no… Yo creo que es un desafío demasiado tentador como para dejarlo pasar de largo. La historia de los Cadillacs es espectacular.

 

¿Hay momentos que bajás un poco, parás la pelota, cerrás los ojos y te sorprendés analizando toda esa historia?

 

No… lo que he decidido es no parar nunca y seguir haciendo cosas, cosas, cosas y más cosas, para que lo de los Cadillacs me flashee. Porque si te ponés a mirar en perspectiva te ponés nostálgico y eso es lo más parecido a ser viejo, y entonces como no tengo mucha idea de envejecer todavía, prefiero no mirar a los Cadillacs como algo del pasado, sino como algo actual.

 

¿Y ese pensamiento es compartido por el resto del grupo?

 

Sí, definitivamente. Estamos a full, estamos muy bien.

 

Contame cómo fue tu salida del grupo después de grabar Fabulosos Calavera en las Bahamas, en 1997.

 

Fui el último que se fue de la grabación. Grabé todo el disco, lo mezclé y me fui. Y después nunca volví. Esa grabación fue… horrible. Habíamos estado en las Bahamas hacía dos años grabando Rey Azúcar en el mejor momento de los Cadillacs y volvimos en un momento que artísticamente era muy bueno pero que en las relaciones era muy malo. Había mucho resentimiento porque no pudimos adaptarnos rápidamente a lo que era ser unas estrellas. Tomó mucho tiempo. Nosotros veníamos de grabar Rey Azúcar, que fue un disco muy poderoso… pero las giras que nos proponían eran gigantes y se manejaba una cantidad de plata que era… ridícula (por lo impresionante); entonces bueno, hubo una crisis… lógica.

 

Y así y todo Fabulosos Calavera es un disco muy bueno…

 

Es el mejor disco de los Cadillacs, sin lugar a duda. Yo en el momento me daba cuenta que era buenísimo lo que estábamos haciendo, eh. Si vos buscás declaraciones mías de aquella época, jamás hablé mal de ese disco. Es un discazo; pero bueno, no estaba bueno y además yo tenía que hacer lo mío. Y es lo que hice, dejar los Cadillacs para dedicarme a Mimi y a Cienfuegos. Cienfuegos también fracasó –entre nosotros, digo-, y ahora estoy tocando en El Siempreterno, lo cual me pone muy orgulloso.

 

¿Cuál fue el punto culmine en la historia de LFC para ustedes?

 

Bueno, creo que cuando llegamos a las Bahamas (1994) creímos que se había caído el avión y estábamos en el paraíso. Nos dieron la posibilidad de hacer lo que quisiéramos: elegimos el estudio, elegimos los invitados, los productores, cómo lo queríamos hacer, teníamos infinita cantidad de dinero para gastarlo como quisiéramos –a la vez éramos gente muy centrada; no íbamos a bardear- y creo que los resultados del disco fueron muy importantes; Rey Azúcar es un disco muy importante. Lo que pasa es que no pudimos usufructuar tanto porque enseguida terminó el contrato con Sony y aparecieron personajes muy oscuros que fastidiaron mucho la historia. Pero si no, antes de Fabulosos Calavera creo que hubiésemos hecho otro disco más tipo Rey Azúcar; algún vivo u otro tipo rémix… algo quisimos hacer, pero nos pasó por encima la ola. Cuando vos te convertís en una estrella internacional las responsabilidades son muy grandes, y te queman. Fabulosos Calavera fue una respuesta a todo eso, muy buena. A mí me hubiese gustado que entre Rey Azúcar y Fabulosos Calavera hubiese otro disco más, el cual hubiese sido perfecto. Y después romper todo; pero no dio, hubo que romper todo antes. Nosotros durante el 95 y 96 giramos, y la decadencia más grande se produjo cuando apareció un personaje que no voy a nombrar, de una compañía, que generó y forzó esa mala onda, por dinero. Por eso no hubo tiempo de pensar bien la entrada de Ariel; pero la respuesta fue bien típica Cadillac, espectacular, una trompada a la cara de la industria. Fuimos el primer artista latino en ganar un Grammy, punto, no hablemos más.

 

¿Cómo explicás la llegada de LFC en tanta gente distinta en toda América Latina?

 

Nosotros fuimos los primeros –en el año 89, 90- en ser gente de un look normal que por ejemplo hizo que un pibe en una habitación en Ecuador, Glew, Lima, Madrid, en el DF o en Santiago pudo identificarse con… Había pasado con Soda, pero vos no te podías imaginar siendo Cerati: sos chiquito, sos negrito, y lo veías a él, que era grande, lindo, ojos verdes, tocaba genial la guitarra, instrumentos caros, pedales caros… Pero entonces cuando aparecieron los Cadillacs, cualquier pibe de cualquier barrio y ciudad latinoamericana los vio y dijo “eso sí lo puedo hacer; yo puedo tocar ska y reggae. Lo otro no; está buenísimo pero no puedo”. Y ese es el gran triunfo de los Cadillacs. El triunfo de llevarte a tu cara esto; que vos puedas hacerlo, y como nosotros éramos lo que lo estábamos haciendo lo hace más grande todavía. Por eso hay mucho más fanatismo por los Cadillacs que por Soda. Por Soda hay admiración pero por los Cadillacs hay fanatismo. Porque vos te ves en el espejo, lo ves al gordo Flavio y decís “yo puedo” –bueno, Flavio es un demonio tocando y Fernando ni hablemos-.

 

¿Qué sentís cuando las hinchadas cantan tus canciones?

 

No lo siento como mío, no siento nada, jamás lo sentí como propio. Sí me emociona mucho más cuando lo cantan en un show. Pero en la cancha no, porque uno se convierte en la cancha y vos no podés ir a reclamar “yo soy tal”, porque te meten una trompada y te bajan de los escalones. A la cancha vas a ver a tu equipo, la estrella es el equipo. Y los músicos que hablan de las canciones en la cancha es mentira, son unos mentirosos. Muchos de los músicos ni saben que cantan sus canciones en la cancha, porque no hay muchos músicos futboleros; yo soy recontra futbolero pero cuando canto “vamos Ciclón, vamos, ponga huevo que ganamos” no estoy pensando que es una canción de los Cadillacs: es una canción de la hinchada de San Lorenzo, como Matador. Y es muy raro porque no me doy ni cuenta, no me produce nada. Sí en un show, ahí decís wow…

 

¿Cón quién te hubiese gustado grabar y no pudieron hacerlo?

 

Paul Weller. Pero lo vamos a hacer. Te diría Morrisey pero no se puede porque no graba con  nadie. Pero Paul Weller sí, y lo vamos a hacer pronto.

 

De las tantas anécdotas e historias que tienen en toda su trayectoria, alguna que no se pueda contar para que cuentes…

 

La historia de los Cadillacs tiene 30 años… todas las historias que se te ocurran pasaron, no hay nada que no hayamos hecho. Yo siempre digo: imaginate la historia que más, más, más te guste… y en los Cadillacs pasó. Vivir con los Cadillacs es pertenecer a la realeza del siglo XXI, que son los músicos de rock…

 

Las Más Leídas

También te puede interesar